miércoles, 4 de mayo de 2011

Ibáñez, Sandra. Calliope Erin

Movimiento 1. Prelude: El Intermezzo de mis padres


Se conocieron a los 10 y 12 años respectivamente y mi padre jura que la amo desde ese primer momento. Un amor que fue madurando y consolidándose. Establecieron su residencia en el Condado de Mayo, lugar de nacimiento de el famoso escritor George Evans. Nuestra casa parecía haber florecido de la tierra. Papá la había hecho el mismo poniendo todo el amor en ella. Y mamá la rodeó de flores y era el paraíso. Todas las casas del pueblo están separadas por al menos un kilómetro, pero tus vecinos siempre me están metiéndose en tu vida, como esos parientes a los que te gustaría echar sin los que no puedes vivir. Allí fueron mis padres. Y allí nacimos los tres con ayuda de una doctora de campo que vivía a 5 kilómetros de nosotros. Rubia, con los ojos azules y una figura semejante a la materna nací segunda de tres hermanos en medio de tanta felicidad que casi podíamos cogerla con las manos.

Movimiento 2. Oberture: Recuerdos

Recuerdo las manos de mamá peinando amorosamente mi cabello con aquel perfume de lis que impregnaba nuestros cabellos siempre que nos tocaba. Recuerdo los lirios que ella cuidaba para, una vez florecidos, adornar nuestros cabellos. Recuerdo el beso de buenas noches que depositaba invariablemente en mi mejilla cuando las estrellas brillaban a través de las ventanas. Recuerdo sus consejos a la hora de bordar, y el bordador enorme que papá había construido. También recuerdo el beso secreto que guardaba para papá y para nadie más que él. Mamá explicaba que el beso había que dárselo solo a la persona a la que amases para compartir tu vida. Papá nunca ha conseguido más besos secretos después de que mamá se fuese. Recuerdo a Patrick y a mí mirando la cuna con Deirdre cogidos de la mano. Y las excursiones al río para pescar truchas los tres juntos. Recuerdo las manos dulces de mamá acariciándome el rostro cuando estaba enferma y luego recuerdo el ruido, el llanto de Deirdre y hasta mis lágrimas desbordándose como si fuesen el presagio de lo que esperaba. Papá corriendo y corriendo y nosotros solos. Y luego aquel silencio… La corona de flores que hicimos los tres para mamá. El vestido negro que picaba y rascaba. Toda aquella gente seria. Y desde entonces papá no volvió a sonreír. Y no hubo más cuentos, ni más caricias, ni aquel perfume de lis, ni tan siquiera el bordador.

Sé que nací un 12 de Octubre de 1994 porque papá me lo ha dicho, pero de mi infancia sobre todo guardo como un tesoro un cuaderno de dibujos, notas y música que mamá me ayudó a hacer. Ella me enseñó a cantar y a tocar la guitarra. Ella me enseñó a cocinar, a bordar, a reír. Me enseñó aquella sonrisa que asomaba en su rostro antes de darle un beso a papá. Y me enseñó cómo, a pesar de que nunca tuvo una infancia feliz, sabía irradiar felicidad a todos los que estábamos con ella.

Pero mamá desapareció y nosotros, huérfanos de ese amor maternal intentamos seguir con una vida sin el centro. Éramos, y creo que aún lo somos, planetas sin sol por el que seguir girando y como planetas sin sol seguimos adelante sin rumbo, buscando algo a lo que atarnos. La abuela nos regaló un perro que se fue pocos años después de irse mamá. Y nos quedamos también sin luna.

Movimiento 3. Intermezzo: En busca de un Sol

Y entonces cada uno decidió buscar su propio sol. Papá me descubrió cantando y para él fue una revelación. Deirdre descubrió los libros… Y para ella también se reveló un mundo nuevo. Patrick descubrió el arte, el arte que guarda el mundo, y decidió buscar a alguien que le inspirase para conseguir arte… Dos, o tres musas después Patrick admitió que necesitaba una musa de verdad. Alguien con la que se le acelerasen las manos y el corazón para crear algo de verdad, no solo para pasar un buen rato en su cuarto mejorando su técnica. Y entonces dejó de llamarlas musas. Y en cuanto a mí… Yo le descubrí a él. Había salido a buscar setas y cuando me quise dar cuenta iba siguiendo nubes que parecían bailar unas con otras al ritmo de mi música. Y entonces le vi. Acababa de cumplir los 13 años. Por fin podía trabajar en el bar del pueblo y a veces hasta cantaba para animar. Él acababa de mudarse. Iba con aquella túnica magnifica y yo en ese momento dejé de pensar en las nubes y en todo lo demás. Al parecer él pensaba exactamente lo mismo… Allí estábamos, mirándonos. El tiempo se había detenido, el sol había dejado de brillar, no importaba el agua que empapaba mis pies, ni el sol que estaba dándome en la cara, ni siquiera sabía la hora que era. Cuando alguien vive algo como lo que yo viví, deja de preguntarse qué es el amor, dónde está el beso secreto y para quién hay que guardarlo. Él era la respuesta a todas las preguntas que podía haberme hecho sobre el amor.

