lunes, 2 de mayo de 2011

Piñón, Yaiza. GAFAS Y COLUMPIO.

Habíamos quedado para ir al parque a pasar una buena tarde de verano. Lo estábamos pasando muy bien María y yo, cuando, de pronto ella se calló del columpio. Con cuidado la ayudé a levantarse. Me di cuenta de que se había roto las gafas, sus gafas preferidas, pues se las regalaron sus padres cuando cumplió 10 años. La llevé a casa y le contamos todo lo ocurrido a sus padres. Me despedí, y fui corriendo a mi casa. Me metí en la habitación e intente reunir todos mis ahorros guardados, para poder comprar unas gafas nuevas a mi amiga María. Bajé al salón y le pedí a mi padre si me podía llevar a alguna tienda para poder comprar las gafas a María.

Elegí las gafas más bonitas que había en la tienda, y me fui con mi padre a casa de María. Abrió la puerta su madre, y me dejo pasar. Estaba allí, sentada en el sofá, todavía disgustada por la pérdida de sus gafas. La salude y la dí el paquete. Ella me sonrió y muy ilusionada abrió el paquete. Pegó un salto del sillón y me dio un abrazo y un beso mientras me daba las gracias.

Desde entonces hasta ahora no se ha cambiado de gafas. Cada vez que nos vemos recordamos con mucha ilusión ese día en el que yo le regalé esas gafas.