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martes, 11 de enero de 2011

Vivir de los cuentos. Decálogo para Poetas

Son muchos los Poetas que ofrecen buenos consejos. Podemos aprovechar sus enseñanzas con una selección de algunos de los más útiles para futuros Poetas.

1. Que la escritura salga de dentro, que responda a una necesidad interior.

2. Una vez embarcado en la escritura, hay que entregarse, sumergirse a fondo, creer y vivir lo que se escribe.

3. Cree en un maestro (o en varios maestros) -Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov- como en Dios mismo (en los dioses mismos). El buen escritor es, primero, un buen lector.

4. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En una obra bien lograda, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

5. Cuida que lo que escribes sea coherente. La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.

6. Cuida que aquello que escribes sea necesario, que cada palabra que usas es precisa para lo que vas a contar.

7. Permanece enamorado.

8. Mézclate estrechamente con la vida.

9. Sigue el mandato de Baudelaire: «Se siempre poeta, aún en prosa».

10. Busca un tono y una textura propios, como un color grato a la vista o una musicalidad, que haga a la inmanencia como marca o huella.


Estos principios están tomados de los siguientes autores: 1-2 de José Luis Semprún (Escribir es vivir. Barcelona: Plaza y Janés, p. 36), 3-4 de Quiroga (Decálogo del perfecto cuentista), 5-6 de Vargas Llosa (Cartas a un joven novelista. Barcelona: Ariel. 1997, pp. 40-49); 7-8 Hemingway (decálogo accesible en www.portaldelescritor.es); 9-10 de Javier Galarza (http://javiergalarzants.blogspot.com/2007/08/declogo-del-lector-declogo-del-escritor.html). Con el fin de que los principios aparecieran con el mismo estilo de redacción y, también, para ampliar su significado, los he reescrito en parte.

Maria Carmela Contartese. Decálogo para escribir y leer

1. Recoger datos e información útiles para el argumento sobre el cual escribir.
2. Elegir, seleccionar las informaciones para empezar a organizar las ideas.
3. Una vez que las ideas vayan cogiendo forma empezar a escribir creando un borrador en el que se les permitirá que fluyan ininterrumpidamente de nuestra mente, antes de que desvanezcan, creando situaciones, lugares, personajes.
4. Controlar el texto creado leyéndolo en alta voz, averiguar que las ideas estén bien organizadas y que el texto sea coherente en el contenido.
5. Controlar el uso de la punctuación, las paréntesis pueden interrumpir el ritmo del texto, usar bien la coma, el punto y coma.
6. Evitar frases muy largas y redundancias.
7. Controlar muy bien la ortografía.
8. La conclusión del texto debe ser coherente con sus premisas para que sigua un orden lógico.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Nancy Kress. Los diez mandamientos del escritor de ficción

1. Escribe regularmente. Si no tienes mucho tiempo, escribe al menos cinco minutos por día.

2. Escribe el tipo de ficción que amas leer.

3. No esperes a la inspiración para comenzar.

4. Escribir es reescribir. Siempre.

5. Escucha todas las críticas con la mente bien abierta.

6. Lee todo lo que puedas. Y más también.

7. No sigas las tendencias en boga. Cuenta las historias que desees y como desees.

8. Dedica especial atención al primer párrafo. El que pega primero, pega dos veces.

9. Trata de "convertirte" en tus personajes mientras los escribes.

10. No te desanimes ante un rechazo. Al 90 por ciento de los escritores más exitosos les dijeron al menos una vez que se dedicaran a otra cosa.

Tomado de: Ciudad Seva

domingo, 26 de diciembre de 2010

Friedrich Nietzsche. Diez mandamientos para escribir con estilo

1. Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.

2. El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.

3. Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.

4. El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.

5. La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.

6. Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.

7. El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.

8. Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.

9. El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.

10. No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

Tomado de: Ciudad Seva

jueves, 23 de diciembre de 2010

Decálogo. Elmore Leonard

1. Nunca empieces un libro hablando del clima.
Si sólo te sirve para crear atmósfera y no es una reacción del personaje al clima, no debes usarlo demasiado. El lector buscará las reacciones del personaje. Hay algunas excepciones, claro. Si conoces más maneras de describir el hielo y la nieve que un esquimal, puedes hablar del clima tanto como te dé la gana.

