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sábado, 5 de marzo de 2011

El narrador de la historia en El equipaje del rey José

El equipaje del rey José es una interesante obra de Pérez Galdós, por el manejo que hace del narrador. Si os interesa conocerla hacer click en el siguiente enlace:

El equipaje del rey José

Una parodia de la historia de España: Crónica del rey pasmado

Crónica del rey pasmado es una novela muy divertida que parodia la manera con que se ha escrito la historia de España. Podeís leer los fragmentos más relevantes en el siguente enlace:

Crónica del rey pasmado

viernes, 18 de febrero de 2011

Acerca de la lectura

Españoles en el mundo: modelo nacional de La señora Cornelia de Miguel de Cervantes

La señora Cornelia es la décima de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes. En total la obra consta de doce novelas breves publicadas en 1613. Éstas fueron escritas durante un periodo sometido a debate, pero que incluye la última década del s. XVI. Cervantes proyecta en La señora Cornelia una imagen muy positiva de lo que caracteriza a lo español. Según Julián Marías, la españolía es el cauce de todas las obras de Cervantes. Son muchos los textos y autores que representan la personalidad propia de una nación. Un caso especialmente valioso lo constituye Orlando de Virginia Woolf. Estos textos no sólo son interesantes por el esfuerzo que llevan a cabo sus autores de trasladar una concepción social a una obra literaria. Sino, también, porque se plantean un ideal social que va más allá de las fronteras. Cervantes reivindica lo español, pero, además, representa en los dos vizcaínos, que se ven inmersos en la historia, ejemplos de un ideal humano: personas altamente comprometidas con los problemas de los demás.

Miguel de Cervantes (Alcalá de Henares, 29 de septiembre de 1547 – Madrid, 22 o 23 de abril de 1616) fue poeta, novelista, dramaturgo y soldado. El Quijote es una obra central del canon literario, pero también lo son las Novelas ejemplares. Según Francisco A. de Icaza: «si Cervantes no hubiera escrito El Quijote, para inmortalizarlo habrían bastado las Novelas Ejemplares (291)».

El autor vivió en Italia y fue fuertemente influido por su literatura a la hora de crear las Novelas ejemplares. La obra de Cervantes irradia una vitalidad que sorprende, teniendo en cuenta las muchas dificultades que experimentó en su vida. Quizá la más llamativa es que en la batalla de Lepanto perdió el brazo izquierdo, pero en sus obras no muestra ninguna amargura, sino que se enorgullece de ello. En el prólogo al lector de la segunda parte del Quijote dice:

Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquead hubiera nacido en alguna taberna, sino en las más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros (9).

Cuando Cervantes regresaba a España, su barco fue apresado por piratas y permaneció cautivo en Argel. Tampoco tuvo suerte en España, donde su teatro fracasó, no pudo hacer carrera en la Corte e incluso fue encarcelado por irregularidades en las recaudaciones, que tenía que hacer para ganarse la vida. Cervantes tuvo una vida plagada de frustraciones y miserias. En cambio, sus obras irradian una visión positiva sobre el ser humano. A esta visión positiva del hombre Amezúa la llama «don divino de la alegría».

Cervantes se propone que sus textos sirvan para enriquecer al ser humano:

Si bien lo miras no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso (...), que si por algún modo alcanzara que la lección destas novelas pudiera inducir a quien las leyera a algún mal deseo o pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público (52).


En La señora Cornelia el «don de la alegría» se manifiesta en la idealización de los personajes, especialmente los españoles, siempre valerosos y honrados caballeros; y del mundo en que viven, donde los conflictos se resuelven felizmente. La señora Cornelia sitúa la acción en Bolonia y sus alrededores. No hay constancia de que Cervantes estuviera en esta ciudad durante los años que vivió en Italia. Pero el hecho de que transcurra en Bolonia da verosimilitud a la historia, debido a que, si bien en 1568 Felipe II decretó «la impermeabilización habsburguesa», que impedía a los españoles estudiar en ninguna universidad extranjera; el Colegio de los Españoles del Cardenal Don Gil de Albornoz en Bolonia era una excepción.

En La Señora Cornelia, una pareja de amigos vizcaínos ayudan a la resolución de la relación amorosa entre la señora Cornelia y el duque de Ferrara. Lorenzo Bentibolli quiere recuperar el honor de Cornelia, su hermana, y hacer que el duque de Ferrara, Alfonso de Este, se case con ella. Cumplirá este objetivo con la ayuda de los caballeros españoles. Se puede etiquetar a esta novela como una historia de aventuras, de caballeros o de capa y espada. El tema principal se puede nombrar de dos maneras, según el ámbito al que nos refiramos. Cornelia debe evitar el escándalo, para no perder su honor en sociedad. Pero, además, ella, como mujer, como persona, está enamorada y quiere casarse con el Duque.

