lunes, 2 de mayo de 2011

Reynoso, Douglas. Un día en el metro de Madrid.

Recuerdo aquel día cuando, entre en la estación de metro, el ruido era insoportable, al principio no se veía mucha gente parecía un día tranquilo, compré mi billete y cuando bajaba al anden:

No cabía ni un alfiler, la gente discutía, en ese momento me puse muy nervioso, porque llegaba tarde a mi primer día de trabajo, como consecuencia empecé a sudar.

Uno de los trenes se había estropeado, los operarios decían que tardaría 10 minutos en volver a funcionar. Mientras tanto yo me iba abriendo hueco entre la multitud, para poder entrar en ese tren como sea.

-¡Estas tonto! ¡Tarado, todos queremos entrar!- Me gritaban, pero yo no le di mucha importancia.

Por fin llegué, estaba ya en la puerta del vagón.

-¿Perdone señor podría ayudarme?- Dijo una vocecilla.

Era una niña pequeña de unos 4 años, se había despistado, estaba buscando a su madre.

-¿Qué te pasa pequeña?- Pregunte

- Me he perdido, no se donde esta mi madre.- Me respondió ella con unas lagrimas en la cara

-No te preocupes, te ayudare a buscarla.- Dije muy contento.

Entonces se me ocurrió una idea, se la conté a la pequeña Maria, así se llamaba la niña que se había perdido, a ella le parió una idea muy buena y la puse en práctica.

Levante a la pequeña Maria, ella se subió en mis hombros, mientras yo la agarraba, ella intentaba encontrar a su madre.

¡¡¡Allí está, allí está!!!-Exclamó muy contenta.

Lleve a Maria hasta Carmen, su madre, ella me lo agradeció mucho, la pequeña Maria estaba muy feliz era encantadora y me regaló una pulsera, para darme las gracias por haber ayudado a su madre.

Tenía un problema, el tren se había arreglado ya, pero se fue sin mí. Al llevar a Maria hasta su madre lo perdí. El próximo tren llegaba en 10 minutos no podía esperar tanto así que, salí fuera. Tarde varios minutos, había mucha gente entrando y saliendo, al salir sentí un gran alivio, respire hondamente.

-Taxi, Taxi- Gritaba, pero ninguno se paraba.

No sabia que hacer llegaba tarde. Al cabo de unos segundos mi cerebro empezó a funcionar, y me vi impulsado por el, me llevé prestada una bici que había aparcada al lado de una tienda y me puse en marcha.

Después de 10 minutos pedaleando, casi llegando a mi trabajado, me encontré con un atasco enorme, ni siquiera podía atravesar entre los coches.

Allí mismo deje la bici tirada, lo único que me importaba era no llegar tarde al trabajo. Me subí encima de un coche y los fui saltando uno a uno, parecía que estaba en una película de acción.

Todos los conductos empezaron a gritarme y ha hacer ruido con sus coches.

-Idiota, tontolava, payaso. - Me gritaban aquellos conductores enfurecidos.

Cuando llegué al trabajo, la reunión se había acabado, mi jefe quería matarme, pero después de contarle todo lo ocurrido no me despidió.

¡Mi primer día de trabajo y llego tarde, que suerte la mía!