2. Evita los prólogos.
Pueden resultar molestos, especialmente un prólogo después de una introducción que viene antes de la dedicatoria. Pero en no ficción son muy habituales. En una novela, el prólogo cuenta los antecedentes de la historia, pero no hace falta contarlos al principio, puedes ponerlos donde quieras.
Siempre hay excepciones, claro. Dulce jueves de John Steinbeck tiene prólogo, pero me parece bien porque es un personaje del libro que deja claras las reglas, que nos explica como le gusta que le cuenten las cosas.
Lo que hace Steinbeck en Dulce jueves fue titular los capítulos a modo de indicación, aunque algo oscura, de lo que tratan. Hay dos capítulos que llega a titularlos "hooptedoodle" (palabrería) en los que avisa al lector: "Aquí haré vuelos espectaculares con mi escritura, y no se entremezclará con la historia. Sáltatelos si quieres".
Dulce jueves se publicó en 1954, cuando yo empezaba a publicar, y nunca olvidaré el prólogo. ¿Me leí los capítulos hooptedoodle? Cada palabra.

3. No uses más que "dijo" en el diálogo.
La frase, en el diálogo, pertenece al personaje. El verbo viene a ser el escritor husmeando donde no debería. El verbo "decir" es bastante menos intruso que "gruñir", "exclamar", "preguntar", "interrogar"... Cierta vez leí un "ella aseveró" al final de una frase de un personaje de Mary McCarthy y tuve que parar de leer para buscarlo el diccionario.

4. Nunca uses un adverbio para modificar el verbo "decir".
... amonestó severamente. Usar un adverbio de esta manera (o de casi cualquier manera) es un pecado mortal. El escritor se expone a interrumpir el ritmo de intercambio cuando usa este tipo de palabras. Un personaje cuenta en uno de mis libros cómo solía escribir sus romances históricos "llenos de violaciones y adverbios".

5. Controla los signos de exclamación.
Se permiten alrededor de dos o tres exclamaciones por cada 100.000 palabras en prosa. Si tienes el don de Tom Wolfe con ellos, puedes usarlos profusamente.

6. Nunca uses palabras como "de repente" o "de pronto".
Esta regla no requiere ninguna explicación. Me he dado cuenta de que los escritores que usan exclamaciones como "de repente" suelen tener menos control sobre sus signos de exclamación.

7. Usa términos dialectales muy de vez en cuando.
Si empiezas a llenar la página de diálogo ininteligible, no podrás parar. Un buen ejemplo sería Annie Proulx, que es capaz de captar muy bien el sabor del habla de Wyoming.

8. Evita las descripciones demasiado detalladas de los personajes.
Steinbeck lo hacía. Pero en Colinas como elefantes blancos Hemingway por ejemplo, usa una única descripción para el personaje de la mujer que acompaña al americano: "Se quitó el sombrero y lo dejó en la mesa". Es la única referencia física en la historia, pero aún y así vemos a la pareja y sabemos de ellos por su tono de voz... sin adverbios que los acompañen.

9. No entres en demasiados detalles al describir lugares y cosas.
Si no eres Margaret Atwood, que pinta escenas con el lenguaje o no puedes describir el paisaje como lo hace Jim Harrison, no lo hagas. Incluso si estás dotado para las descripciones, ten en cuenta que el meollo de la historia debe ser la acción, no la descripción.

10. Trata de eliminar todo aquello que el lector tiende a saltarse.
Esta regla se me ocurrió en 1983. Piensa en lo que te saltas cuando lees una novela: largos párrafos de prosa con demasiadas palabras. ¿Qué está haciendo el escritor? Hablar del tiempo, o ha entrado en la mente del personaje y el lector o bien sabe qué es lo que piensa el personaje, o bien no le importa. Me apuesto lo que sea a que no te saltas el diálogo.

Mi regla más importante es una que las engloba a las diez:
Si suena como lenguaje escrito, lo vuelvo a escribir.
Si la gramática se inmiscuye en la historia, la abandono. No puedo permitir que lo que aprendí en clase de redacción altere el sonido y el ritmo de la narración. Es mi intento de permanecer invisible, no distraer al lector de lo que es escritura obvia (Joseph Conrad habló una vez de las palabras que se inmiscuyen en lo que quieres contar). Si escribo una escena, siempre desde el punto de vista de un personaje (el que me da la mejor visión de la vida en esa escena en particular) puedo concentrarme en las voces de los personajes contando quienes son y cómo se sienten, qué ven y qué sucede. Así es como desaparezco de la escena.
Tomado de: http://bestseller.blogcindario.com/2009/01/00330-el-decalogo-de-elmore-leonard.html

Unas notas (apresuradas) sobre la novela. Félix de Azúa

1. Que no pretenda ser un poema

2. Que exponga un fragmento del mundo histórico

3. Que lo exponga con sencillez

4. Que tenga por asunto un conflicto singular

5. Que no intente alcanzar una idea real o verdadera

6. Que este trabajada en cuanto al oficio

7. Falta, naturalmente, una última condición, pero no me es posible definirla más que así: la que cumple aquel novelista capaz de renovar nuestra facultad para imaginar mundos a partir de fragmentos de idea.