La señora Cornelia es la única protagonista, junto con Leocadia de La fuerza de la sangre, que da a luz fuera del matrimonio. Es una joven hermosa y popular en Bolonia por su belleza. Su hermano, con la ayuda de los dos españoles, conseguirá que el duque de Ferrara se case con ella. Según el modelo actancial de Greimas, el sujeto es Cornelia; el destinatario son todos los personajes, que se benefician del buen final el final feliz; el objeto, en la primera parte, sería el bebé y, en la segunda, el matrimonio de Cornelia con el duque de Ferrara; los ayudantes son los españoles; y el oponente Lorenzo Bentibolli.

La novela comienza con la presentación de los dos amigos españoles, don Antonio de Isunza y don Juan de Gamboa. Mediante una analepsis se narra cómo y porqué llegan hasta Bolonia. Van a Flandes para luchar, pero llegan en tiempos de paz. Emprenden el viaje de vuelta a España, pero se paran en Bolonia y deciden continuar allí sus estudios, con el consentimiento de sus padres. No es casualidad que los dos protagonistas sean vizcaínos. Esto supone un gran cambio, puesto que, en la literatura del siglo XVI, la figura del vizcaíno aparecía caricaturizada, como propia de hombres simples y analfabetos, que solían ser los personajes cómicos en las novelas. En La señora Cornelia este pensamiento cambia radicalmente. Son hombres de linaje, caballeros y letrados. Por otro lado, estos personajes representan la españolidad y su comportamiento ejemplar viene a contraponerse a la mala imagen que tenían los españoles en Italia en la época de Cervantes.

Cornelia y Lorenzo son presentados de un modo parecido al de los vizcaínos. La narración se remonta hasta la infancia de ambos, para explicar cómo han llegado hasta la situación presente. Se producen repetidos sumarios, en los que unos personajes cuentan a otros aquellos hechos que éstos no presenciaron. Los personajes son los encargados de contar lo que ocurre. Buena parte de esta función la llevan a cabo los amigos vizcaínos, como dice Teijeiro Fuentes: «el protagonismo de la historia les corresponde a ellos como hilos conductores de la misma, el conflicto que ésta desarrolla no les afecta directamente, motivo por el cual se irán desvaneciendo paulatinamente hasta su regreso en el desenlace final (154)». Por este motivo, La señora Cornelia es una novela ejemplar con un estilo dramático. No obstante, el narrador se ocupa de dirigir el foco de la narración: «Dejémoslas ir, que ellas va tan atrevidas como bien encaminadas, y sepamos qué les sucedió a don Juan de Gamboa y al señor Lorenzo de Bentibolli (263)».

Cervantes recurre varias veces a la anagnórisis. Una de ellas tiene lugar cuando el duque de Ferrara reconoce a don Juan, por la cintilla que lleva en su sombrero: «No creo que me engañare en nada, señor caballero, si os llamo don Juan de Gamboa, que vuestra gallarda disposición y el adorno dese capelo me lo están diciendo (264)». Este reconocimiento permitirá que el conflicto se resuelva pacíficamente. El duque está enormemente agradecido a don Juan porque éste salió en su socorro, cuando estaba siendo atacado por Lorenzo de Bentibolli y otros hombres. Don Juan lo hace de un modo altruista y anónimo. Esto convierte a don Juan a ojos del duque en un aliado y confidente. Don Juan le pregunta si Cornelia es su mujer y el bebé de ésta su hijo. El duque responde afirmativamente y explica su conducta. La madre del duque, que está muy enferma, quiere que su hijo se case con otra mujer y éste, para no disgustarla, está esperando a que su madre fallezca para casarse con Cornelia. Los dos españoles median para que se resuelva el conflicto, como vamos a ver.

La señora Cornelia puede parecer inverosímil. Por un lado, don Juan va caminando por la calle, una mujer le pregunta si es Fabio, él contesta afirmativamente; y ella le entrega el bebé de Cornelia. Por otra parte, don Antonio lleva a la mujer que se encuentra por la calle a su casa, sin tener ninguna información sobre ella. Sorprende que ambos españoles acojan las intrigas ajenas sin siquiera dudarlo. Lo mismo ocurre cuando Lorenzo Bentibolli le pide a Juan que le acompañe a buscar al duque de Ferrara, para recuperar el honor de su hermana. Don Juan acepta esta empresa, que puede ser peligrosa, sin siquiera pensárselo, y don Antonio le acompaña. No obstante, La señora Cornelia es una novela que ansía la verosimilitud, según Avalle Arce. El momento cronotópico en que tiene lugar abunda en referencias históricas. Tiene lugar en Bolonia y, en un momento que, como hemos dicho, era posible que hubiera españoles estudiando en esa ciudad. Además, el nombre de Juan de Gamboa procede de un funcionario de la Real Hacienda contemporáneo de Cervantes.

