jueves, 6 de enero de 2011

Un Pícaro en la cumbre. "El recurso del método" de Alejo Carpentier

El recurso del método recupera la picaresca en el s. XX para reflexionar sobre la realidad hispanoamericana con ironía, principalmente sobre la figura del dictador. Carpentier adapta el género a la realidad americana. En primer lugar se analizará al Primer Magistrado en los siguientes aspectos: su naturaleza picaresca, en cuanto a si refleja la definición picaresca, diferencias con respecto al modelo tradicional y variaciones que Carpentier realiza de las características originales; la oratoria como constructora de su identidad; su ascenso y caída; y su naturaleza heroica en unos aspectos y viciosa en otros. En segundo lugar, se observará el sentimiento de pertenencia de los personajes a una tierra. Tanto el Mandatario como en su hija, Ofelia[1], están divididos. Ambos son hijos de la Nación latinoamericana[2], pero desean acceder a la sofisticación de París. La novela establece una bipolaridad entre la primera, el allá, y la segunda, el acá. Se compararán los valores que definen a estos polos.


1 El Primer Magistrado, el Pícaro que subió a la cima y se encontró solo

1.1 Un Pícaro en Palacio

Francisco Rico recoge la siguiente definición de Pícaro: “… sujeto-generalmente, niño o mozo- «vil y de baja suerte, que anda mal vestido y en semblante de hombre de poco honor»” (101). Las vivencias que se relatan del Primer Magistrado son de madurez. Éstas se refieren principalmente a su presidencia y cuando es forzado a dejar el cargo. A lo largo de este tiempo el personaje es rico. No obstante, hay referencias a su juventud pobre (139-140). En lo único que se adhiere a la definición es en tener poco honor. El Pícaro, al situarse en Latinoamérica, sufre una transformación. Tal como recoge María Rosa Uría Santos, la intención de Carpentier de “hacer la ‘picaresca del dictador’ y explica que el pícaro de la tradición española, trasladado a un continente inmenso, se agiganta, cobra apetencias nuevas y se convierte- siguiendo un proceso ascendente- de personaje insignificante en dictador” (388).

En la picaresca tradicional[3] el protagonista rememora su biografía, mientras que Carpentier, en su mayoría, relata los hechos en desarrollo. La construcción de la narración se diferencia por empezar con acción, en la que, no obstante, se muestra la naturaleza del personaje y el contexto histórico por los periódicos que está leyendo. Pospone el origen del personaje hasta más avanzada la novela. Del mismo modo, frente a la mayor linealidad de la picaresca original, que encadena eventos biográficos original; Carpentier de cabida a digresiones culturales y hay una serie de repeticiones que otorgan al texto una estructura en espiral. Fernando Lázaro Carreter señala que la picaresca está contada en primera persona. Mientras que El recurso del método se mueve entre la primera persona del Mandatario, una tercera persona bastante próxima a él, y la primera persona de Peralta, el secretario del Mandatario. Los puntos de vista de estos tres narradores son cercanos, de modo que Carpentier hace transiciones suaves entre ellos. Un ejemplo de esto es el comienzo del primer capítulo con la tercera persona, Peralta promete velar el sueño del Primer Magistrado (113), y la narración continúa en el mismo tono ahora contada por el ayudante. En la picaresca el protagonista puede mejorar dentro de unos límites su posición. En cambio el dictador aparece en decadencia, se acerca al fin de su mandato. Dibujará un mayor contraste entre su niñez pobre, el posterior encumbramiento político y el final ostracismo y muerte.

