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martes, 10 de mayo de 2011

Presciado, Alba. Historias del metro de Madrid.

Entro en el andén y la gente se pega a mí y me asfixian, la sensación de agobio es horrible. Me voy a morir, un codazo aquí otro allá, una señora mayor intenta sentarse, el vagón está plagado de gente, un chico muy guapo me mira como sorprendido de encontrarme aquí, no le recuerdo aunque me suena mucho, rebusco entre mis recuerdos y le veo; esos ojos azules que iluminaban mi mundo, hace años de eso y todavía le veo dándome esos besos que tanto me gustaban. Una escena me invade, estamos sentados en la playa, la arena juguetea con nuestros cuerpos, nos abrazamos y nos miramos, nos damos un beso y otro, y otro más pero esta vez dentro del agua azul de la playa de Marbella, la felicidad me invade y sonrío, rompo el recuerdo. Se intenta acercar a mí pero no lo consigue, llegamos a su parada y baja, le veo alejarse con la nostalgia en los ojos pero no le echo de menos, el tiempo pasado, pasado está y no quiero volver a revivirlo porque sería como invadir y cambiar nuestra historia y eso no lo haría por nada del mundo. Siento más agobio de repente, una aglomeración de personas suben al tren, me imagino si les pasará lo que a mí si conocerán a alguien de aquí y recordaran lo que vivieron con él o ella, con esa duda en la cabeza bajo del tren y dejo atrás mi angustia y mis recuerdos que vuelan con el tren que los contiene.

lunes, 9 de mayo de 2011

Piñón, Yaiza. Una ciudad muy pequeña.

¡Legas media hora tarde señor Martínez!

Lo siento señor pero es que…

¡Vuelve a llegar tarde y le despido¡

Todos los días igual. ¿Qué pretende que haga?
Las calles, carreteras, estaciones…¡Todo esta abarrotado de gente!

Me tengo que levantar a las cinco de la mañana para poder llegar a tiempo a mi trabajo.
Mi trabajo consiste en crear juguetes de todo tipo y tamaño.
De dos a doce años.
Estoy harto de esta ciudad. Hay demasiada gente para tan poco espacio.
Si pudiera hacer algo para poder cambiar todo esto…

Era martes por la mañana, y estaba ya en el trabajo pensando en un nuevo muñeco para los niños.
Sin saber como ni por qué, empecé a pensar en toda esa situación en la que se encontraba la ciudad.
Algo fantástico se me pasó por la cabeza. Una mochila con un motor diseñado para poder volar.
Al cabo de unos meses, mi invento salio a la venta.
Cada vez eran mas los niños que tenían esa pequeña mochila que era capaz de elevarlos.
Pero no solo los niños la tenían. Llegaron a comprarla hasta los adultos.
A partir de ese día, no volví a llegar tarde al trabajo, ni yo, ni ninguno de los ciudadanos del pueblo. Mi invento hizo que las persona pudiesen desplazarse con muchísima más facilidad, y así la ciudad consiguió tener más espacio.
Todos los habitantes están felices de poder vivir en una ciudad como esta.

sábado, 7 de mayo de 2011

Bermejo, Sara. Flashback.


Había una vez un hombre llamado Fernando que se acababa de mudar a una pequeña ciudad buscando no ser reconocido por nadie. Cuando llegó al vecindario muchos vecinos amables se acercaron a hablar con él llevándole tartas y dulces caseros en señal de bienvenida pero Fernando no habló con ninguno y no expresó ninguna muestra de agradecimiento.
Un día fue al supermercado y mientras estaba en la fila para pagar unas imágenes muy familiares se le pasaron por la cabeza. Esas imágenes eran de su antigua vida, aquella vida que él quería enterrar para siempre pero nunca lo conseguía.
En ese momento, salió corriendo del supermercado y se fue rápidamente a casa, no podía explicarse por qué se le aparecían tanto los recuerdos del pasado. Las imágenes describían una escena del hospital en el que trabajaba.
Era una mañana, una niña estaba ingresada en el hospital, estaba conectada a un aparato para poder respirar pero no tenía esperanzas de seguir con vida durante mucho tiempo. Su amigo Roberto era el encargado de cuidar a la niña y al ver que no sobreviviría decidió desenchufarla del aparato.
La gente, en seguida se puso en contra de Roberto y llegó hasta tal punto la presión que decidió suicidarse y Fernando encontró el cuerpo desangrado en un quirófano.
Desde entonces, las imágenes de la niña y del cuerpo sin vida de Roberto le llevan atormentando durante años.