La señora Cornelia presenta a unos españoles de muy buenas cualidades humanas. Están dispuestos a correr todos los riesgos por las personas que encuentran en apuros. Cervantes recrea un mundo y unos personajes ideales que no son, sin embargo, inverosímiles por el objetivo narrativo que se plantea. Los personajes de La señora Cornelia tienen sus imperfecciones. Por ejemplo, el duque deja embarazada a Cornelia antes de casarse con ella. Pero, son personajes cargados de humanidad. Así, el duque, en realidad, está esperando el momento oportuno para casarse con Cornelia, y el conflicto se provoca, no por maldad, sino por equívocos. En este contexto, los dos españoles son ejemplos de una conducta altruista. Con sus esfuerzos deshacen las confusiones que hay entre Cornelia y el duque. Cervantes pone sus recursos narrativos al servicio de contar una historia que nos enseña valores humanos.


Referencias

Cervantes, Miguel de. Don Quijote de la Mancha, Segunda parte. Barcelona: Círculo de lectores. 1980.

Cervantes, Miguel de. Novelas ejemplares. Dos volúmenes. Barcelona: Altaya. 1994.

Icaza, F. A. de. Las Novelas ejemplares de Cervantes. Sus críticos. Sus modelos literarios. Sus modelos vivos, y su influencia en el arte. Consultado en Biblioteca Cervantes Virtual.

Teijiero Fuentes, Miguel Ángel. La «trágica comedia» de la señora Cornelia de Cervantes. Algunas notas acerca de su estructura e interpretación. Consultado en: google scholar.

domingo, 13 de febrero de 2011

Espadas, desde el S. de Oro hasta el S. XXI (fomento de la lectura)

Objetivo:

Fomentar la lectura dentro de la temática de capa y espada


Contenidos:

Una espada: estímulo para arrancar y atisbar la actividad, amén de ser signo de
identidad del espadachín.

Fragmento de El Capitán Alatriste.

Nociones históricas y de historia de la literatura en el S. de Oro.


Actividad:

Sesión 1

-Mostrar una espada del S. de Oro.
-Preguntarles sobre la identidad, procedencia del objeto y que les sugiere.
-Proponer a los alumnos que investiguen sobre el contexto (características de la época, tipos de espadas y armaduras).
-Proponer a los alumnos que escriban un relato que transcurra en el s. de oro y que tenga a la espada como elemento central.



Sesión 2

-Los alumnos lo leen en clase
-El profesor abre debate sobre la adecuación de los textos a la época.
-El profesor lee el fragmento de Alatriste en que su escudero le lanza la espada y le
salva la vida.
-El profesor le pregunta de qué libro creen que lo ha extraído.
-El profesor les muestra el libro. Les pregunta sobre él y si lo conocen.
-Introducir la relación del libro con autores del s. de oro que aparecen como personajes en el libro: Lope de Vega y Quevedo.
- El profesor les pregunta si conocen libros en los que aparezca el elemento de la espada. De ser así cuentan qué libros son y su argumento. De esta forma, los alumnos pueden terminar la clase no sólo conociendo el libro de El Capitán Alatriste sino también otros títulos propuestos por sus propios compañeros.
- Realizar un mural que reproduzca lo comentado en clase.


A continuación, se incluyen fragmentos de la obra de Arturo Pérez Reverte, El Capitán Alatriste. Editorial, Alfaguara. Madrid.1996.

El episodio de la espada salvadora.

(…) Diego Alatriste los había visto acercarse un momento antes del primer pistoletazo. Cierto es que apenas salió a la calle aguardaba algo como aquello, y conocía lo vano del intento por vender cara su piel con la ridícula cuchilla. El fogonazo del arma lo desconcertó tanto como a los otros, y en un primer momento creyó ser objeto de éste. Luego oyó mi grito, y todavía sin comprender cómo diablos andaba yo a tan menguada hora en aquel paraje, vio venir su espada por el aire como caída del cielo. En un abrir y cerrar de ojos se había hecho con ella, justo a tiempo de enfrentarse a los aceros que lo requerían con saña (…) Pág. 160.

Se citan a continuación a modo de ejemplo dos momentos de la obra, en los que se mencionan armas estrechamente relacionadas con el campo semántico de la espada, que dan pie a que los alumnos rastreen y localicen en los distintos capítulos, escenas parecidas.

(…) Tenía mucha destreza a la hora de tirar de espada, y manejaba mejor, con el disimulo de la zurda, esa daga estrecha y larga llamada por algunos vizcaína, con que los reñidores profesionales se ayudaban a menudo. Una de cal y otra de vizcaína, solía decirse. El adversario estaba ocupado largando y parando estocadas con fina esgrima, y de pronto le venía por abajo, a las tripas, una cuchillada corta como un relámpago que no daba tiempo ni a pedir confesión. Sí. Ya he dicho a vuestras mercedes que eran años duros.
El Capitán Alatriste, por tanto, vivía de su espada (…) Pág. 12.


(…) Según supe después, lo primero que hizo al ingresar en el estaribel fue irse derecho al más peligroso jaque entre los reclusos y, tras saludarlo con mucha política, ponerle en el gaznate una cuchilla corta de matarife, que había podido conservar mercede a la entrega de unos maravedís al carcelero (…) Pág. 16.

