martes, 26 de abril de 2011

Ibáñez, Sandra. Amor a primera vista

No, no, no a mi no me puede estar pasando esto, ¿Por qué las cosas más tontas que me pueden costar el empleo me pasan siempre a mí? No, no, no me puede estar pasando esto…

Yo soy una chica corriente, de 25 años, llamada Amanda, soy enfermera y trabajo desde hace unos 2 años en un hospital… ¡ah! Y lo más importante, estoy enamorada hasta las trancas de mi paciente.
Todo empezó un día normal y corriente, cuando de repente me llamaron de urgencia.

- ¿Qué ha pasado?- pregunté a Scarlett, mi compañera

- Tienes que ir con el doctor Davis, acaba de llegar un chico de 19 años que ha tenido un accidente con el coche

- Espero que no sea mucho

-Fui corriendo a urgencias para ayudar al doctor Davis cuando de repente me cruzo con un chico que esperaba a que le atendieran, tenía una pierna rota y varios rasguños en la cara, pero inmediatamente me fije que debajo de todos los rasguños había una cara preciosa, me quedé embelesada mirándole pero solo el Dr. Davis podía cortar mi embelesamiento.

- Amanda, menos mal que has venido, hoy estamos saturados- dijo cogiendo la ficha con los datos del paciente que tenía en la mano, y como no, yo no le estaba haciendo ni caso, ni siquiera le miraba- Tienes que hacerle una place la pierna y limpiarle las heridas, cuando hagas eso me lo traes a mi despacho, la radiografía me la andan por el ordenador a si que no te preocupes

-Perfecto, ¿Dónde está el paciente?- dije sin prestar atención y sin mirarle

-Ese de allí, Robert Stara

-No le estaba mirando, pero cuando vi que su dedo se cruzaba entre mi mirada y el chica que esperaba a ser atendido y me sentí muy feliz de atender a un chico tan guapo a si que me dirigí a la silla de ruedas en la que estaba sentado y le llevé a la sala donde se hacían las radiografías. De camino allí intentaba hablar con el, siempre lo hago para que los pacientes se sientan mejor y me di cuenta de que no sabía que decir, de que estaba nerviosa por hablar con el.

“Por favor Amanda, estas cosas no te pasan nunca ¿Qué te pasa?” Esta era la frase que se me repetía en la cabeza todo el rato, a si que decidí no hablar.

Después de la revisión con el doctor y de que le pusieran una escayola le llevé a su habitación y ahora si que tocaba el momento de hablar.

-Tiene hambre, puedo traerle algo de cenar- dije en voz bajita aunque se me entendió bien, incluso creo que me ruboricé.

-“Por favor Amanda, estas cosas no te pasan nunca ¿Qué te pasa?” Otra vez la maldita frase por mi cabeza

- No gracias, no tengo mucha hambre.

De repente entró una chica a la habitación y se lanzó a Robert, le dio un fuerte abrazo.
- Rob, ¿estas bien? ¿que ha pasado?

Entonces Rob la dio un beso y ha mi se me paró el corazón, no supe que hacer solo pude decir cuatro palabras

- Os dejo. Vendré luego- y salí de la habitación.
No sabía a quien recurrir, Scarlett se reiría de mi, el Dr. Davis, estaba muy ocupado y tampoco tengo relación con el, estaba sola, nunca me había sentido así aunque realmente no quería compañía.
Me fui al comedor privado para las enfermeras donde, obviamente, no habría nadie y no me confundía, me preparé un café, encendí la televisión y deje pasar el tiempo

“Por favor Amanda, estas cosas no te pasan nunca ¿Qué te pasa?” No, otra vez no.
Pero no podía seguir así a si que me levanté y me fui a la revisión que debía hacerle. Mientras iba de camino me crucé con Scarlett.

- Oye, tu no tenias a un tal Robert Stark- me preguntó

- Si- me preocupé- ¿Porqué lo preguntas? ¿Ha pasado algo?

- No, es que nos los han cambiado, tu estas ahora con un tal John Lannister

- ¿Y Robert Stark?

- Pues conmigo, oye tengo que irme. Te veo luego
No supe que hacerla, si llorar, tirarla de los pelos o reclamar lo que es mío, de de todas maneras no tengo nada que hacer…

Pasaron los días, cada vez se me rompía menos el corazón cuando le veía por los pasillos, pero lo peor fue a los dos días que se tuvo que ir, no se iba a quedar Allis eternamente. Ese día lo pase realmente mal, jamás lo olvidaré.