jueves, 6 de enero de 2011

El bronce de la estatua. «Al pie de la estatua» de José Asunción Silva

En la recopilación Poesías[1] el poema “Al pie de la estatua”, perteneciente a El libro de versos, emplea una conjunción de imágenes de gran belleza patriótica. Se analizarán los temas y términos empleados en la construcción de la figura de Simón Bolívar. La grandeza de ésta se da junto al decadentismo del olvido y el paso del tiempo, tal como señala en la mencionada edición Rocío Oviedo y Pérez de Tudela (Pág. 81). Esto se puede apreciar en la siguiente división temática:

1 Se presenta la estatua (versos 1-21).

2 Unos niños juegan al pie de ella (versos 22-46).

3 Un poeta se fija en la figura que representa la estatua (versos 47-76).

4 Se recuerdan a las generaciones olvidadas (versos 77-103).

5 Alegría por los valientes independentistas (versos 104-137).

6 Advierte que no se deben cantar las glorias en los momentos de triunfo (versos 138-171).

7 Debe hacerse en los momentos difíciles (versos 172-182).

8 Las decepciones que sufrió el visionario en su sueño de de libertad y apremia al poeta a que le cante (versos 183-246).

9 La actual generación es débil para seguir los pasos de los libertadores (versos 183-292).

10 Esperanza en el Padre de la Patria (versos 293-308).

11 Se repiten los versos de los niños jugando al pie de la estatua (versos 309-329).


Los términos se agrupan en los siguientes campos semánticos:

-Caracterización sobrehumana de Bolívar. En este caso, como en otros, unas veces se centra en la figura del padre fundador venezolano y en otras amplía al conjunto de los libertadores. Se refiere al primero como “semidios” e insiste en la grandeza de la estatua con el término “coloso”. Del conjunto de libertadores dice que tienen “cuerpos de titán y almas enteras”. Son poderosos y están espiritualmente completos.

-Referencias míticas. Las hazañas bélicas son asociadas a las culturas clásicas. Así se compara al Padre de la Patria con Júpiter y su juramento es “de la cesárea Roma”. De este modo, abunda en la grandeza y solemnidad del luchador. Por otro lado, Silva emplea imágenes cristianas. El verso 230 homenajea a Isaías 6, en que un ángel toca con un carbón al profeta purificándole. En Silva, la voz poética pide el personaje poeta cante los sufrimientos y la gloria del libertador. El poeta puede suavizar con sus versos las penas de éste. A continuación, se identifica la labor del poeta con un éxtasis religioso. Por lo tanto, la inspiración del poeta es una forma de hablar con Dios. En “Al pie de la estatua” la voz poética y los personajes comparten el ideal heroico. La primera insta al poeta a que se inspire con la grandeza de los libertadores. El poeta es aquel que se emociona con esa grandeza, siente el paso del tiempo y sufre las melancolías de Bolívar. A través del poeta habla la voz poética. Silva recurre al imaginario heroico medieval para engrandecer las hazañas de los luchadores. La voz poética contempla las armaduras que llevaron éstos en la Cruzada, y se refiere a los españoles como “… los nietos del Cid y Pelayo”. No obstante, la victoria de Bolívar fue truncada y, así, aparece con “la corona de espinas/ que colocó la ingratitud humana”. El líder venezolano, como la realidad latinoamericana, tiene un carácter agridulce. La corona de espinas le sitúa como un mártir de la injusticia, pero se puede percibir el fracaso.

-Nobleza de Simón Bolívar. La estatua destaca por su pose augusta propia de un “soberano” o una “majestad”. Sin embargo, esto se mezcla con la melancolía de matices la derrota. Así entre los versos 13 y 23 describe una estatua solemne pero solitaria, hasta que aparecen los niños.

-Heroicidad. El fragmento acerca de los niños que juegan al pie de la estatua termina con: “se alza sobre el cielo transparente/ la epopeya de bronce de la estatua”. Estas palabras aparecen en los versos 41-42 y, de nuevo, en las dos últimas líneas del poema. El que aparezca varias veces la imagen de la estatua alzándose como un “coloso”, informa de la grandeza y dominio de ésta. La palabra bronce aparece junto a “augusto”, “austero” y “mudo”. La asociación de términos hace pensar en la gravedad del personaje histórico. Del mismo modo se insiste en que es un “héroe invicto” y en su naturaleza “vencedora del tiempo y de la muerte”. Pero, al mismo tiempo, fue “…su sueño más grande hecho pedazos”. El poema se mueve del entusiasmo grandioso a la melancolía del ideal frustrado. Los movimientos de ascensión-bajada indican la elevación-bajeza de los personajes. Frente a “las colosales gradas de los Andes” o “al épico palenque” de la generación vencedora, la “…nuestra enclenque/generación menguada” (262-263) sólo puede esperar que “…aun alzará a los cielos su contorno/ el bronce que tu gloria inmortaliza” (307-308). El ejemplo de libertador es la esperanza para una generación débil. El pesimismo se extiende a todo el tiempo de Silva al considerar lo siguiente: “¡Oh siglo que declinas:” (266).

Los versos en que unos niños juegan al pie de la estatua se repiten. La voz poética se debate entre la tristeza y la esperanza. Son idénticos, salvo por una palabra los versos 24-42 y los 311-329. Se refieren primero al jardín florido matinal, luego al bullicio de niños y, finalmente, a la figura imponente de la estatua. Incluso en este fragmento, que incita a la esperanza en la nueva generación, tiene un fondo de derrota. La mañana es radiante, los hermosos niños traen vida a la estatua del libertador, pero la alegría de los pequeños es fatua. La belleza del lugar y de la energía de los niños son vanos.

Este poema canta las glorias de uno de los mayores artífices de la liberación de Latinoamérica y, por extensión, de la generación que acometió esta empresa. Éste es un personaje heroico realizó grandes hazañas, pero a costa de sufrir el dolor de su pueblo y, encima, no llegó a alcanzar su sueño. Silva se lamenta que su generación no es tan valiente como la que les dio la independencia. “Al pie de la estatua” es un canto a un héroe. En cambio, incluso las hazañas están teñidas de derrota. La estatua de Simón Bolívar resiste los embates del tiempo y es el ejemplo a seguir, si bien la esperanza en el futuro es dudosa. Su estatua vela con autoridad por su pueblo, pero no tiene voz.

[1] José Asunción Silva. Poesías, Madrid: Clásicos Castalia. 1997.