sábado, 30 de abril de 2011

Bauset, Andrea. UN DÍA EN MADRID:

Francisco tenía 19 años y vivía en un pequeño pueblo de Palencia que no llegaba a los 300 habitantes. Un día su tío le dijo que si le quería acompañar a Madrid a hacer unas compras. Francisco que nunca había salido de su pueblo, le dijo que sí. Estuvo toda la noche sin dormir pensando si Madrid sería igual que cuando lo veía por la televisión.

Comenzaron pronto su viaje en coche hacia la capital. Según se iban acercando, cada vez había más coches en la carretera. Llegó un momento en que tuvieron que pararse por el atasco que había. Llegaron mucho mas tarde de lo que preveían.

Su tío le dijo que era mucho mejor dejar aparcado el coche a las afueras e ir al centro en transporte público. A Francisco todo le parecía increíble. Era mucho mejor que lo que había visto por la televisión y le contaron.

Se quedó muy sorprendido cuando entraron en el metro. Había mucha gente. Todos iban deprisa de un lado a otro, nadie se saludaba y todos tenían cara de enfadados.

Era plena hora punta cuando entraron en el andén de la línea 1 que les llevaba a su destino. El vagón estaba abarrotado de gente y su tío tuvo que empujarle para entrar.

Notó una sensación muy extraña. Estaba completamente rodeado de gente desconocida y cada uno iba a su rollo.

Sintió que esa situación era muy desconcertante para él y pensó lo feliz que él se sentía viviendo en su pequeño pueblo, sin aglomeraciones, sin prisas, sin estrés, etc.

Tal y como le contó a su tío, Madrid era muy grande y aunque pudiera tener muchas cosas, como teatros, cines, centros comerciales, monumentos, etc, también había mucha gente “anónima”.

Cuando llegó a su pequeño pero acogedor pueblo, notó un gran alivio. Allí se sentía seguro, conocía a la mayor parte de la gente, todos se paraban a hablar unos con otros, todos se conocían y aunque su pueblo fuera pequeño, para él era perfecto y no le faltaba de nada. Allí sí era feliz.