Decálogo para escribir micro-cuentos

1. Un micro-cuento es una historia mínima que no necesita más que unas pocas líneas para ser contada, y no el resumen de un cuento más largo.

2. Un micro-cuento no es una anécdota, ni una greguería, ni una ocurrencia. Como todos los relatos, el micro-cuento tiene planteamiento, nudo y desenlace y su objetivo es contar un cambio, cómo se resuelve el conflicto que se plantea en las primeras líneas.

3. Habitualmente el periodo de tiempo que se cuente será pequeño. Es decir, no transcurrirá mucho tiempo entre el principio y el final de la historia.
4. Conviene evitar la proliferación de personajes. Por lo general, para un micro-cuento tres personajes ya son multitud.

5. El micro-cuento suele suceder en un solo escenario, dos a lo sumo. Son raros los micro-cuentos con escenarios múltiples.

6. Para evitar alargarnos en la presentación y descripción de espacios y personajes, es aconsejable seleccionar bien los detalles con los que serán descritos. Un detalle bien elegido puede decirlo todo.

7. Un micro-cuento es, sobre todo, un ejercicio de precisión en el contar y en el uso del lenguaje. Es muy importante seleccionar drásticamente lo que se cuenta (y también lo que no se cuenta), y encontrar las palabras justas que lo cuenten mejor. Por esta razón, en un micro-cuento el título es esencial: no ha de ser superfluo, es bueno que entre a formar parte de la historia y, con una extensión mínima, ha de desvelar algo importante.

8. Pese a su reducida extensión y a lo mínimo del suceso que narran, los micro-cuentos suelen tener un significado de orden superior. Es decir cuentan algo muy pequeño, pero que tiene un significado muy grande.

9. Es muy conveniente evitar las descripciones abstractas, las explicaciones, los juicios de valor y nunca hay que tratar de convencer al lector de lo que tiene que sentir. Contar cuentos es pintar con palabras, dibujar las escenas ante los ojos del lector para que este pueda conmoverse (o no) con ellas.

10. Piensa distinto, no te conformes, huye de los tópicos. Uno no escribe (ni micro-cuentos ni nada)para contar lo que ya se ha dicho mil veces.

Tomado de: http://biosferasoria.es/imgs/noticias/bases_II_concurso_microrelatos.pdf

Decálogo del escritor. Elias Castelnuovo

1 - Si no se tiene nada importante que decir, mejor es no decir nada. Escribir por escribir es dejar la inteligencia en casa y tirar la estupidez por la ventana.

2 - Se aprende a escribir, escribiendo de continuo, sin tener en cuenta el tiempo ni la hora, ni tampoco los ruidos que puedan hacer los vecinos. A fuerza de caer la gota de agua perfora la piedra.

3 - Las palabras por sí solas carecen de ciudadanía. Su valor radica únicamente en todo aquello que se les coloca adentro. La vaciedad del verbo en un escrito, lejos de denotar que el verbo esté vacío, denota por el contrario que lo que está vacío es el cerebro del que lo maneja a su albedrío.

4 - Hay que escribir como se habla. Quien habla de una manera y escribe de otra manera diferente, una de dos: o miente cuando escribe o miente cuando habla indistintamente.

5 - Para llegar a las masas es menester emplear el lenguaje común a las masas. Quien se niega a utilizar el vocabulario que usa todo el mundo en la vida diaria, se expone a no ser entendido a veces en primera y otras veces en ninguna instancia.
Pues, lo esencial no es cómo se dice, sino qué es lo que se dice.

6 - Conviene eludir el floripondio literario y sus irremediables fatales consecuencias: la exuberancia de adjetivos, las frases de oropel, los parlamentos interminables, la retórica espumante y todo cuanto denuncie el artificio de la composición.

7 - Nada sale perfecto del horno del intelecto. La perfección se obtiene, luego del parto, mediante un proceso minucioso y largo de corrección y reestructuración del contexto escrito al correr de la pluma y de primer intento.

