miércoles, 23 de febrero de 2011

La realidad y la fantasía en El retablo de las maravillas de Cervantes

«Óigame, don Fulano, ¿y qué nombres conoce usted...?»
«Pues, mire, don Zutano, conocía tres o cuatro, pero ya se los di al señor Hinojosa».
«¡Vaya, hombre, cuánto lo siento!».

Torrente Ballester. La saga/fuga de J. B.



El retablo de las maravillas forma parte de las Ocho comedias y ocho entremeses nuevos escrita por Miguel de Cervantes. Fue publicada en 1615. En su prólogo, el autor da cuenta con tono nostálgico de la época de Lope de Rueda y la humildad con la que construía su sencilla tramoya y los trucos escénicos, de la representación de sus obras y de Lope de Vega y su abundante producción teatral. El retablo de las maravillas es interesante por las relaciones que establece entre la realidad y la ficción. Presenta a unos personajes vulgares más preocupados por aparentar que son cristianos viejos, que por cultivarse. Llegan Chanfalla y Chirinos a un pueblo y con la palabra engañan a los atolondrados villanos. En cierta manera, presenta una realidad de personajes ridículos, pero, por otra parte, los historias de Chanfalla y Chirinos hacen que los demás sueñen y expandan su imaginación.

La obra se inicia con la llegada de los autores del retablo, Chanfalla y Chirinos, al pueblo para representar su retablo. Se dirigen a las personas más eminentes del pueblo para ofrecerles una representación privada y les avisan que sólo será visto por aquellos que no sean ni bastardos ni conversos. En el tiempo de Cervantes, ser cristiano viejo era socialmente muy importante. El teatro del s. de oro representa la necesidad de los españoles por acreditar su fe como una auténtica obsesión y Cervantes la llega hasta la parodia. Afirma Reed lo siguiente: « “El retablo de las maravillas,” the deception reveals the villagers’ hypocritical preoccupation with honor and blood purity as sham, as an empty illusion (199)». Hay un paralelismo entre la ilusión que crea el retablo y la vida ilusoria que llegan los personajes. Todos ellos son personajes bastante ridículos y cuyo único mérito, si es que lo tienen, es ser cristiano:

El tema del ilusionismo, dominante en el entremés, su poder mágico, dentro de lo ''maravilloso'', es biunívoco como suelen ser las manifestaciones carnavalescas de la violación de lo corriente, es la vida apartada de su curso normal. Por eso el hecho de la afirmación de las personas que asistían la representación y nada veían de ella de que veían todo lo que pasaba en el retablo y la actuación, representando su creencia. Era posible, además de que es contagiante una manifestación grupal (Vieira).

Cuando el Gobernador sabe que el músico es cristiano exclama: «¡Calidades son bien necesarias para ser buen músico! (176)». Comentario que es francamente ridículo y que va construyendo lo que podríamos llamar la personalidad nacional. El retablo de las maravillas es una crítica a la manera de ser de los españoles propia de los tiempos de Cervantes. Presenta a los cargos más importantes de una localidad como seres muy ignorantes y que valoran a las personas no en función de sus méritos, sino de su fe.

El retablo de las maravillas es una obra metateatral que destaca por su complejidad (Hermenegildo: 8). Dentro de la obra tiene lugar otra teatral. Chanfalla y Chirinos dirigen la representación, a la que también asisten Rabelín, el Gobernador, Benito Repollo (alcalde), Juan Castrado (regidor), Pedro Capacho (escribano), Juana Castrada y Teresa Repolla y el Furrier de compañías. Los espectadores se sientan ante el retablo y Chanfalla y Chirinos les hacen creer que aparecen ante ellos: Montiel, Sansón, el toro que mató al ganapán de Salamanca, los ratones, los leones rampantes, los osos colmeneros, el agua del río Jordán y Herodías.