jueves, 5 de mayo de 2011

Corbalán, Mario. O es eso o…

Un caluroso día de verano, Wall-E no se podía creer la de gente que había en Madrid. Se asustó tanto que se le soltó un tornillo.
Y es que era cierto, tanta gente traería problemas para esta ciudad… Veámoslo.
Wall-E iba hacia el vertedero cuando una ola de sudor le invadió su sistema eléctrico. Tras un par de minutos, sucedió la mayor catástrofe de todas, el Plaza Norte estaba tan lleno que todas las personas que habían reventaron.
Cuando Wall-E volvió a la normalidad, notó la ausencia de la gente, y eso era porque todos explotaron.
Al día siguiente, el robot se volvió loco y de desconectó para siempre.

Pecos, Alejandro. Un día cualquiera

Esto que os voy a contar es un día como otro cualquiera mío de la semana...
Comienza un lunes por la mañana, yo no me quiero ni levantar, llevo todo el finde semana de fiesta, y como comprenderéis me cuesta levantarme a las 5:30 de la mañana para ir a trabajar a Segovia, yo vivo en Madrid centro.
No tengo coche, necesito coger el autobús, metro y tren.
Para empezar salgo de mi casa a las 6 para intentar coger el autobús de las 6:10, siempre llego tarde y me toca coger el de y media. Como lo cojo a y media llego a mi siguiente parada a las 7:30, para coger el metro, a esa hora el metro esta hasta las trancas de gente que va a trabajar, con lo cuál me toca esperar siempre que pasen tres vagones osease media hora mas. A las 8 salgo de la parada eso si me toca ir de pie porque como ya e dicho antes esta llenito de gente, a no ser de que tenga mucha suerte y encuentre un hueco. Desde que salgo en el tren tengo que hacer 4 trasbordos, con lo cuál mi siguiente parada para coger el tren es a las 9:30.

Cuando llego a la parada del tren se supone que el tren que me toca coger es el de las 10 pero va con un retraso siempre de media hora, a causa de eso me toca esperar hasta las 10 :30.

Cuando viene el tren, también viene llenísimo y me toca ir de pie. Cada parada que hace dura 10 minutos tengo 12 paradas eso es un total de 2 horas mas. Llego a mi trabajo a las 12:30. Nada mas entrar tengo que ver siempre a mi jefe soy su secretario y todos los días me dice oyes te pasa algo, se te ve muy cansado a lo que yo le respondo... Nada que va mi cara es así. En mi trabajo curro demasiado y demasiadas horas con decirte que salgo de allí a las 10 de la noche, calcula todo lo que me queda por llegar a mi casa....

Eso me pasa todos los días de la semana, pero gracias a dios tengo un trabajo, ya le gustaría a muchos tener un trabajo a estas alturas como esta toda la gente en paro.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Prieto, Daniel. UN PUEBLO ABARROTADO

Era mediados de Julio y una gran ola de calor se había trasladado a España, donde parecía que se iba a quedar allí por un tiempo. Los termómetros marcaban los 40 grados en los lugares más frescos y por si era poco parecía que a los tiburones se habían puesto de acuerdo con la ola de calor y se habían instalado también en nuestras costas.

Pues habrá que ir a la piscina pensareis, pues tampoco, porque era ilegal llenar una piscina debido a la sequía que también había en el país. Solo quedaba la piscina de San Sebastián de los Reyes que había sido llenada en el invierno y la mantenían desde entonces.