8 - No es prudente ponerse a escribir un cuento o un drama si no se dispone anticipadamente del principio y del final de la obra. El que improvisa, por lo general, suele pagar caro la ligereza de su improvisación. Vale más siempre pecar de precavido que pecar de atolondrado.

9 - Para ocupar un sitio de vanguardia en el campo de las letras es necesario previamente ocupar un sitio de vanguardia en el campo de las ideas. Los que marchan detrás de las corrientes del pensamiento de la mayoría popular, no pueden pretender marchar por delante del pensamiento de las corrientes del arte que son en definitiva el resultado de las aspiraciones y necesidades de esa misma mayoría.

10- La literatura la crea el pueblo. El escritor no hace más que darle forma de libro.

El Decálogo del Escritor. Hemingway

1. Permanece enamorado.

2. Esfuérzate en escribir.

3. Mézclate estrechamente con la vida.

4. Frecuenta a escritores consagrados.
5. No pierdas tiempo.

6. Lee sin tregua.

7. Escucha música y mira pintura.

8. No intentes explicarte.

9. Sigue el impulso de tu corazón.

10. Calla: la palabra mata el instinto creador.

Tomado de: www.portaldelescritor.es

Decálogo para escritores principiantes. Juan Carlos Onetti

I..
No busquen ser originales. El ser distinto es inevitable cuando uno no se preocupa de serlo.

II.
No intenten deslumbrar al burgués. Ya no resulta. Éste sólo se asusta cuando le amenazan el bolsillo.

III.
No traten de complicar al lector, ni buscar ni reclamar su ayuda.

IV.
No escriban jamás pensando en la crítica, en los amigos o parientes, en la dulce novia o esposa. Ni siquiera en el lector hipotético.

V.
No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable, que llevamos dentro y no es posible engañar.

VI.
No sigan modas, abjuren del maestro sagrado antes del tercer canto del gallo.

VII.
No se limiten a leer los libros ya consagrados. Proust y Joyce fueron despreciados cuando asomaron la nariz, hoy son genios.

VIII.
No olviden la frase, justamente famosa: 2 más dos son cuatro; pero ¿y si fueran 5?

IX.
No desdeñen temas con extraña narrativa, cualquiera sea su origen. Roben si es necesario.

X.
Mientan siempre.

XI.
No olviden que Hemingway escribió: "Incluso di lecturas de los trozos ya listos de mi novela, que viene a ser lo más bajo en que un escritor puede caer."

Tomado de: Ciudad Seva

El decálogo de Carlos Fuentes para el joven escritor latinoamericano

1.- Los libros no se escriben solos ni se cocinan en comité. Escribir es un acto solitario y a veces aterrador.

2.- Leer mucho, leerlo todo vorazmente.

3.- No hay nueva creación literaria que no se sostenga sobre la creación literaria, de la misma manera en que no hay tradición que perviva sin la savia de la creación: no hay Lezama sin Góngora, y no hay desde ahora Góngora sin Lezama.

4.- Hay que preservar la imaginación.

5.- La realidad literaria no se limita a reflejar la realidad objetiva. La primera añade a la segunda algo antes no estaba ahí, enriquece y potencia la realidad primaria.

6.- La literatura tiene una relación directa con la historia. Aporta a la ciudad la parte no escrita del mundo y se convierte en lugar de encuentro.

7.- Una vez publicada, la obra literaria deja de pertenecer al escritor y se convierte en propiedad del lector.

8.- No se dejen seducir ni por el éxito inmediato ni por la ilusión de la inmortalidad.

9.- El escritor tiene que asumir su posición social. Su presente le impide sustraerse de su compromiso, no a la manera de Sartre, sino al libre compromiso ciudadano.

10.- Lo dejo a la imaginación, la palabra y la libertad del joven escritor.

Tomado de: elaleph.com

Consejos sobre el arte de escribir cuentos. Roberto Bolaño

1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno. Honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.

2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco.
Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.

3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.

4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.

5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.

6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.

7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel.
Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!

8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.

9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.

10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.

11.Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.

12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.

Tomado de: Fuentetaja literaria

Los diez mandamientos del escritor (selección). Stephen Vizinczey

1. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás. Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes.

2. No tendrás costumbres caras. Un escritor nace del talento y del tiempo... Tiempo para observar, estudiar, pensar. Por consiguiente, no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas no esenciales.

