martes, 26 de abril de 2011

Prieto, Daniel. UN AMOR DOLOROSO

Carlos se despertó y estaba en el hospital. Es un apasionado de las motos y por esa razón estaba él allí. Mientras daba una vuelta con su moto, la rueda de atrás resbaló y al caerse se rompió la pierna y se dio un golpe en la cabeza; por suerte estaba con su amigo Alejandro, y fue él quien pudo llamar a una ambulancia.

No se sentía triste por estar en el hospital si no lo contrario, ya que estaba muy bien atendido, en concreto por una enfermera: era rubia, alta, la más guapa del hospital, se llamaba Dolores.

¡Que suerte he tenido! –pensó-. Pero enseguida cambió de opinión, la hermosa enfermera no paraba de entrar en su habitación a cuidarle, tanto que empezó a agobiarle. Resultó que la enfermera se había enamorado de él.

Carlos aprovechó un descuido de Dolores, para largarse de la habitación en la silla de ruedas, aunque le dio un poco de rabia porque le iban a presentar a su nuevo compañero de habitación, que resulta que también tuvo un accidente de moto.

Fue a la sala de espera y se tomó un café con una napolitana de chocolate. Estaba completamente relajado, mirando todas las cosas de aquel hospital grande y nuevo hasta que apareció la rubia enfermera, que lo llevaba buscando desde hacía ya un buen rato. Carlos se dio media vuelta y huyó lo más rápido que pudo con la silla de de ruedas por todo el hospital intentando que no le encontrara.

La he despistado, se dijo a si mismo con un aire tranquilo. Iba a girar en la esquina cuando la enfermera se le echó encima, ya no había nada que hacer; solo podía volver a la habitación con Dolores, o tirarse por las escaleras.

Carlos se despertó con todo el cuerpo dolorido, estaba en el hospital, en su habitación. Abrió lentamente los ojos y pudo observar como aquella enfermera estaba ligoteando, pero no con él, si no con su nuevo compañero, del que parecía haberse enamorado perdidamente.

Lo extraño fue que Carlos no se alegró si no que sentía mas dolor incluso observando aquella escena que por los golpes que había recibido por haberse tirado por las escaleras.