Se tratarán cuatro variaciones. La primera es respecto a que el Pícaro pretende ascender socialmente. El Primer Magistrado sale de la pobreza hasta colocarse en la cúspide del poder. Ha tenido un éxito relativo. Si bien ha adquirido una posición social en Latinoamérica, su lugar de referencia es París. Como desvaloriza su cultura e idealiza la de la capital francesa, el Mandatario se vive a sí mismo como un ser hambriento de la vida social parisina: “… había tenido yo el honor de cenar, más de una vez, compartiendo la intimidad del gran poeta” (85). El Primer Magistrado está en pleno proceso de ascenso social. En este caso, sus necesidades no son físicas sino de pertenencia a una élite intelectual. La segunda variación consiste en que reelabora la obtención de dinero señalada por José Antonio Maravall. En este caso el Mandatario da dinero a otros personajes. No obstante, es un medio para conseguir reconocimiento. Como el ascenso para el protagonista pasa por ser admitido en los círculos cultos parisinos, el que de dinero a sus amistades para ganárselas cumple la misma función que el Pícaro tradicional que trataba de conseguir de comer. Ambos sacian la necesidad planteada en sus respectivas novelas. La tercera diferencia con respecto a la picaresca tradicional consiste en que el Primer Magistrado, salvo por las referencias a su juventud y sus encuentros libertinos, no se mueve por diversas clases sociales, sino entre círculos selectos que representan lugares. Compara el carácter de diversas poblaciones y sus expresiones artísticas. Analiza las sociedades de un modo más directo que la picaresca tradicional. En lugar de tratar a una serie de personajes como representantes de posiciones sociales, reflejan el carácter de todo el colectivo. Los personajes que conoce el Primer Magistrado representan la raza y los rasgos de carácter propios de su lugar de origen. Y la cuarta se refiere que el Pícaro tradicional desempeña diversos trabajos para sobrevivir. En ocasiones éstos son penosos, pero los necesita para comer. El Primer Magistrado asume responsabilidades que le desagradan como la de General, no por necesidad, sino como un requisito para llegar hasta los círculos parisinos. Así, el Mandatario reflexiona, “Y pensaba, burlándose de sí mismo, en el personaje de la comedia de Molière que era cocinero cuando usaba gorro y cochero cuando se ponía librea” (125). Ejerce su rol de mandatario de un modo superficial, y pasa la mayor parte del tiempo en París. No obstante, tiene que hacer uso de toda su picardía para mantenerse en el poder. En este sentido María Rosa Uría sostiene que esta novela no es “picaresca del dictador”, sino “picaresca del poder”.

1.2 Entre embaucadores anda el juego, la fuerza de la palabra

Esta novela reivindica el poder de la palabra como elemento para conseguir fines y caracteriza a los personajes. En la Nación la oratoria para ser “eficiente para nosotros cuanto más frondosa, sonora, encrespada, ciceroniana, ocurrente en la imagen, implacable en el epíteto, arrolladora en el crescendo…” (90-91). Ofelia mezcla términos elevados, propios de su status, con otros bajos para chantajear a su padre. Es capaz de adaptar el discurso según sus necesidades, avasallando a su padre con palabrotas para hacer su voluntad, y después regresar al lenguaje elevado. “En tales momentos, los coños y carajos de la Infanta. Como la llamaba mi secretario- alcanzaban las mismas alegorías del Arco de Triunfo. Y, terminada la tempestad, habiendo logrado lo que deseaba, Ofelia volvía a un idioma tan fino y sutilmente matizado que a veces, después de oírla, tenía yo que acudir al diccionario para comprobar el peso cabal de un adjetivo o de un adverbio destinado, acaso, en el futuro, a realzar los vuelos de mi propia oratoria” (98-99). Ofelia vence al dictador por dos vías. Primero las palabras vulgares de la “Infanta” se enumeran con ironía como “alegorías del Arco de Triunfo”. Esto degrada la finura del personaje, pero pone de manifiesto su poder. Pasada la “tempestad”, que da idea del estrépito con que se desboca Ofelia, pule sus palabras como orfebrería, hasta inspirar futuros discursos del dictador. Tanto en Ofelia como en el Mandatario chocan elementos de personalidad altos y bajos. La elocuencia del discurso del Primer Magistrado, al recibir la noticia del alzamiento, se restringe a improperios, pero en su caso son expresión de impotencia (101). Hay un juego de registros, entre la erudición y la elegancia frente a la grosería más irascible. María Rosa Uría señala respecto del dictador, aplicable también a Ofelia, que es en personaje dual. (389).

El Primer Magistrado queda definido del siguiente modo:

“…el Presidente, arrancando en tiempo lento, marcando las pausas, como era su costumbre, empezó a pronunciar un discurso bien articulado, sonoro en su atenorado diapasón, preciso en sus intenciones, aunque se adornara demasiado- éste era el parecer de muchos- de expresiones tales como ‹‹trashumantes››, ‹‹mirobolante››, ‹‹rocambolesco››, ‹‹erístico››, ‹‹apodáctico››, antes de que subido de tono en una relumbrante movilización de horcas caudinas, espadas de Damocles, pasos del Rubicón, trompetas de Jericó, Cyranos, Tartarices y Clavileños, revueltos con altivas palmeras, señeros cóndores y onicrótalos alcatraces se diese a increpar a los ‹‹jenízaros del nepotismo››, a los ‹‹miméticos demagogos››, a los ‹‹condotieros de alfeñique››…Muchas burlas debía el Primer Magistrado a los rebuscados giros de su oratoria. Pero- y así lo entendía Peralta- no usaba de ellos por mero barroquismo verbal; sabía que con tales artificios de lenguaje había creado un estilo que ostentaba su cuño y que el empleo de palabras, adjetivos, epítetos inusitados, que mal entendían sus oyentes, lejos de perjudicarlo, halagaba, en ellos, un atávico culto a lo preciosista y floreado, cobrando, con esto, una fama de maestro del idioma…” (118-119).