Como era de esperar millones de personas vinieron a San Sebastián de los Reyes no cabía ni un alfiler, pero la gente seguía llegando y alojándose en el pueblo.

Para ir a la compra tenías que salir a mediodía y hacerlo para toda la semana, dando por hecho que regresarías a casa mas tarde de las cinco de la mañana.

Jesús que era un científico muy bueno; para acabar con esto, creó una máquina climatizadora que pudiese poner el clima que él quisiera.



De esta forma se convirtió en el hombre más rico del mundo más que Bill Gates. Pero su invento no era perfecto; resultó que emitía unas ondas radiactivas en el agua salada. Los tiburones mutaron y se adentraron en la tierra para acabar con los humanos. La causa de su venganza era castigarlos por todo lo que dañaban al medio ambiente. De esta terrible forma, la raza humana se acabó. Y empezó a gobernar la raza de tiburones mutantes por todos los continentes y en los siete mares también.

Álvarez, Miguel. Superpoblación

Ese día fue el mejor de todo mi vida ya que jugaba mi equipo de futbol por la tarde, pero lo mejor que no era como otro día, ya que ese día iba al campo a verlo.

Por la mañana me desperté para ir al colegio donde me esperaba Raúl mi mejor amigo y compañero de clase. Él se moría de envidia ya que sabia que por la tarde me iba al futbol. Termine el colegio y llegue a mi casa donde me esperaba mi padre para ir al partido. Cogimos el autobús y nos fuimos al estadio, al entrar sentí un escalofrío que recorría todo el cuerpo. El campo estaba lleno no había ni una butaca libre, vamos yo creo que no entraba ni un alfiler. Mi padre yo nunca habíamos visto a tanta gente junta en el mismo lugar.

Ibáñez, Sandra. Calliope Erin

Movimiento 1. Prelude: El Intermezzo de mis padres


Se conocieron a los 10 y 12 años respectivamente y mi padre jura que la amo desde ese primer momento. Un amor que fue madurando y consolidándose. Establecieron su residencia en el Condado de Mayo, lugar de nacimiento de el famoso escritor George Evans. Nuestra casa parecía haber florecido de la tierra. Papá la había hecho el mismo poniendo todo el amor en ella. Y mamá la rodeó de flores y era el paraíso. Todas las casas del pueblo están separadas por al menos un kilómetro, pero tus vecinos siempre me están metiéndose en tu vida, como esos parientes a los que te gustaría echar sin los que no puedes vivir. Allí fueron mis padres. Y allí nacimos los tres con ayuda de una doctora de campo que vivía a 5 kilómetros de nosotros. Rubia, con los ojos azules y una figura semejante a la materna nací segunda de tres hermanos en medio de tanta felicidad que casi podíamos cogerla con las manos.

Movimiento 2. Oberture: Recuerdos

Recuerdo las manos de mamá peinando amorosamente mi cabello con aquel perfume de lis que impregnaba nuestros cabellos siempre que nos tocaba. Recuerdo los lirios que ella cuidaba para, una vez florecidos, adornar nuestros cabellos. Recuerdo el beso de buenas noches que depositaba invariablemente en mi mejilla cuando las estrellas brillaban a través de las ventanas. Recuerdo sus consejos a la hora de bordar, y el bordador enorme que papá había construido. También recuerdo el beso secreto que guardaba para papá y para nadie más que él. Mamá explicaba que el beso había que dárselo solo a la persona a la que amases para compartir tu vida. Papá nunca ha conseguido más besos secretos después de que mamá se fuese. Recuerdo a Patrick y a mí mirando la cuna con Deirdre cogidos de la mano. Y las excursiones al río para pescar truchas los tres juntos. Recuerdo las manos dulces de mamá acariciándome el rostro cuando estaba enferma y luego recuerdo el ruido, el llanto de Deirdre y hasta mis lágrimas desbordándose como si fuesen el presagio de lo que esperaba. Papá corriendo y corriendo y nosotros solos. Y luego aquel silencio… La corona de flores que hicimos los tres para mamá. El vestido negro que picaba y rascaba. Toda aquella gente seria. Y desde entonces papá no volvió a sonreír. Y no hubo más cuentos, ni más caricias, ni aquel perfume de lis, ni tan siquiera el bordador.

