lunes, 2 de mayo de 2011

Presciado, Alba. Matilde y sus gafas.

Matilde era una niña de 10 años que vivía en una pequeña ciudad de Alemania, su vida era feliz y alegre, tenía muchos amigos en el cole y se sentía muy afortunada de que todo fuera bonito para ella, vivía ajena a guerras, crisis económicas y todas esas cosas que a esa edad no afectan para nada.
Una mañana su madre la dijo hija tenemos que ir al oculista y ella se extrañó pero hizo caso a su madre, llegaron al oculista y este la miró la vista a Matilde y dijo que la niña debía llevar gafas. A Matilde el mundo le pareció que el mundo se le caía encima, había una niña con gafas en su clase y todos, incluida Matilde, se metían con ella y la hacían la vida imposible y Matilde tenía miedo de que eso la ocurriera a ella pero a su madre eso le daba igual así que fueron a la óptica y le compraron unas gafas muy bonitas a Matilde. Las gafas eran rosas y casi hicieron olvidar a Matilde el miedo que le daba llevarlas a clase y que Johan el chico más guapo de su clase.
Al día siguiente Matilde apareció con sus nuevas gafas en su clase y en cuanto la vieron todos se empezaron a reír y a decirla lo extraña que estaba, incluso a meterse con ella. Matilde se sintió muy mal cuando Johan pasó a su lado y se rió de ella quitándola las gafas y diciéndola ten cuidado a ver si no vas a ver y te caes. Ella consiguió que él le diera las gafas pero todos los que antes habían sido sus amigos se reían de ella y eso la hacía sentirse horriblemente mal. En el recreo nadie se quiso ir con ella y se sentó en un columpió, empezó a balancearse lentamente y alguien vino por detrás y la empezó a dar muy muy fuerte hasta que hizo que se callera del columpio y sus gafas se rompieran. Los cristales se la metieron en la cara y la hicieron numerosas rajas pero lo que más le dolía era el orgullo que tenía incluso más heridas que su cara.
Los días siguientes los pasó enfurruñada con todos, su madre la había comprado unas nuevas gafas y eso la hacía sentirse mal por ella pero el enfado era más grande que el sentimiento de culpa. Una tarde en el recreo estaba Matilde sentada en una esquinita escuchando música cuando Johan se la acercó y la dijo “Lo siento mucho, fui yo el que te tiró del columpio y me siento muy mal por ello. También siento haberte insultado.” Matilde le miró y le dijo “Vale acepto tus disculpas” y Johan muy contento le dijo “¿Quieres venir a jugar con nosotros?”
Matilde jugó ese día y muchos más con Johan y sus amigos y cuando la quitaron las gafas no volvió a meterse con nadie que las llevara.