La entonación, ritmo y palabras dramáticas y recargadas caracterizan al Mandatario, que se ha construido a sí mismo y a los ojos de su pueblo a través del uso de la retórica. Pretende ser un erudito, empleando términos grandilocuentes, que denuncian los discursos vacíos engañosos y motivaciones mercenarias de sus oponentes políticos. Una carta de los estudiantes le acusa en términos parecidos, “…donde se le calificaba en remedo y chunga, de ‹‹Tiberio de zarzuela››, ‹‹Sátrapa de Tierras calientes››, ‹‹Moloch del Tesoro Público››, ‹‹Monte-Cristo rastacueros›› que, en sus paseos por Europa, andaba siempre con un millón en la cartera. Su ascensión al poder había sido ‹‹el 18 Brumario de Monipodio›› y ‹‹Concilio de cúmbilas›› (122). Se burlan del barroquismo, con que se expresa el Primer Magistrado, y emplean el mismo tipo de epítetos. La carta opone referencias a un emperador, a una clase gobernante del imperio Persa o un dios fenicio y Monte-Cristo con un género musical popular, Tierras Calientes, el tesoro público (que se debe referir, por lo que viene a continuación, a que es un dilapidador del mismo) y vividor, respectivamente. Asimismo su ascenso al poder es ilegítimo y lo ejerce con decretos que favorecen a su círculo. La repetición de estas oposiciones de díadas de sustantivos separados por la preposición “de” genera un ritmo que sirve para caracterizar al Primer Magistrado y su gobierno pertenecientes a alta cuna, pero de baja catadura moral. Señala Francisco Carrillo que “Toda la picaresca está montada sobre la usurpación de identidades, de nobleza, apellidos y nombre” (76). Uno de los hijos del Mandatario, Marco Antonio, está obsesionado con los títulos. Si bien no es el caso de su padre, usurpa la presidencia del Estado y el título de General. Las contradicciones del personaje producen, de un modo parecido al que ocurre con el Estebanillo González, una desmitificación del Pícaro en palabras de Rudolf Van Hoogstraten. El Mandatario no es el Lazarillo que va aprendiendo de los golpes de la vida, ni El Guzmán de Alfarache, que acaba elevándose moralmente. Comparte con Estebanillo González el beber sin medida, que le hace objeto de burla; y, como señala Rita Gnutzmann: “el protagonista de El recurso del método ha resultado un dictador bufón, general de título usurpado y pícaro” (324).

El recurso del método hace un paralelo entre el desgaste político del protagonista y el de su discurso. Tras el segundo alzamiento el narrador dice “Y esas palabras no le venían a la mente, porque las clásicas, las fluyentes, las socorridas, las que siempre había usado en casos anteriores, parecido a éste, de tanto haber sido remachadas en distintos registros, con las correspondientes mímicas gestuales, resultan gastadas, viejas, ineficientes…” (198). Sus discursos se han caracterizado hasta ese momento por emplear las palabras “Libertad, Lealtad, Independencia, Soberanía, Honor Nacional, Sagrados Principios, Legítimos Derechos, Conciencia Cívica, Fidelidad a nuestras tradiciones, Misión Histórica, Deberes-para-con-la-Patria, etc, etc” (199). Esta es una larga lista de elevados principios, todos en mayúscula, que a fuerza de usarlos demagógicamente se han quedado huecos. La decadencia política del Mandatario es reforzada con dos citas a obras, en las que la lluvia juega un papel simbólico respecto a la traición política (129-130).