Sé que nací un 12 de Octubre de 1994 porque papá me lo ha dicho, pero de mi infancia sobre todo guardo como un tesoro un cuaderno de dibujos, notas y música que mamá me ayudó a hacer. Ella me enseñó a cantar y a tocar la guitarra. Ella me enseñó a cocinar, a bordar, a reír. Me enseñó aquella sonrisa que asomaba en su rostro antes de darle un beso a papá. Y me enseñó cómo, a pesar de que nunca tuvo una infancia feliz, sabía irradiar felicidad a todos los que estábamos con ella.

Pero mamá desapareció y nosotros, huérfanos de ese amor maternal intentamos seguir con una vida sin el centro. Éramos, y creo que aún lo somos, planetas sin sol por el que seguir girando y como planetas sin sol seguimos adelante sin rumbo, buscando algo a lo que atarnos. La abuela nos regaló un perro que se fue pocos años después de irse mamá. Y nos quedamos también sin luna.

Movimiento 3. Intermezzo: En busca de un Sol

Y entonces cada uno decidió buscar su propio sol. Papá me descubrió cantando y para él fue una revelación. Deirdre descubrió los libros… Y para ella también se reveló un mundo nuevo. Patrick descubrió el arte, el arte que guarda el mundo, y decidió buscar a alguien que le inspirase para conseguir arte… Dos, o tres musas después Patrick admitió que necesitaba una musa de verdad. Alguien con la que se le acelerasen las manos y el corazón para crear algo de verdad, no solo para pasar un buen rato en su cuarto mejorando su técnica. Y entonces dejó de llamarlas musas. Y en cuanto a mí… Yo le descubrí a él. Había salido a buscar setas y cuando me quise dar cuenta iba siguiendo nubes que parecían bailar unas con otras al ritmo de mi música. Y entonces le vi. Acababa de cumplir los 13 años. Por fin podía trabajar en el bar del pueblo y a veces hasta cantaba para animar. Él acababa de mudarse. Iba con aquella túnica magnifica y yo en ese momento dejé de pensar en las nubes y en todo lo demás. Al parecer él pensaba exactamente lo mismo… Allí estábamos, mirándonos. El tiempo se había detenido, el sol había dejado de brillar, no importaba el agua que empapaba mis pies, ni el sol que estaba dándome en la cara, ni siquiera sabía la hora que era. Cuando alguien vive algo como lo que yo viví, deja de preguntarse qué es el amor, dónde está el beso secreto y para quién hay que guardarlo. Él era la respuesta a todas las preguntas que podía haberme hecho sobre el amor.

Pronto quedó claro que él no se parecía a mi en nada. Era el hijo de un importante miembro del partido de Irlanda, nieto del embajador de algún país lejano. Como venido en su blanco corcel de un lugar muy muy lejano. Pero yo no sabía nada de eso aquella tarde, solo puedo recordar sus manos sobre las mías y una especie de plegaria o poesía que murmuraba dulcemente. La voz de Patrick me sacó de aquel ensueño de palabras dulces y entonces huí de nuestro rincón del río. Cuando le volví a ver casi no le reconozco, y era obvio que él no podía creer que fuese yo. Él dijo “Tú eras un sueño” yo dije “Entonces no despiertes todavía” y cada palabra pronunciada parecían formar parte de la más bella historia de amor jamás contada, como sí el mundo no fuese más que un lugar donde escribir nuestra canción. Susurraba palabras que parecían eternas a través de canciones que eran solo nuestras, como si fuésemos las dos únicas personas que amaban. Su madre pronto descubrió aquellos encuentros. Él estaba prometido, yo era una chica de pueblo, su prometida era una belleza búlgara de cabellos carmesí y ojos verdes… La encarnación de la sensualidad. Y yo era solo aquella chica de pueblo con la que parecía haberse prendado. Cuando un hombre ama de verdad a una mujer no sufre bajo el influjo de las chicas más bellas. Y llevábamos ya 5 meses escribiendo nuestra sinfonía, convertida cuando ella apareció en una marcha fúnebre de un amor que no era más que el capricho de un chico rico con aquella chica de pueblo. Como un verano que se acaba aquel invierno se volvieron a mudar acabando con el tiempo juntos. Y yo me quedé cantando canciones sobre aquello que nunca fue… Aquello no podía ser amor, yo había visto a mis padres y sabía cómo se suponía que me tenía que sentir. Y las mil y unas lágrimas derramadas solo eran la respuesta de mi corazón que trataba de curarse con la sal del mar.

