lunes, 2 de mayo de 2011

Presciado, Alba. Enfermera enamorada.

Hospital Infanta Sofía. Habitación 103. Ahí es donde se encuentra él. Mi nombre es Lucía Jiménez y soy enfermera y bueno, me ha pasado algo que no debería ocurrirme, y es que me he enamorado del paciente de la habitación 103, me he enamorado de su mirada asustada cuando le he dicho que debíamos de operarle, de esa medio sonrisa que me ha dedicado cuando se ha calmado y ha bromeado sobre su enfermedad, de todo él, y me siento mal, extraña y muy triste porque sé que es probable que los días que pase convaleciente sean los únicos días en los que le voy a ver. Pienso en todo eso cuando llamó a la puerta y entro en la habitación; le veo con esos ojos verdes que me hacen perder el control sobre mi cuerpo, observó su bonita cara y su pelo castaño que le cae sobre los ojos, la gracia con la que se lo retira de la cara, me siento confusa, casi como cuando era adolescente y me fijaba en uno de los chicos mayores amigos de mi hermano… me siento muy extraña pero eso no debe afectara mi profesionalidad. Le digo que le operarán esta tarde de su apendicitis le informo de que es una operación sencilla y que estará convaleciente durante dos días. Me sonríe y el alma se me cae a los pies, me pongo colorada y él lo nota. Me coge la mano y mi pulsó se acelera mucho más de lo que debería, imagino que piensa que soy extraña, y que se quejará de que su enfermera se haya enamorado de él pero mis superiores no me informan de ninguna queja así que me digo que puede que no le moleste, que incluso puede agradarle. Voy a por él para ayudarle a prepararse para su operación y antes de llevarlo al quirófano no me puedo contener y le beso. Mis labios presionan los suyos con dulzura y los suyos responden con suavidad, un beso breve pero intenso, un beso hermoso. Muerta de vergüenza le llevó al quirófano y me regaño a mí misma.
Sale del quirófano y está bien, no ha habido complicaciones, ha sido una operación perfecta y le atiendo mejor de lo que he atendido nunca a un paciente. Dos días tengo para disfrutar de su compañía y le trato como un rey él me sonríe y a veces incluso busca mi boca para besarla pero nada dura para siempre y los dos días volaron como si hubieran sido dos segundos y nuestra relación ha sido un revoloteo de las alas de la vida que apenas ha durado. Le han dado el alta y no lo he vuelto a ver pero nunca olvidaré el dulce sabor de sus besos.