1.3 Espirales: el ascenso de la rebelión y la caída del tirano

Según Salvador Arias el tiene una estructura espiral. Se repiten situaciones de lucha por el poder, en las que éste se va desplazando. Aparecen asonadas militares “en los capitulillos 1, 4 y 7, que terminan precisamente con las noticias de los alzamientos…en la pujanza, cohesión y legitimidad de los alzamientos es donde la espiral se vuelve ascendente. Ataúlfo Galván, Luis Leoncio Martínez y el General Hoffmann están en la línea convencional de la asonadas latinoamericanas, mas con El Estudiante y su bien preparada Huelga se pasa cualitativamente a otra dimensión, que supone la caída del Primer Magistrado…” (53). La historia de la Nación es una sucesión de golpes de Estado dirigidos por hombres de confianza del Gobierno. Incluso el Primer Magistrado accedió al poder de este modo. Las indicaciones que hace este personaje respecto a la inestabilidad política del país adelantan que él mismo está destinado a ser derrocado. Esto lo logrará El Estudiante, un personaje con poca presencia física y que le vence no con la fuerza, sino con la propaganda y la huelga. María Rosa Uría precisa que frente “al simple cuartelazo- mero relevo de guardia entre correligionarios- y el verdadero espíritu revolucionario simbolizado en la figura de El Estudiante, personaje que representa la nueva juventud hispanoamericana…” (390). Tanto él como la imprenta donde produce las hojas, que acabarán con el régimen, están ocultos. La figura del dictador es desgastada por un enemigo invisible, pero que tiene un discurso convincente. El poder se va debilitando por el traspaso de apoyo conforme se acumula la propaganda, sin que el gobierno de con su origen. La gran ironía es que el Mandatario es derrocado por lo mismo que le encumbró, el uso del lenguaje. La forma de narrar el encuentro entre el Primer Magistrado y el Estudiante tiene particularidades estilísticas: se intercalan los pensamientos de los personajes acercándose a la simultaneidad de sus impresiones (318-319), y se modula el tono de los personajes con acotaciones escénicas. La conversación entre ambos oradores donde irónicamente es simple.

1.4 Héroe y vicioso

El dictador es, como analiza Salvador Arias, un hombre culto. Sabe de ópera, literatura, pintura y otros campos. No obstante, son igualmente prominentes sus vicios: bebe en grandes cantidades, va a burdeles (110-111) y engaña a su mujer repetidas veces. El contraste entre sus excesos y las formas que adopta para ganar dignidad le da un carácter burlesco. Por ejemplo, se lamenta de lo mucho que la población bebe, no toma en público, pero sí a escondidas. Igual que se comentó respecto a las obscenidades que dice Ofelia, ambos polos acaban por tocarse, y su hijo se admira “ante un poder de absorción que aventajaba al suyo” (112). El Mandatario es un conjunto de virtudes y vicios en el que la admiración que genera, entre verdadera e irónica, hace de él unas veces un personaje heroico y otras una broma. Ha sido capaz de levantarse desde la pobreza, sacando adelante con dificultades a su familia, pero ahora es infiel; o va a la ópera y después al burdel. El resto de personajes expresan esta mezcla de lo alto y lo bajo: “La Gaby, vestida de novia, coronada de azahares, se hacía desflorar cuatro o cinco veces cada noche, cuando no estaba de turno en la mañana- «la guardia», llamaban a eso- por aquello de que alguno amigos de la casa, a pesar de las canas y de la Legión de Honor, conocían aún, de tarde en tarde, la gloria de los despertares triunfales de Víctor Hugo” (80). Gaby esta ataviada como una novia, lo que se asocia a la pureza, pero es prostituta. Esta combinación de extremos define la estética de esta obra.