Comentario:

Nos pareció interesante plantear un ejercicio de lectura centrado en la espada, por la relevancia que tiene en el teatro del S. de Oro y, también, porque puede resultar atractivo a los alumnos. Las historias con espadas, como la de Reverte, suelen tener mucha acción y resultan dramáticas y emocionantes. La lectura es algo abstracto, algo que de primeras puede parecer alejado de la realidad. ¿Qué le puede importar a un chico del S. XXI una comedia donde los hombres se baten por su honor? Evidentemente mucho, pero hay que acercar el texto al alumno. Las espadas están en el cine, están en el manga y en la literatura actual. Todas estas referencias pueden ayudar al alumno a conectar su mundo con el de las obras del S. de Oro.

martes, 8 de febrero de 2011

El don del poeta. En Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez

«Siempre la claridad viene del cielo; es un don». Así empieza el libro de Claudio Rodríguez, con lo que parece ser una confesión autobiográfica. Escribió Don de la ebriedad con diecisiete años y obtuvo con él el premio Adonis. Según Germán Yanke, Don de la ebriedad fue uno de los libros que renovó la poesía española de los años cincuenta (53). Sorprende el dominio que tiene de los recursos poéticos con tan corta edad. Está escrito en endecasílabos con rima asonante en los pares y verso blanco en los impares, salvo algunas excepciones. En el poema I, por ejemplo, encontramos rimas en los impares entre las palabras espera y esperas y tuyos e impulsos. Es probable que hubiera podido evitarlas, aunque no afean el poema. En cualquier caso, Claudio Rodríguez domina la rima. Un ejemplo lo tenemos en el verso 8, que termina con la palabra bóveda. Escoge esta palabra esdrújula, de modo que, según las reglas métricas, se elimina la sílaba –ve y, por lo tanto, esta palabra rima con la del siguiente verso par: redonda. Emplea pocos adjetivos, pero los concentra al final del verso, para realizar las rimas. También rima con sustantivos y verbos en presente.



El poema I comienza con una afirmación rotunda. La claridad viene del cielo. Una posible interpretación del poema es que trata acerca de la inspiración para escribir. Ésta llega del cielo, como un don. Emplea un presente gnómico (viene), que indica que lo que afirma es incontestable. La claridad le llega al poeta del cielo. En un primer momento, la creación literaria viene de fuera. El poeta recibe de un modo pasivo la acción de una epifanía:


Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.


Es esa claridad, superior a las cosas, la que las domina y rige. En la naturaleza hay una fuerza superior, que se le revela al poeta. Según García Berrio: «Don de la ebriedad (1953), incorporó la primera etapa de su ascesis epifánica, esperanzadamente receptiva y casi mística, de la experiencia unitaria como manifestación y comunicación cósmica paradójica (250)». El poeta se siente unido a toda la Creación y lo expresa a través de: «un yo de movimiento profundamente centrífugo—es decir, un yo/poema que es un gesto de dispersión del texto mismo mediante la entrega de su yo a aquella totalidad cósmica que son el aire, el agua, el viento y la luz (Olson: 539-540)».






Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!

El poeta se hace preguntas sobre esa fuerza que le colma y, exclama, por el éxtasis de la revelación. Puede que aún sea pronto para que lo que siente el poeta se le muestre por completo. Pero lo siente cercano y el poeta lo representa en movimiento. Se acerca y se aleja esa epifanía, pero, en todo momento, el poeta la siente.


Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?

El poeta necesita dar una forma a eso que está sintiendo, encontrar las palabras para contarlo. Pero, paradójicamente, la claridad se ha llevado la luz. Don de la ebriedad tiene una naturaleza paradójica. Para occidente, el momento del conocimiento suele ser el día, y la noche suele representar la confusión. Al menos, así lo recoge Gilbert Durand en Estructuras antropológicas del imaginario. Sin embargo, para Claudio Rodríguez la noche es el espacio del conocimiento de lo único, mientras que por el día el poeta queda perplejo ante la multiplicidad de las cosas.

Y, sin embargo —esto es un don—, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.

El poeta asume que está destinado a experimentar una epifanía grandiosa, aunque también virulenta. Es interesante el juego de contrastes. El don lleva al poeta a una «ebria persecución», que da cuenta de que está iluminado, pero, también se sugiere que hay algo excesivo en lo que está experimentando. De hecho, esa persecución le lleva a un «abrazo de las hoces». Esta imagen es sorprendente. Presenta una acción afectiva y positiva (abrazo), ejecutada por un elemento cortante (hoces). El poeta, como cualquier ser humano, debe afrontar la vida como le viene y él decide celebrarla con sus versos. Don de la ebriedad es un poema muy sugerente, que transmite una enorme vitalidad y que expresa la fuerza de una experiencia epifánica que, puede ser entendida, como la revelación que experimenta el poeta.


Referencias

García Berrio, Antonio. Claudio Rodríguez: estilística de la forma interior. En El centro en lo múltiple. (Selección de ensayos). El contenido de las formas (1985-2005). Barcelona: Anthropos. 2009. Pp. 249-270.