Movimiento 4. Segundo Intermezzo: Esperando un milagro

Y allí estaba yo, esperando el milagro que me sacase de mi amargura. Y entonces entró en escena Conor, el mejor amigo de Patrick. Decir que era guapo sería quedarse corta en su descripción. Mi padre le adoraba, era el típico muchacho irlandés. Fuerte, valiente, con aquel punto pendenciero y divertido… Y me supo hacer reír. Y yo supe hacerle reír a él. Siempre había estado solo que por alguna extraña razón estaba demasiado distraída con todo lo demás como para darme cuenta de que estaba ahí. Su novia era perfecta, guapa, popular, la chica más sofisticada del pueblo, y sin embargo me llenaba de rabia ver cómo le trataba. Como si fuese su juguete, su trofeo, y él siempre había sido algo más. No sé cuando pasó pero de repente a lo largo de aquel año empezó a hablar conmigo tanto como con Patrick. Confidencias y secretos y ella. ¿Por qué estaba con ella? ¿Por qué yo no podía hacer nada para que no estuviese con ella? Él debería estar con alguien que se lo mereciese… Con alguien exactamente igual a mí. Y sin embargo allí estábamos mirando los cuatro las estrellas y yo con aquella pregunta que me quemaba los labios. No me sentía capaz de decirle que en realidad yo quería estar con él. Quería ver aquella sonrisa auténtica siempre y no quería ver nunca más la falsa que parecía tener. De eso van las historias inconclusas de que nunca pueden concluir. Yo, volcada en la música para tener algún sitio en el que explicar todo lo que se me pasaba por la mente y de repente, un día como otro cualquiera apareció el milagro. Aquel hombre que quería que me alejase de todo para cantar a todas las chicas del mundo cómo nos sentimos. Y papá dijo que sí. Y Patrick dijo que sí. Hasta Deirdre aceptó ir, a regañadientes. Y de eso van los milagros, de que pase algo que no esperas que pase, aunque no fuese algo que deseases… Y ese es mi segundo Intermezzo… A la espera de un gran final.

martes, 3 de mayo de 2011

Bernal, Yaiza. Mi historia en particular

Hola soy Juan y ésta es mi historio.
Nací en un pueblo, perdido, en medio de los Alpes, era 12 de octubre de 1940 y estabamos en medio de la segunda guerra mundial.
Al cabo de los meses, la guerra se iba empeorando, parecía que los nazis fueran a ganar esta batalla. Yo estaba en casa, jugando con mi abuelo, cuando de repente mi padre entró en la única habitación que teniamos.
-Tenemos que abandonar el país.
Nadie puso pega alguna. Recogimos todo y al día siguiente partimos.
Yo, ya tendría unos 4 años, y aún, no entendía que sucedía.
Unos amigos de mis padres nos ayudaron a salir del país y nos dieron un refugio donde escondernos. Era una vieja fábrica, en medio de Holanda. Normalmente, detrás de una estantería no suele haber nada, pués en mi caso no, detrás de la estantería había una puerta que teconducía a una casa escondite.
Pasaron los meses, y eso era desesperante.
Un día, se empezó a oir mucho ruído dentro de la fábrica.
-Nos han descubierto, nos han descubierto.- retía una y otra vez mi madre.
Unas personas nos apuntaban con unas pistolas, cuando de repente, se oye un grito y a mi abuelo en el suelo. Un hombre le gritaba y le decía una frase constantemente:
-Levantate judío de mierda.-
Yo, del miedo y de nunca haber vivido esa experiencia, me quede bloqueado.
Lo siguinte que recuerdo, es estar en campo muy sucio, tendría unos 2 añitos o 1 y medio, no recuerdo muy bien. Aquel día, fue la última vez que vía a mi familia.
Por suerte yo conseguí escapar pero mi familia no.