2 De acá y de allá,


2.1 Nacidos allá, pero afincados acá

El aspecto de Ofelia muestra su carácter. Éste se establece en una enumeración de las ropas que lleva, su peinado y se insinúan sus formas. A continuación, éstas se definen con “…mi hija venía a ser algo así como un hermoso Gauguin surgido de las ondas vaporosas de un alba estival” (96). A lo que ella responde: “¡Ah! En todo caso la Noa-Noa del Distrito XVI” (97)[4]. Su vestimenta da cuenta de que es una mujer elegante, seductora, fuerte y la referencia pictórica refuerza la imagen sensual. Su padre señala que: “Era una mujer de piernas largas, pechos menudos, delgado talle-nueva raza que nos estaba naciendo allá- y nada debía su pelo lacio, rizado por artificio y moda, a los ensortijamientos capilares que muchos compatriotas nuestros contrariaban con el uso de la famosa Loción Walker”. Tanto ella como el Primer Magistrado tienen como grupo de referencia lo francés y desdeñan un tanto lo latinoamericano. La elección del término acá para París y el de allá para la Nación indica la cercanía del Mandatario respecto del primero, y la distancia con la segunda. El físico de Ofelia es propio de una nueva raza que se asemeja al ideal europeo, que buscan los miembros de la Nación tratando de alisarse el pelo. Asimismo, Ofelia se viste de acuerdo a la moda del acá. Lo francés se percibe refinado y culto, frente a lo indígena americano salvaje y fuerte. No obstante, la comparación tiene otros muchos matices y, cuando el Ilustre Académico defiende que el allá es bárbaro por descender de las atrocidades cometidas por los españoles, Peralta da cuenta de otras tantas matanzas llevas a cabo por franceses (171-172). El Primer Magistrado se lamenta del “…destino de los pueblos latinoamericanos, siempre trabados en combate maniqueísta entre civilización y barbarie”. Pese a esto, la realidad de su país le es ajena. Así, los golpes de Estado suceden estando él fuera y sólo regresa para sofocarlos. En esos momentos se llena de energía y da numerosas órdenes. La sucesión de intervenciones con puntos sucesivos genera la sensación de un ritmo trepidante, en el que el Primer Magistrado no puede esperar a terminar una orden para dar la siguiente (103). Sin embargo, en el siguiente capítulo el levantamiento queda en un segundo lugar, mientras el protagonisa va a la ópera en Nueva York y después a un burdel.

2.2 Lugares en comparación

En el allá se ofrecerá un apartado sobre la Habana por la carga sensorial con que es descrita. El acá se refiere a París, como la cumbre de la cultura. Nueva York trata de emular la sofisticación europea.

2.2.1 Allá

2.2.1.1 La Nación

Al regresar a su tierra tras el primer levantamiento dice el Primer Magistrado: “…me traía, de repente, remembranzas de olvidados sabores, ligadas a rostros idos, a cosas recogidas por la mirada, archivadas en mi mente. Respirar a lo hondo. Beber despacio. Vuelta atrás. Paramnesia… cosas aún debidas a un allá que, de hora en hora, me iba quedando más lejos, al pie de su Arco de Triunfo-, a medida que ascendía hacia el Sillón Presidencial, recobrando una agresividad acaso debida al reencuentro con las vegetaciones cercanas, trabadas en una ininterrumpida lucha por reconquistar el claro de la carrilera por donde resoplaba nuestra locomotora, consideraba yo los acontecimientos con mayor encono y pasión.” (115-116). Este país es salvaje hasta el punto de que la naturaleza se opone al avance de la civilización. Las experiencias sensitivas expresan el pasado del dictador, que se hunde en esa tierra primigenia e insondable. El Mandatario toma contacto con su carácter pasional y desbocado en estos recuerdos. De este modo, es verosímil que en el extranjero el protagonista sea un refinado melómano, frente a la brutalidad que desplegará para reprimir los levantamientos en su país. Las teorías militares alemanas resultan impracticables en la Nación. “Esas batallas ideales, llevadas a catalejo y gemelos, con cartas cuadriculadas y aparatos de precisión, hacían soñar, desde luego, a ciertos generales de bigotes kaiserianos… Las batallas nuestras, en cambio, había que llevarlas-como la de hoy- de a cojones, olvidando las teorías enseñadas en Academias Militares” (132). El modo de concebir la guerra marca también los caracteres, mientras para los teóricos alemanes es cuestión de razón y cálculo, en Latinoamérica pasa por la lucha en el terreno y el valor. Del mismo modo que su hija, el Primer Magistrado tiene dos tipos de discursos. El refinado, que emplea al apreciar el arte en Europa; y otro soez y enérgico para combatir a sus enemigos en el país. La naturaleza profunda del Mandatario y Ofelia está en su tierra natal, un tanto salvaje, que queda reflejada en un habla más agresiva y vulgar. Frente a esto pretenden pertenecer a la cultura europea, y por eso cuando están en Francia se revisten de sofisticación y buen gusto. Pero esto último es más superficial y, en los momentos difíciles, recobran su forma original. Incluso en sus intentos de erudición, el Mandatario resulta a veces fuera de lugar. Así dirige a su ejército de acuerdo a los Comentarios de las guerras de las Galias de Julio César. Uno de los aspectos que se contraponen entre el allá y el acá, es lo salvaje frente al desarrollo. Pero ninguna de estas dos situaciones es ideal. Así, cuando la capital se enriquece gracias a la Primera Guerra Mundial, pierde sus raíces míticas originales. El volcán “nevado, majestuoso, lejano” (77-78), “El Volcán, el Volcán-Abuelo, el Volcán Tutelar, morada de Antiguos Dioses, símbolo y emblema, cuyo cono figuraba en el Escudo Nacional, era menos volcán…” (230). El progreso genera en el Mandatario una nostalgia por la identidad telúrica de su Nación.