Olson, Paul R. Dos metafísicas del texto poético (Jiménez, Rodríguez, Celaya). Consultado en: Biblioteca Cervantes Virtual.

Yanke, Gerrnán. La figuración irónica. Sriptura. Nº 10. 1994. Pp. 53-67.

domingo, 6 de febrero de 2011

Ideal de vida en la «Epístola moral a Fabio»

Y la fortuna en su postrer agravio
ciñérame sus lauros inmortales
¡por una Epístola moral a Fabio!

Javier Cercas. Soldados de Salamina.





La Epístola moral a Fabio fue escrita en 1613. En esta obra el poeta da consejos a Fabio. Según Sánchez: «La primera sensación que se tiene cuando se lee el poema de Andrada es que el poeta está hablando de su propia vida. De moda su vida y del sentido de vivirla (264)». Andrada denuncia una crisis moral propia de su tiempo. Según dice Fernando Rodríguez la Flor en Pasiones frías, el espíritu del barroco se caracteriza porque las personas que vivieron en él ocultan sus propias emociones. Frente a la franqueza y confianza renacentistas; se oponen la máscara y el secretismo barrocas. La ética del renacimiento se transforma en estética en el barroco. Un buen ejemplo de esto se manifiesta El mundo por de dentro de Quevedo. Sus personajes parecen nobles, pero todo son apariencias. Estas personas se comportan y se presentan ante los demás como seres virtuosos, pero son, en realidad, mezquinos e hipócritas:


Llámase -respondió- Hipocresía, calle que empieza con el mundo y se acabará con él; y no hay nadie casi que no tenga, si no una casa, un cuarto o un aposento en ella. Unos son vecinos y otros paseantes, que hay muchas diferencias de hipócritas, y todos cuantos ves por ahí lo son.


La Epístola moral a Fabio ha perdurado en el tiempo porque revela aspectos antropológicos del ser humano. Parte de lo que refleja el poema de Andrada responde a la situación histórica que vivió el autor, pero otros son inherentes al ser humano. Todos querríamos ser como los renacentistas, confiados y muy nobles; pero, inevitablemente, surgen tentaciones barrocas. No siempre somos sinceros y, a menudo, nos quedamos en lo superficial y no nos esforzamos para conseguir por nosotros mismos las cosas.

En la Epístola moral a Fabio los vocativos juegan un papel estructural. Dividen en cuatro partes el poema (Dámaso Alonso: 26 ss.).

La primera parte (vs. 1-114) presenta una situación: «El poema arranca de un hecho concreto: Fabio malgasta el tiempo siguiendo las pretensiones de la corte (26)». Fabio ha ido a Madrid para intentar obtener un cargo. Pero, el poeta de la epístola quiere que deje la Corte y regrese a Sevilla. Le insta a que sea valiente y no se deje llevar por los favores que puede obtener:

El ánimo plebeyo y abatido
elija en sus intentos temeroso
primero estar suspenso que caído;
que el corazón entero y generoso
al caso adverso inclinará la frente
antes que la rodilla al poderoso.

No obtienen reconocimientos los que más lo merecen, sino que, en muchos casos, los ganan las influencias. «El héroe es quien merece el premio, no quien lo obtiene por favor (27)». Cada persona, para ser verdaderamente valiosa, debe obtener sus éxitos por sí mismo; y no por los favores de los demás:

Aquel entre los héroes es contado
que el premio mereció, no quien la alcanza
por vanas consecuencias del estado.


La vida sencilla y apartada es más humana, que la vida lujosa, pero esclava de la Corte. Fernández lo representa mediante el contraste entre la imagen de un humilde ruiseñor, en un «pobre nido»; y la de un sirviente enjaulado tras «doradas rejas».

Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas
en el bosque repuesto y escondido,
que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas.

En la segunda parte (vs. 115-186) el poeta habla en primera persona: «son sus propósitos, lo que va a hacer guiado por su nueva luz, lo que le cuenta (29)»:

Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente
que no afecto a los nombres ni a la fama.

El poeta ha descubierto que la vida sencilla es la mejor de las vidas: «Pobres de los que por ambición viajan y se afanan por remotos países. Al poeta le bastan su casa, unos libros, unos pocos amigos, un breve y tranquilo sueño (30)».


Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares.
Esto tan solamente es cuanto debe
naturaleza al parco y al discreto,
y algún manjar común, honesto y leve.

El poeta no se considera perfecto, pero «de ningún modo atenderá las predicaciones de los hipócritas que pueblan nuestras plazas, esos que se consideran cumbre de perfección, farsantes de la virtud y del ascetismo, blanqueados sepulcros de podredumbre (31)». El poeta ofrece su ejemplo a Fabio, para que trate de ser un ser humano con valores. No debe aparentar ser virtuoso, sino esforzarse para serlo.


No quiera Dios que siga los varones
que moran nuestras plazas macilentos,
de la verdad infames histrïones;
estos inmundos, trágicos, atentos
al aplauso común, cuyas entrañas
son oscuros e infaustos monumentos.