lunes, 2 de mayo de 2011

Nieto, Luis. Si no lo veo no lo creo

Era se una vez en tiempos futuros un hombre llamado Pepe que trabajaba en un rascacielos. El hombre tenía unos cuarenta y cinco años y ya le habían dado varios paros cardiacos.

Vivian a unos 100 kilómetros del trabajo pero como vivía en una civilización muy desarrollada iba a trabajar en avión, solo tardaba en llegar una media hora. Pero el aeropuerto estaba situado a unos 50 kilómetros de su trabajo y tenia que coger un taxi volador que le llevaba justo a la puerta de su trabajo. Bueno ala puerta de su trabajo exactamente no le llevaba a la entrada de las oficinas. Las oficinas contaban de 40 torres en línea recta y la suya era la más alejada de todas. Para llegar a su torre debía de alquilar una bicicleta a propulsión pero eran muy caras y casi no la podía alquilar por lo poco que ganaba. Al llegar a su torre después de otros 40 minutos debía de subir a la oficina que era la más alta de todo el país. Tenia unos 1000 pisos y el trabaja en el piso 999 debía de coger el ascensor central que tardaba uno 30 minutos en llegar a su piso cuando llego al piso ya había pasado unas 3 horas desde que salio de casa.

Llego a su silla y cuando estaba a punto de sentarse sonó por megafonía:

Señor Pepe acuda al despacho del director.

El despacho del director estaba en la planta más alta en la planta 1000. Llegar al despacho del director se tardaba unos 15 minutos más.

Cuando llego al despacho del director llama a la puerta y entro. El director quería hablar con el y le dijo:

Su trabajo en esta empresa a sido muy bueno y yo estoy a punto de jubilarme y quiero que tu te quedes a cargo de la empresa.

Pepe sorprendido acepto y se convirtió el propietario de la mayor empresa del país

Reynoso, Douglas. Un día en el metro de Madrid.

Recuerdo aquel día cuando, entre en la estación de metro, el ruido era insoportable, al principio no se veía mucha gente parecía un día tranquilo, compré mi billete y cuando bajaba al anden:

No cabía ni un alfiler, la gente discutía, en ese momento me puse muy nervioso, porque llegaba tarde a mi primer día de trabajo, como consecuencia empecé a sudar.

Uno de los trenes se había estropeado, los operarios decían que tardaría 10 minutos en volver a funcionar. Mientras tanto yo me iba abriendo hueco entre la multitud, para poder entrar en ese tren como sea.

-¡Estas tonto! ¡Tarado, todos queremos entrar!- Me gritaban, pero yo no le di mucha importancia.

Por fin llegué, estaba ya en la puerta del vagón.

-¿Perdone señor podría ayudarme?- Dijo una vocecilla.

Era una niña pequeña de unos 4 años, se había despistado, estaba buscando a su madre.

-¿Qué te pasa pequeña?- Pregunte

- Me he perdido, no se donde esta mi madre.- Me respondió ella con unas lagrimas en la cara

-No te preocupes, te ayudare a buscarla.- Dije muy contento.

Entonces se me ocurrió una idea, se la conté a la pequeña Maria, así se llamaba la niña que se había perdido, a ella le parió una idea muy buena y la puse en práctica.