Los espectadores necesitan demostrar al resto que son cristianos viejos de tal manera, que ven lo que Chanfalla y Chirinos les dicen que hay ante ellos, aunque en realidad no hay nada. El pacto de ficción que se produce dentro de El retablo de las maravillas no se establece de manera libre, sino coartada por la premisa que imponen los comediantes a los espectadores: ni conversos ni bastardos podrán ver el retablo. Y por ello, por temor a la exclusión social, los asistentes «ven» lo que no existe en la realidad. Casi todos los personajes se sugestionan hasta tal punto que, por ejemplo, se asustan ante la terrible fuerza de Sansón, notan como se les cuelan los ratones bajo las ropas y sienten cómo les golpea el agua. Sin embargo, ni el gobernador ni el Furrier tienen estas experiencias. El primero teme, en vista de que todos ven aquello que el no es capaz de ver, ser un converso: «Basta: que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrila (177)». El segundo, que ha llegado empezada la representación, y, por lo tanto, no ha recibido la premisa; no comprende nada y, cuando le acusan de converso, la emprende a cuchilladas. Según Eugenio Asensio:

Es una parábola de la infinita credulidad de los hombres que creen lo que desean creer. Es una estratagema para proyectar la crítica de la morbosa manía de limpieza [de sangre], mentira creadora de falsos valores que envenenaba la sociedad española. Y es una sátira del villano contemplado no como fuerza ascensional, que aspira a plena dignidad, sino como objeto cómico, bueno para desatar las carcajadas del espectador: tras el aparentemente gratuito juego de la imaginación está agazapado un antagonismo social (Wardropper: 25).


El motivo del «engaño a los ojos» ha sido tratado por muchos autores. Podemos citar dos ejemplos previos a Cervantes: el cuento 32 de El conde Lucanor y La divina comedia de Dante, en la que su protagonista se enfrenta a numerosas ilusiones. Un ejemplo de autor posterior que emplea este motivo es Andersen. Cervantes presenta a unos personajes ridículos, con influencias de la Comedia del arte y sus personajes Pantalone y Polichinela. Lo más interesante de El retablo de las maravillas consiste en las relaciones que establece entre realidad y ficción, como señala Robert Marrast:

La fiction qu'on nous présente est . . . double: nous rirons de voir les villageois se convaincre et tâcher de convaincre leur voisin de la réalité du spectacle imaginaire qui leur est présenté. Nos complices sont alors les baladins, intermédiaires d'une part entre le retable —fictif pour nous, imaginaire mais tenu pour réel par les spectateurs dont nous sommes les spectateurs— et la salle —fictive, mais non imaginaire pour nous, où sont assemblés les paysans. C'est ce jeu complexe entre la réalité et l'illusion, différent selon le plan où l'on se situe, qui révèle l'extrême subtilité de l'art de Cervantès (Wardropper: 25-26).


La llegada del Furrier de compañías, ignorante del mecanismo del retablo, da lugar al clímax del entremés. Produce el choque entre los personajes reales y los ficticios y desencadena una pelea. Los personajes que asisten a la representación desde el comienzo, son, como hemos visto, ridículos, pero tienen la capacidad de fantasear. Pueden escapar a la realidad tan gris que les rodea y vivir con todos sus sentidos la ficción. Tiemblan ante el poder de Sansón, se espantan de los ratones y ven paisajes idílicos. Se podría pensar que lo único que hacen es escapar de su realidad. Pero viven con tal intensidad la ficción, que, para ellos, es real y, por ello, son capaces de experimentar un mundo mucho más rico que el que el cotidiano. Sin embargo, el Furrier representa la realidad. Una realidad en la que España estaba en constantes guerras. En este momento se rompe la fantasía y los personajes regresan al mundo vulgar. Se rompe el encanto que habían producido Chanfalla y Chirinos, y el resto se enzarzan en una absurda pelea.


Referencias

Cervantes, Miguel de. El retablo de las maravillas. En Entremeses. Madrid: Castalia. 1986.

Hermenegildo, Alfredo. Mirar en cadena: artificios de la metateatralidad cervantina. Consultado en: google scholar

Reed, Corin A. Ludic Revelations in the Enchanted Head Episode in Don Quijote (II, 62). Bulletin of the Cervantes Society of America. 24.1. 2004. Pp. 189-216.

Vieira de Oliveira, Ester Abreu. Estudio de la risa en el entremés del Retablo de las maravillas de don Miguel de Cervantes bajo teorías filosófica y lingüística. Anales 2 del Congreso brasileño de Hispanistas. Octubre 2002.

Wardropper, Bruce C. The Butt of the Satire in El retablo de las maravillas. Bulletin of the Cervantes Society of America. 4.1. 1984. Pp. 25-33.