Y, para ello, debe ser humilde y emular a aquellos que lo merezcan:

Quiero imitar al pueblo en el vestido,
en las costumbres sólo a los mejores,
sin presumir de roto y mal ceñido.


La sencillez que propone el poeta tiene su paralelo en la naturalidad con que está escrito el poema. Podemos comprobar que apenas hay hipérbaton u otras irregularidades lingüísticas.

La tercera parte, a la que Dámaso Alonso se refiere como «Reconsideración» (vs. 187-201). El poeta no se deja vencer por el pesimismo. Si bien el ser humano se equivoca una y otra vez, también puede acertar. Puede imperar en él la nobleza frente al vicio.

No te burles de ver cuánto confío,
ni al arte de decir, vana y pomposa,
el ardor atribuyas de este brío.
¿Es, por ventura, menos poderosa
que el vicio la virtud? ¿O menos fuerte?
No la arguyas de flaca y temerosa.


En el «final» (vs. 202-205) el poeta «anuncia su rompimiento con todo lo que, incauto, amó, e invita a su amigo […] para que venga a contemplar el alto fin al que aspita, antes que el tiempo se acabe con el morir (33)».

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé: rompí los lazos;
ven y sabrás al alto fin que aspiro
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Fabio es joven. Quiere medrar en el mundo de la Corte. El poeta, en cambio, es viejo y sabe que la ambición puede perder al hombre, que la vida es breve y es mejor cultivar el espíritu. Todos estos son motivos sobre los que han escrito muchos poetas. Podemos pararnos a pensar y seguramente encontremos que están presentes en nuestra sociedad. Ya no venimos a la Corte a pretender un cargo. Eso es de otro tiempo, pero sí que muchos logran su trabajo por «enchufe», por otra clase de influencias. Somos como el «heno, a la mañana verde, seco a la tarde». Y necesitamos romper los lazos con todo lo que nos envilece, para poder crecer como seres humanos.


Referencias
Alonso, Dámaso. La «Epístola moral a Fabio», de Andrés Fernández de Andrada. Gredos: Madrid. 1978.
Quevedo, Francisco de. El mundo por de dentro. En Los sueños. Madrid: Cátedra. 1995.
Sánchez, Juan A. Contribución al estudio de la Epístola moral a Fabio. Dicenda. Cuadernos de filología hispánica. Nº 13. 1995. 263-283.

sábado, 15 de enero de 2011

Lo que la verdad esconde

Then suddenly I saw it.
With only a slight churning to mark its rise to the surface,
the thing slid into view above the dark waters.

Lovecraft. Dagon.




Lo desconocido, lo secreto, lo oculto… nos interesa a todos. Los libros de intriga nos llevan por todo un mundo escondido, que ha de ser desvelado por un intrépido investigador. Dice Cortázar sobre su búsqueda como escritor (y, por lo tanto, la que hacen sus personajes) que «el verdadero estudio de la realidad no residía en la leyes sino en las excepciones a esas leyes (p. 368)». El relato de intriga no tiene por qué ser fantástico, como lo son las muchas de las obras cortazianas, pero sí «que nos propone una especie de ruptura

jueves, 6 de enero de 2011

El imaginario europeo de África

Existen una serie de textos de europeos destinados a desvelar los secretos que entrañó África para el resto de los habitantes del viejo continente. Los relatos responden a diversos géneros pero una constante es la fascinación y sorpresa con que el europeo descubre un continente que culturalmente es muy distinto al propio. El conjunto las visiones del otro que han aportado estos testimonios han acercado al lector europeo al continente africano; así como han configurado un imaginario colectivo respecto de éste. En este trabajo se compararán los elementos antropológicos de tres textos representativos de las distintas etapas en la construcción de ese imaginario. Como dos de las obras que trabajaremos son ficcionales y la otra es un trabajo antropológico, con carácter subjetivo, no se trata de extraer características reales de África, sino comparar las visiones que dan de ésta. En orden cronológico, Cinco semanas en globo de Jules Gabriel Verne, que pertenece al siglo XIX, cuando los europeos estaban pugnando por conocer el continente en profundidad y adentrarse en él; Lejos de África de Isak Dinesen, que narra las memorias de la autora a comienzos del s. XX, en los que fue colonizado; y El antropólogo inocente de Nigel Barley, el cual pertenece al postcolonialismo. Estos textos tienen en común que el narrador está vinculado con Inglaterra y cuenta sus experiencias en África. En el caso de Verne tiene mucha importancia la identidad de los protagonistas como pertenecientes a Inglaterra, mientras que Barley es él mismo autor inglés y vive en el continente negro. El libro de Dinesen también toma como base experiencias propias y fue escrito en inglés, si bien la autora es danesa. En todos los casos, los narradores son europeos, muy vinculados a Inglaterra y nos ofrecen una visión de la cultura africana .