Levante a la pequeña Maria, ella se subió en mis hombros, mientras yo la agarraba, ella intentaba encontrar a su madre.

¡¡¡Allí está, allí está!!!-Exclamó muy contenta.

Lleve a Maria hasta Carmen, su madre, ella me lo agradeció mucho, la pequeña Maria estaba muy feliz era encantadora y me regaló una pulsera, para darme las gracias por haber ayudado a su madre.

Tenía un problema, el tren se había arreglado ya, pero se fue sin mí. Al llevar a Maria hasta su madre lo perdí. El próximo tren llegaba en 10 minutos no podía esperar tanto así que, salí fuera. Tarde varios minutos, había mucha gente entrando y saliendo, al salir sentí un gran alivio, respire hondamente.

-Taxi, Taxi- Gritaba, pero ninguno se paraba.

No sabia que hacer llegaba tarde. Al cabo de unos segundos mi cerebro empezó a funcionar, y me vi impulsado por el, me llevé prestada una bici que había aparcada al lado de una tienda y me puse en marcha.

Después de 10 minutos pedaleando, casi llegando a mi trabajado, me encontré con un atasco enorme, ni siquiera podía atravesar entre los coches.

Allí mismo deje la bici tirada, lo único que me importaba era no llegar tarde al trabajo. Me subí encima de un coche y los fui saltando uno a uno, parecía que estaba en una película de acción.

Todos los conductos empezaron a gritarme y ha hacer ruido con sus coches.

-Idiota, tontolava, payaso. - Me gritaban aquellos conductores enfurecidos.

Cuando llegué al trabajo, la reunión se había acabado, mi jefe quería matarme, pero después de contarle todo lo ocurrido no me despidió.

¡Mi primer día de trabajo y llego tarde, que suerte la mía!

sábado, 30 de abril de 2011

Bauset, Andrea. UN DÍA EN MADRID:

Francisco tenía 19 años y vivía en un pequeño pueblo de Palencia que no llegaba a los 300 habitantes. Un día su tío le dijo que si le quería acompañar a Madrid a hacer unas compras. Francisco que nunca había salido de su pueblo, le dijo que sí. Estuvo toda la noche sin dormir pensando si Madrid sería igual que cuando lo veía por la televisión.

Comenzaron pronto su viaje en coche hacia la capital. Según se iban acercando, cada vez había más coches en la carretera. Llegó un momento en que tuvieron que pararse por el atasco que había. Llegaron mucho mas tarde de lo que preveían.

Su tío le dijo que era mucho mejor dejar aparcado el coche a las afueras e ir al centro en transporte público. A Francisco todo le parecía increíble. Era mucho mejor que lo que había visto por la televisión y le contaron.

Se quedó muy sorprendido cuando entraron en el metro. Había mucha gente. Todos iban deprisa de un lado a otro, nadie se saludaba y todos tenían cara de enfadados.

Era plena hora punta cuando entraron en el andén de la línea 1 que les llevaba a su destino. El vagón estaba abarrotado de gente y su tío tuvo que empujarle para entrar.

Notó una sensación muy extraña. Estaba completamente rodeado de gente desconocida y cada uno iba a su rollo.

Sintió que esa situación era muy desconcertante para él y pensó lo feliz que él se sentía viviendo en su pequeño pueblo, sin aglomeraciones, sin prisas, sin estrés, etc.

Tal y como le contó a su tío, Madrid era muy grande y aunque pudiera tener muchas cosas, como teatros, cines, centros comerciales, monumentos, etc, también había mucha gente “anónima”.

Cuando llegó a su pequeño pero acogedor pueblo, notó un gran alivio. Allí se sentía seguro, conocía a la mayor parte de la gente, todos se paraban a hablar unos con otros, todos se conocían y aunque su pueblo fuera pequeño, para él era perfecto y no le faltaba de nada. Allí sí era feliz.

Torremocha, José Luis. Maldito domingo.

-No, no, no, no voy a llegar tardísimo, por lo menos 9 horas. Y encima en el metro ponía que había media España- dijo Carlos mientras corría.