Pronto quedó claro que él no se parecía a mi en nada. Era el hijo de un importante miembro del partido de Irlanda, nieto del embajador de algún país lejano. Como venido en su blanco corcel de un lugar muy muy lejano. Pero yo no sabía nada de eso aquella tarde, solo puedo recordar sus manos sobre las mías y una especie de plegaria o poesía que murmuraba dulcemente. La voz de Patrick me sacó de aquel ensueño de palabras dulces y entonces huí de nuestro rincón del río. Cuando le volví a ver casi no le reconozco, y era obvio que él no podía creer que fuese yo. Él dijo “Tú eras un sueño” yo dije “Entonces no despiertes todavía” y cada palabra pronunciada parecían formar parte de la más bella historia de amor jamás contada, como sí el mundo no fuese más que un lugar donde escribir nuestra canción. Susurraba palabras que parecían eternas a través de canciones que eran solo nuestras, como si fuésemos las dos únicas personas que amaban. Su madre pronto descubrió aquellos encuentros. Él estaba prometido, yo era una chica de pueblo, su prometida era una belleza búlgara de cabellos carmesí y ojos verdes… La encarnación de la sensualidad. Y yo era solo aquella chica de pueblo con la que parecía haberse prendado. Cuando un hombre ama de verdad a una mujer no sufre bajo el influjo de las chicas más bellas. Y llevábamos ya 5 meses escribiendo nuestra sinfonía, convertida cuando ella apareció en una marcha fúnebre de un amor que no era más que el capricho de un chico rico con aquella chica de pueblo. Como un verano que se acaba aquel invierno se volvieron a mudar acabando con el tiempo juntos. Y yo me quedé cantando canciones sobre aquello que nunca fue… Aquello no podía ser amor, yo había visto a mis padres y sabía cómo se suponía que me tenía que sentir. Y las mil y unas lágrimas derramadas solo eran la respuesta de mi corazón que trataba de curarse con la sal del mar.

Movimiento 4. Segundo Intermezzo: Esperando un milagro

Y allí estaba yo, esperando el milagro que me sacase de mi amargura. Y entonces entró en escena Conor, el mejor amigo de Patrick. Decir que era guapo sería quedarse corta en su descripción. Mi padre le adoraba, era el típico muchacho irlandés. Fuerte, valiente, con aquel punto pendenciero y divertido… Y me supo hacer reír. Y yo supe hacerle reír a él. Siempre había estado solo que por alguna extraña razón estaba demasiado distraída con todo lo demás como para darme cuenta de que estaba ahí. Su novia era perfecta, guapa, popular, la chica más sofisticada del pueblo, y sin embargo me llenaba de rabia ver cómo le trataba. Como si fuese su juguete, su trofeo, y él siempre había sido algo más. No sé cuando pasó pero de repente a lo largo de aquel año empezó a hablar conmigo tanto como con Patrick. Confidencias y secretos y ella. ¿Por qué estaba con ella? ¿Por qué yo no podía hacer nada para que no estuviese con ella? Él debería estar con alguien que se lo mereciese… Con alguien exactamente igual a mí. Y sin embargo allí estábamos mirando los cuatro las estrellas y yo con aquella pregunta que me quemaba los labios. No me sentía capaz de decirle que en realidad yo quería estar con él. Quería ver aquella sonrisa auténtica siempre y no quería ver nunca más la falsa que parecía tener. De eso van las historias inconclusas de que nunca pueden concluir. Yo, volcada en la música para tener algún sitio en el que explicar todo lo que se me pasaba por la mente y de repente, un día como otro cualquiera apareció el milagro. Aquel hombre que quería que me alejase de todo para cantar a todas las chicas del mundo cómo nos sentimos. Y papá dijo que sí. Y Patrick dijo que sí. Hasta Deirdre aceptó ir, a regañadientes. Y de eso van los milagros, de que pase algo que no esperas que pase, aunque no fuese algo que deseases… Y ese es mi segundo Intermezzo… A la espera de un gran final.