La visión del Otro en los libros analizados responde a distintos puntos de vista. Verne muestra a los nativos como «salvajes», herencia de los primeros libros de viajes. Se conservan elementos del imaginario creado a raíz de Los viajes de Marco Polo. Por ejemplo, la existencia de hombres con cabeza de perro ha tenido una larga tradición en los libros de viajes, como es el caso de El diario de a bordo de Cristóbal Colón. Tras comentar sobre unas tribus denominadas «nyam nyam», comenta Fergusson, protagonista de la novela de Verne: «Se dijo también que estos indígenas estaban provistos de rabo… pero debemos relegar eso del rabo a la categoría de las fábulas, como la cabeza de perro… (p. 121)». Se desmiente el que tengan cabeza de perro, pero aparecen otros aspectos de ese imaginario, relativos a la falta de civilización del Otro. La percepción de Dinesen se apoya en una experiencia más realista y el cariño a una tierra, indómita, pero hermosa y cautivadora. Mientras que Nigel Barley se refiere a África con ironía, recurso que, como dice J. Jesús de Bustos, se opone a lo sagrado, y reduce la mitificación de ciertas características de la cultura africana. No hay espacio ni para el temor a la terrible fiereza africana de Verne ni para el romanticismo de los orgullosos masai que cuenta Dinesen. Por ejemplo, Barley se da cuenta de que el supuesto conocimiento de la naturaleza que alberga ésta es una construcción de los antropólogos; y los africanos saben muy poco de la vegetación y fauna que les rodea.

Estos relatos responden a la curiosidad que despierta en un europeo la cultura africana, tal como describe Dinesen:

«El amor a la mujer y a la feminidad es una característica masculina, y el amor al hombre y a la masculinidad es una característica femenina, y hay una sensibilidad especial hacia los países y razas del sur que es una cualidad nórdica. Los normandos debieron enamorarse de los países extranjeros, Francia primero, luego Inglaterra. Aquellos viejos milords de la historia y literatura del siglo XVIII que están siempre viajando por Italia, Grecia y España no tenían nada de meridional en sus naturalezas, sino que les fascinaba algo que era completamente distinto de ellos… Había cosas que no hubieran soportado ni en sus países ni a sus allegados, pero aceptaban las sequías de las tierras altas africanas, las insolaciones, la ictericia hematúrica del ganado y la incompetencia de los sirvientes nativos, con humildad y resignación (p. 33)».

Esta oposición Yo-Otro va más allá de ser una comparación objetiva entre continentes, y abarca otros muchos aspectos de imaginarios identitatarios. Se diferencia entre los pueblos “normandos” y los pueblos “meridionales”. La diferenciación geográfica, que incluye en la segunda categoría además de África a países europeos, da lugar a una oposición del carácter de sus habitantes. Así los “normandos” se ven atraídos por las sociedades “meridionales”, más allá de las incomodidades que tiene vivir en las tierras de éstos.

Una de las primeras realidades que llaman la atención al Yo europeo, que observa, es la ruralidad de las ciudades y la majestuosidad de los inmensos parajes. África tiene una baja densidad de población, en términos generales su desarrollo industrial es menor, y en su geografía los observadores descubren grandes extensiones a las que la civilización llega en menor medida y en la que se conserva la vida salvaje. Los personajes de Verne tienen una visión panorámica de las pequeñas poblaciones y sus mercados, las montañas y los enormes animales que pueblan la sabana. Dinesen también pone el foco en lo alto:

«En la fragosidad e irregularidad de la región, un trozo de tierra cultivado y cuidado según las reglas parecía muy hermoso. Más tarde, cuando volé sobre África y me familiaricé con el aspecto que ofrecía mi granja desde el aire, empecé a admirar el cafetal, que resplandecía de un verde brillante en medio del gris verdoso de las tierras que le rodeaban, y me di cuenta de cuánto necesitaban las mentes humanas de las figuras geométricas (p. 23)».

A diferencia de los espacios habitados por humanos en Verne, que son agrupaciones violentas y sin orden, el cafetal en Dinesen es un producto de «cultivado», palabra de raíz común con cultura: y que genera una bella simetría. De los comentarios de Barley acerca de los dowayos se extrae una sensación de caos. Cuando acude al dentista sucede que:

«En cuanto se abrió la puerta del consultorio, fui empujado por los africanos que esperaban hasta el comienzo de la cola. Dentro había cierta cantidad de instrumentos dentales en un estado lamentable y un gran diploma de la Universidad de Lyon, cosa que me tranquilizó un poco. Le expliquen mi problema a un grandullón que había dentro. Sin más discusión, éste agarró unas tenazas y me arrancó los dos incisivos… Muy bien, declaró irritado, si no estaba satisfecho con su tratamiento llamaría al propio dentista (pp. 138-139)».

El ingenuo antropólogo se queda conmocionado porque el mismo que saca muelas, también «arregla relojes».