-¿Perdone tiene hora?- pregunto Carlos a una señora.

-Sí, son las 18:30 pasadas- contestó la señora.

-Madre mía tenía que estar a las 10:00 en la oficina para entregar el impreso de 46.542 páginas.

El hombre corría y corría pero la gigantesca masa de personas no le dejaba pasa. Carlos tardo casi dos horas en llegar desde la puerta del metro a las vías del tren.

El chico sabía que llegaba tardísimo a trabajar, 13 horas para ser exacto. Entre que cogió en metro y llegó a la oficina pasaron una hora y media y encima su oficina estaba en la planta 580 y el ascensor estaba roto.

El hombre corrió durante media hora, subió 4.432 escalones pero por fin había llegado.

Carlos al llegar a la oficina sospecho algo raro, no había nadie así que miro el calendario.

-¡No puede ser hoy es domingooooooooooooooooooooooooo ¡- gritó angustiado Carlos

El pobre hombre llamó a su jefe y le dijo que si no le importara que hiciera las 13 horas diarias que hace en su trabajo ese mismo día y el jefe le contesto que sí. Así que Carlos empezó a trabajar y así se paso todo en domingo.

FIN

López, Guillermo. El gran trasiego

Un día supe que no llegaría fácilmente al Bernabéu a ver al Real Madrid contra el Barsa. Salí de casa a eso de las cuatro de la tarde, el partido era a las 8, pero había un largo camino por recorrer hasta llegar a Chamartín. La idea era coger un taxi pero estuve esperando una hora y ningún taxi paso, y el que llamé no vino por alguna extraña razón. Así que me decidí a caminar hasta la parada más próxima de autobús. Caminé con paso rápido pues me quedaban 3 horas. A la media hora llegué a la parada, cuando el autobús se paró ocurrió lo siguiente.

-Lo siento está completo, no puede subir- dijo el conductor.

-Pero tengo que llegar al Bernabéu en 2 horas y media y no me va a dar tiempo- contesté.

-Pues que quieres que le haga- dijo con arrogancia el conductor.

Y aceleró tan rápido que casi me pilla el autobús un pie. Me di cuenta de que la parada de metro más cercana estaba a apenas 200 metros. Fui hasta allí pero cuando llegué me vine abajo, la habían cerrado por estar dentro llena de gente, al parecer todas aquellas personas habían pensado lo mismo que yo, coger el metro sería lo más rápido. Como no pude meterme me fui corriendo a situarme en la carretera a las afueras para hacer autostop y queda una buena persona se decidiese a llevarme hasta allá a cambio de algo de dinero. Aquella tarde había un pedazo de atasco en la carretera como nunca lo había visto. De repente un coche se paró y me recogió. El ocupante era un abuelo con gafas de culo de vaso.

-Hola guapa, ¿adónde te llevo?- dijo el anciano.
-Perdone, ¿qué dice?- replique.

-Ah perdón, pensé que eras una chica, es que tengo que ir a la óptica, me parece que me ha vuelto a subir la vista. Bueno ¿adónde te llevo?

-Pues al Santiago Bernabéu, pero rápido que solo tengo 1 hora.

Después de media hora de atascó, el tráfico se abrió y cuando quedaba poco para llegar se le acabó la gasolina al coche. Quedaban apenas dos manzanas por recorrer y el partido le quedaba 3 minutos para comenzar. Corrí como nunca había corrido pero cuando llegué había otro nuevo atasco pero esta vez para entrar al campo. Al parecer muchas personas también llegaban tarde como yo. En tan poco espacio lo menos había 300 personas y había tal agobio debido al enorme tapón de gente que se había formado. A los 10 minutos logré entrar y tuve la suerte de que todavía iban 0-0 y que nada más entrar marcó el Madrid un gol de falta de Cristiano Ronaldo. Después de todo, aquel partido que acabó 2-1 para el Madrid, mereció la pena de haber tardado 4 horas en llegar al campo.