martes, 10 de mayo de 2011

Presciado, Alba. Historias del metro de Madrid.

Entro en el andén y la gente se pega a mí y me asfixian, la sensación de agobio es horrible. Me voy a morir, un codazo aquí otro allá, una señora mayor intenta sentarse, el vagón está plagado de gente, un chico muy guapo me mira como sorprendido de encontrarme aquí, no le recuerdo aunque me suena mucho, rebusco entre mis recuerdos y le veo; esos ojos azules que iluminaban mi mundo, hace años de eso y todavía le veo dándome esos besos que tanto me gustaban. Una escena me invade, estamos sentados en la playa, la arena juguetea con nuestros cuerpos, nos abrazamos y nos miramos, nos damos un beso y otro, y otro más pero esta vez dentro del agua azul de la playa de Marbella, la felicidad me invade y sonrío, rompo el recuerdo. Se intenta acercar a mí pero no lo consigue, llegamos a su parada y baja, le veo alejarse con la nostalgia en los ojos pero no le echo de menos, el tiempo pasado, pasado está y no quiero volver a revivirlo porque sería como invadir y cambiar nuestra historia y eso no lo haría por nada del mundo. Siento más agobio de repente, una aglomeración de personas suben al tren, me imagino si les pasará lo que a mí si conocerán a alguien de aquí y recordaran lo que vivieron con él o ella, con esa duda en la cabeza bajo del tren y dejo atrás mi angustia y mis recuerdos que vuelan con el tren que los contiene.