2.2.1.2 La Habana

Esta ciudad se caracteriza porque “olía a tasajo, a melaza, a humo de torrefacciones, arrojando aquí, allá, según entrara la brisa del puerto, vahos de azúcar prieta, horno caliente y café verde, en un vasto respiro de establos, talabarterías y moho de viejas murallas, aún frescas de rocíos nocturnos, salitres y musgos” (113). En La Habana el personaje está en contacto con olores de comidas sencillas, el aire, los puestos artesanales y viejas construcciones. Igual que el volcán representa lo telúrico. En los olores se refleja la naturaleza del lugar. En su estancia el Primer Magistrado reflexiona que “en América, unas crisis de adolescencia, escarlatinas y sarampiones de pueblos jóvenes, impetuosos, apasionados, de sangre caliente…” (96). Remarca la inestabilidad del país con la hiperbólica realidad de que “De los cincuenta y tres pronunciamientos dados en un siglo de historia…” (115). El allá es joven y convulso.

2.2.2 Acá

El Mandatario tiene como referente la cultura europea. No obstante, desecha todas las ciudades en favor de París porque “...en cambio, era Tierra de Jauja y Tierra de Promisión, Santo Lugar de la Inteligencia, Metrópoli del Saber Vivir, Fuente de Toda Cultura, que, año tras año, en diarios, periódicos, revistas, libros, alababan-luego de colmar una suprema ambición de vivir aquí- los Rubén Darío, Gómez Carrillo, Amado Nervo, y tantos otros latinoamericanos que de la Ciudad Mayor habían hecho, cada cual a su manera, una suerte de Ciudad de Dios…” (169). Este fragmento de la novela transcurre entre 1913, fecha en que arranca la novela, y 1916, debido a que más adelante tendrá lugar la Primera Guerra Mundial. El recurso del método recoge cómo, en ese momento, la capital francesa fue el referente para los sudamericanos que deseaban brillar culturalmente. París aparece mistificado con una serie de epítetos en mayúsculas, hasta llegar a representar la tierra prometida, al referirse a ella como “una suerte de Ciudad de Dios”.

2.2.3 Nueva York

Es un lugar sin identidad que ha importado todo desde fuera. Se describe a través de una noche en la ópera, donde todo tiene algo exagerado y poco natural: las ropas, los adornos, los edificios e incluso la ópera misma (111-112). Es una ciudad joven, que intenta emular la nobleza del viejo continente, pero no tiene personalidad propia.

3 Conclusión

El recurso del método recupera la picaresca con un personaje latinoamericano, que tiene puestos los ojos en París. De este modo, Carpentier adapta el género para expresar el conflicto de identidad del continente hispanohablante. Así como crea el personaje del Primer Magistrado, representante de una larga serie de dictadores que rigieron el continente, pero de una gran complejidad como individuo y tratado con fina ironía.


Bibliografía

Alejo Carpentier. El recurso del método, Madrid, Editorial Siglo XXI, 1974.

Fernando Lázaro Carreter. “Lazarillo de Tormes” en la picaresca, Barcelona, Ariel, 1978.

Francisco Carrillo. Semiolingüística de la novela picaresca, Madrid, Cátedra, 1982.

Francisco Rico. La novela picaresca y el punto de vista, Barcelona, Seix Barral, 1982.

José Antonio Maravall Casesnoves. La literatura picaresca, Madrid, Taurus, 1986.

María Rosa Uría Santos. El recurso del método: Una exploración de la realidad hispanoamericana, Anales de Literatura Hispanoamericana, 1976, 5.

Rita Gnutzmann. El recurso del método (artículo de revista), Anales de Literatura Hispanoamericana, 1975, 4.

Rudolf Van Hoogstraten. Estructura mítica de la picaresca, Madrid, Editorial Fundamentos, 1986.


Notas:

[1] Ofelia en su carácter y su deseo de pertenecer a París se parece a su padre. El análisis de ella completará al del Mandatario.
[2] Carpentier crea un país que representa a Hispanoamérica en su conjunto.
[3] Se toma de referencia El Lazarillo de Tormes.
[4] Esta es la respuesta traducida al pie de página. Ofelia responde en francés.