3. Soñarás y escribirás y soñarás y volverás a escribir. No dejes a nadie decirte que estás perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario.

4. No serás vanidoso.La mayor parte de los libros malos lo son porque sus autores están ocupados en tratar de justificarse a sí mismos.

5. No serás modesto.La modestia es una excusa para la chapucería, la pereza, la complacencia; las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido a un buen escritor que no intentara ser grande.

6. Pensarás sin cesar en los que son verdaderamente grandes. «Las obras del genio están regadas con sus lágrimas», escribió Balzac en Ilusiones perdidas. Rechazo, mofa, pobreza, fracaso, una lucha constante contra las propias limitaciones..., tales son los principales sucesos en las vidas de la mayoría de los grandes artistas, y si aspiras a conseguir su destino debes fortalecerte aprendiendo de ellos.

7. No dejarás pasar un solo día sin releer algo grande. En mi adolescencia estudié para ser director de orquesta, y de mi educación musical adopté una costumbre que considero esencial para los escritores: el estudio constante y diario de las obras maestras.

8. No adorarás Londres–Nueva York–París. Conozco a menudo aspirantes a escritores de lugares apartados que creen que las personas que viven en las capitales de los medios de comunicación tienen sobre el arte alguna información interna especial que ellos no poseen.

9. Escribirás para tu propio placer. Ningún escritor ha logrado jamás complacer a lectores que no estuvieran aproximadamente en su mismo nivel de inteligencia general, que no compartieran su actitud básica ante la vida, la muerte, el sexo, la política o el dinero. Los dramaturgos son afortunados: con ayuda de los actores pueden extender su mensaje hasta más allá del círculo de los espíritus afines. No obstante, hace sólo un par de años leí en los periódicos americanos las críticas más condescendientes de Medida por medida..., la obra en sí, ¡no la producción! Si Shakespeare no puede complacer a todo el mundo, ¿por qué intentarlo siquiera nosotros?

10. Serás difícil de complacer. La mayoría de los libros nuevos que leo se me antojan a medio terminar. El escritor se contentó con hacer su trabajo más o menos bien, y luego pasó a algo nuevo. Para mí, escribir empieza a ser emocionante de verdad cuando vuelvo a un capítulo un par de meses después de haberlo escrito. En esta fase lo miro menos como autor que como lector, y por muchas veces que reescribiera originalmente el capítulo, todavía encuentro frases que son vagas, adjetivos que son inexactos o superfluos.

Tomado de: http://www.fuentetajaliteraria.com/recursos/sub_recursos.php?categoria=20&sub_categoria=50

(El texto es más extenso y detallado. He procurado extraer lo más fundamental, pero animo a leerlo completo)

Decálogo del perfecto cuentista. Quiroga.

I
Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov- como en Dios mismo.

II
Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.

III
Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia

IV
Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.

V
No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.

VI
Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: «Desde el río soplaba el viento frío», no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.

VII
No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.

VIII
Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.

IX
No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino

X
No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Tomado de: Fuentetaja literaria.

Decálogo del escritor. Javier Galarza

1. La palabra no pertenece. Circula. Podemos hacernos un canal de comunicación donde fluya.

2. Las poéticas se despliegan como una trama simbólica donde los autores dialogan entre sí. Las poéticas migran, se desplazan.

3. Seguir el mandato de Baudelaire: «Se siempre poeta, aún en prosa». Personalmente agregaría: más aún en prosa.

3. Cuerpo y mente deben crear una disposición para la escritura.

4. Escribirás a escondidas de ti mismo.

5. No solo la serenidad y la contemplación ayudan. Eventualmente el aturdimiento propicia la creación (Rimbaud y la videncia a través del desarreglo de los sentidos)

6. Mantenerse a distancia del poder. Conocer los márgenes, los bordes, la periferia.

7. Buscar un tono y una textura, como un color grato a la vista o una musicalidad, que haga a la inmanencia como marca o huella.

8. El periodismo, la reseña o la columna son ejercicios que se deben practicar a menudo sin perder el estilo.

9. Nunca la descripción es realista: tiene el tono subjetivo del autor.

10. Entender que lo llano no es mejor que lo barroco ni viceversa. Todas son herramientas.

PD: Corregir: un poema malo es un poema no terminado, decía Borges.


Fuente: http://adamar.org/ivepoca/node/722

Decálogo del escritor. Monterroso

Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.

Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.

Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".

Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.

Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.

Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.

Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.

Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.

Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.

Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.

Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.

Tomado de: Ciudad Seva