martes, 12 de abril de 2011

López, Guillermo. El Hombre de cristal

Una mañana de un caluroso verano, nuestro hombre de cristal de cuyo nombre no estoy seguro decidió salir a la calle. El hombre de cristal tenía un problema: cuando hacía frio se le veían las ideas dada su transparencia, por lo cual siempre iba con sombrero. Pero ese día no lo tenía, lo había llevado a que le cosiesen una costura. El hombre de cristal se había levantado con ganas de comer chocolate, pero al ir hacia la despensa se dio cuenta de que no le quedaba. Esto era un problema pues el hombre de cristal no había cobrado ese mes todavía y por lo tanto no tenía dinero. Después de hacer esta reflexión decidió ir a robarlo al supermercado de la esquina.

Nada más salir a la calle se dio cuenta de que tenía una cosa a su favor, al hacer calor la cabeza se le llenaba de vaho y no se le veían las ideas. Cuando el hombre de cristal entró en el supermercado se miró a la cabeza y vio que el vaho le había abandonado. También tuvo la mala suerte de que había un policía comprando nocilla que estaba al lado del chocolate. El hombre de cristal fue con cuidado a cogerlo pero en ese mismo momento el policía se volvió y se dio cuenta de que el hombre de cristal iba a robar chocolate ya que la cabeza era transparente. El hombre de cristal al percatarse salió corriendo del lugar pero el policía le siguió.

-¡Alto ahí, no huyas de la autoridad!- dijo el policía.

El hombre de cristal robó un coche y piso el acelerador a fondo para intentar huir del lugar pero el policía ya había arrancado su coche. A partir de ahí se inició una persecución en plena calle. Cada manzana que recorría el policía se acercaba más al coche del hombre de cristal hasta que nuestro hombre no pudo esquivar una farola y se chocó. El policía se bajo del coche y puso las esposas al hombre de cristal. Después se lo llevo a comisaría y lo triste de esta historia es que por culpa del jefe del hombre de cristal que no le pagó le cayeron a nuestro hombre 5 años de condena por hurto menor.

FIN