El extranjero que llega a África se encuentra con un lugar de difícil acceso físico y cultural. La distancia lingüística hace preciso un mediador, que facilite el conocimiento del continente al recién llegado. Fergusson cuenta con las noticias de anteriores expediciones y de «…las narraciones de los árabes. Los árabes son muy aficionados a los cuentos, tal vez demasiado. Algunos viajeros, al llegar a Kazeh o a los Grandes Lagos, vieron esclavas procedentes de las comarcas centrales y les pidieron noticias de su país. Las esclavas se las dieron, y he aquí todos los documentos con los que se han formado legajos que sirven de base a sus sistemas (pp. 120-121)». El Yo se diferencia del Otro culturalmente en el modo de transmisión cultural. El Yo recibe los intercambios orales, que remiten a Las Mil y Una noches, y los convierte en “legajos”, cúmulos de conocimiento escrito. El relato de Dinesen también refleja la capacidad de los africanos para contar historias: «Entre las cualidades que buscan en un amo, en un médico o en Dios, la imaginación, me parece, ocupa uno de los primeros lugares… Cuando los africanos hablan de la personalidad de Dios hablan de la personalidad de Dios hablan como en las Mil y Una Noches o como en los últimos capítulos de Libro de Job (p. 40)». En el caso de Barley se encuentra con las dificultades que tiene un idioma tonal para un individuo cuya lengua no se rige por esa graduación. Esto genera malos entendidos, como que en lugar de despedirse de un brujo diciendo «Disculpe… tengo que guisar un poco de carne», declara: «Discúlpeme, tengo que copular con el herrero (p. 77)». El desconocimiento de la lengua da lugar a las anécdotas más disparatadas. Los dowayos acaban entendiendo lo que quiere decir Barley, lo que recuerda a la anécdota de Bourdieu en que preguntaba en sus investigaciones si se podía decir tal cosa o tal otra y le respondían que sí siempre, aunque no significase nada.

Barley pretende, como los expedicionarios de Verne, transcribir y llegar a precisiones académicas acerca de la cultura dowaya, que no responden a la oralidad de ésta. El progreso que supone disponer de la palabra escrita, que hace progresar el conocimiento del mundo tanto en Verne como en Barley, tiene un extraordinario poder para los africanos en el momento en que la descubren. Así Dinesen escribe: «El pasado, que había sido tan difícil de traer a la memoria, y que probablemente le parecía que cambiaba cada vez que pensaba en él, había sido atrapado, conquistado y delimitado ante sus ojos. Se había convertido en historia; contra él no prevalecían ni la variabilidad ni las sombras del cambio (p. 140)». En la oposición del Yo frente al Otro, el primero ofrece al segundo la posibilidad de dejar constancia de los acontecimientos mediante la palabra escrita.

Los protagonistas de los libros que se están tratando establecen también comparaciones entre los diversos grupos que pueblan África. En Verne se narran las guerras provocadas por los fellahas. En Dinesen los árabes, en cambio, aparecen como individuos graves y serios: «Son severos mahometanos (refiriéndose a los emigrantes somalíes en Kenia) y, como todos los mahometanos, tienen un código moral de acuerdo con el cual te juzgan. Con los somalíes puedes crearte un prestigio o destruirlo en una hora (p. 143)». Barley muestra las diferencias entre el norte y el sur de Camerún según la pertenencia a tribus nativas o a la religión árabe. Los tres autores coinciden, con las diferencias temporales que separan sus estancias en África, sobre la corrupción de la pureza de ésta. En Verne se muestran diversas poblaciones empobrecidas, el caso más claro es Tombuctú, que ya ha dejado de ser el centro cultural que fue para ser un mero lugar de comercio regional. Dinesen comprueba en persona el ocaso de los masai:

«Eran luchadores que habían dejado de luchar, un león agonizante con las garras cortadas, un nación castrada… Una vez en la granja, tuve tres novillos que convertimos en pacíficos bueyes para el tiro y la labranza, y luego los encerramos en el patio de la granja. Aquella noche las hienas olieron la sangre, vinieron y los mataron. Pensé que ese era el destino de los masai (p. 147)».

La debilitación de los moradores autóctonos se simboliza en la castración. Los masai siguen existiendo, pero han perdido su fuerza. Barley, en su trabajo de campo, se enfrenta a numerosos obstáculos por la corrupción de las instituciones camerunenses y vive en carnes propias la miseria de sus habitantes.

Se han comparado algunas de las oposiciones entre la identidad cultural del viajero europeo y cómo percibe África en lo referente a la geografía, valores, transmisión del conocimiento y contrastes entre diversas poblaciones. Se puede comprobar la evolución del imaginario europeo respecto de África.


Bibliografía

Isak Dinesen. Lejos de África. Madrid: Alfaguara. 1985.

J. Jesús de Bustos. El humor como categoría transversal del discurso. Ejemplos en textos medievales. Conferencia celebrada en la Universidad Complutense. 2010.

Jules Gabriel Verne. Obras. Tomo I. Barcelona: Plaza y Janes. 1982.

Nigel Barley. El antropólogo inocente. Madrid: Anagrama. 1989.