jueves, 20 de octubre de 2011

20/10/2011 Congreso Internacional «Los placeres literarios: Francisco Umbral como lector»


           La primera mesa fue moderada por Ignacio Díez y el primer ponente fue Guillermo Laín Corona («Mirando a Francisco Umbral. Gabriel Miró en la novela de infancia umbraliana»). Umbral reivindicó a Miró como novelista. Decía que en sus obras se cumple «el placer de la lectura», que definió Roland Barthes. Según  Guillermo Laín Corona, tanto Miró como Umbral tienen sus raíces narrativas en el «Modernism» anglosajón, que exalta el yo. Cuando Umbral ganó el premio Miró con el cuento Tamoure, señaló su interés por Miró y la Vanguardia. Tanto Miró como Umbral escribieron novelas de infancia y aprendizaje con muchos aspectos en común. En segundo lugar, Denis Vigneron («Francisco Umbral: un cosmopolita de los libros») señaló que Umbral en sus obras trata tanto acerca de sí mismo como de la vida, se combina el egotismo y el cosmopolitismo. Umbral considera a Sastre un escritor «total». Le interesan las reflexiones existenciales de éste. Asimismo, Umbral aprecia a autores lúdicos como Ramón Gómez de la Serna. Estos dos autores comparten, además, la conciencia de la soledad como escritores. El escritor debe separarse de lo común, para otorgar su propio significado a las cosas. Umbral en Ramón y las vanguardias dice que «todas las palabras son poéticas cuando dejan de ser mostrencas». Umbral busca una renovación literaria que supere el realismo, la reproducción de lo que existe. La literatura debe ser creativa y expeditiva hacia nuevos modos de expresión. En tercer lugar, me correspondió exponer a mí («El abanico del tiempo en Los helechos arborescentes de Francisco Umbral»). Acto seguido, intervino Cristóbal Villalobos Salas («Umbral y prosistas de Falange»). Umbral valoraba el esteticismo y el cuidado del texto de los autores falangistas. En Los prosistas de la falange, un artículo, Umbral señala que los falangistas constituían un colectivo, paralelo a la Generación del 27. Umbral cita a los falangistas en Cesar visionario y Madrid 1940. Entre otros artículos dedicados a los falangistas, Dioniso Ridruejo, zarza ardiente hace una semblanza del escritor, que es aplicable a sus compañeros.

            En la segunda mesa, Gonzalo Santonja dio la palabra a Jorge Urrutia («Una lectura fijada: el café como símbolo»). Umbral emplea lo fragmentario para sugerir significaciones. En La noche que llegué al café Gijón la cita: «La sintaxis es una facultad del alma. Paul Valéry», no sirve ir al texto de Valéry para entenderla, ya pertenece al texto de Umbral y es difícil de interpretar. Umbral vuelca toda su vida, todo lo que sabe en la escritura o, como dice él, «escribir es la mejor autoafirmación». En segundo lugar, Lola Soriano Mollá («Umbral a la saga de su canon. Quevedo sólo, sólo Quevedo») comentó el interés personal de Umbral por Quevedo. Umbral encuentra en el poeta del siglo de oro un modelo de dandy, un hombre rebelde y con carácter. Umbral hizo una búsqueda de su estilo en comparación con Quevedo y presenta a éste en ochenta de sus obras, tanto teóricas como literarias. Según Lola Soriano Mollá, «en ocasiones Quevedo es la figura en la que Umbral se comprende a sí mismo».

            La tercera mesa fue moderada por Bénedicte de Buron-Brun. El primero en exponer fue José Ignacio Díez («El Umbral de Proust»). Hay numerosas referencias a Proust en Umbral. Por ejemplo, es evidente la cita en el título A la sombra de las muchachas rojas. Proust y Umbral no son novelistas en el sentido decimonónico. Umbral señala en Los placeres y los días que Proust escribe antinovela. Proust se caracteriza por ser un novelista del yo. Como valora José Ignacio Díez, es probable que los textos de Proust no sean antinovelas, pero sí son experimentales. Umbral toma a Proust como referente de estilo. Proust y Umbral coinciden en la importancia que dan a la metáfora y en que ambos se forman a sí mismos como personajes. En segundo lugar, Gonzalo Santoja («Un soneto y un cuchillo»). En 1973 Umbral publica  los libros Carta abierta a una chica progre, Los males sagrados y Diario de un snob. Asimismo, publicó el artículo La mujer torero. Según Gonzalo Santoja, este artículo reivindica la República; aboga por el derecho de la mujer a torear, prohibido durante el franquismo; y critica al régimen. En este artículo la precisión de la palabra se pone al servicio de la denuncia social. Gonzalo Santoja señaló que «los juicios de Umbral parten en la lectura, se forman en la intuición y salen al debate público».

            La siguiente mesa fue presidida por Mercedes Rodríguez Pequeño. El primer ponente de esta mesa fue Jesús Nieto Jurado («Entre el café y el deseo: el encuentro personal con los maestros»). El Café Gijón adquiere en Umbral una gran importancia porque «es donde se siente escritor». Umbral se mueve entre la idealización y la decepción respecto a este lugar. Umbral supo que era el lugar para conquistar literariamente Madrid y que estar en él le permitía conocer a sus maestros. Acto seguido, Miguel Ángel Auladell Pérez («Francisco Umbral y las gaseosas de bolita y los panes zurbaranescos de Azorín»). Umbral criticó la falta de fuerza de los textos azorinianos. En Suspiros de España, Umbral considera que la técnica de Azorín es fruto de «alfararería», sus frases «tartamudas» y, los silencios que emplea, obvios. Sin embargo, se puede apreciar que existe interés de Umbral por Azorín. En Ramón y las vanguardias, muestra una visión admirativa de Azorín como «escritor sin género» y, cuando escribe sobre Gabriel Miró, tiene a Azorín como referente. Umbral siempre tuvo presente a Azorín, aunque sea como antimodelo en muchos casos. En tercer lugar, Daniel Salanova («El motivo de la pérdida: intertextualidad entre Mortal y rosa, de Umbral, y Mrs. Cadwell habla con su hijo, de Cela»).  Mortal y rosa y Mrs. Cadwell habla con su hijo son dos obras en las que el marco circular de referencia es el hijo. Ambos textos rompen la estructura lineal, para volver repetidas veces sobre su marco. Después, Laura Arroyo Martínez («Umbral, lector de Miguel Delibes: entre la amistad y la crítica literaria»). A Umbral y a Delibes les unieron lazos laborales, en el periódico El norte de Castilla; lazos de amistad; y de crítica literaria. Se apreciaban como personas y como escritores. Umbral valoró que fue en El camino donde Delibes encontró su estilo al renunciar a los «dramones» y al optar por un estilo sencillo. Por último, Rafael Ruiz Pleguezuelos («La ficción como placer: Francisco Umbral y la literatura en su última producción periodística») valoró que todas las palabras que Umbral escribió son literatura o, como dijo Umbral, «el artículo es un genero, y concretamente, un género literario». En sus últimos escritos periodísticos, expuso acerca del estilo literario; autores, traía a debate escritores olvidados; y premios literarios, para critic. De este modo, convirtió las publicaciones periódicas para construir una visión sobre la literatura.

            En la tarde, Lola Soriano Mollá presentó a Mercedes Rodríguez Pequeño («Francisco Umbral, historiador, crítico y teórico literario»). Muchas de las obras de Umbral integran lo literario. Las palabras de la tribu, recoge escritores de la generación del 98, del 27 y de la falange; Los alucinados, «historia de los escritores que han sentido pasión por el lenguaje»; Trilogía de Madrid, hace centro de la escritura dentro del texto. Asimismo, Umbral fue un crítico de gran intuición. El placer que experimenta Umbral crece cuando lo comunica como crítica que transmite valoraciones y experiencias personales. Umbral establece lazos con los autores a través de la identificación, incorpora a los otros autores en su yo y en la construcción de él mismo como escritor. En Cómo eran las medias de Madame Bovary cuenta de un modo lúdico una concepción sobre la literatura.

            Por último, Lola Soriano Mollá moderó la mesa redonda, en la que Margarita Gabisu señaló que hasta hace poco el mundo académico no ha prestado atención a la obra de Umbral. Los estudios y los congresos son muy recientes y han comenzado fuera de España. Dos de los principales investigadores en Umbral son Castellani, Miguel García-Posada y Ana Caballé. En segundo lugar, Emilio Blanco hizo una revisión de los estudios sobre Umbral. No ha sido estudiado en la universidad porque su espíritu crítico es incómodo. Acto seguido, David F. Arranz comentó las referencias de Umbral al mundo académico. Y, finalmente, Eduardo Martínez Rico valoró que Umbral hizo de la lectura su trabajo y la influencia que ha tenido sobre otros autores.