jueves, 6 de enero de 2011

El precio de la libertad en 1984 de George Orwell y en La fundación de Antonio Buero Vallejo

De todos modos y para estar seguro
lo único que puede hacer es seguir abriéndose paso
respirando a fondo y dejando escapar el aire poco a poco,
aunque sea absurdo…

Cortázar. No se culpe a nadie.


Las obras 1984 y La fundación presentan a dos hombres, Winston y Tomás, respectivamente, luchando contra un poder que les roba la libertad y también su humanidad. Se pueden leer estos textos como una respuesta ante los totalitarismos del s. XX, pero extienden su sentido a claves históricas aplicables a todas las épocas. Incluso se refieren a la libertad del ser humano en un sentido filosófico. En gran medida los temas que tratan son comunes aunque plantean situaciones y visiones acerca del ser humano diferentes. Winston comienza llevando una vida normal, vigilada, pero con libertad de movimientos; y Tomás está siempre encerrado. No obstante, éste dispone de libertad de pensamiento y, a la postre, su realidad no es tan opresora ni puede deshumanizarle en la misma medida que lo hace el Gran hermano con Winston. El objetivo de este trabajo es comparar las visiones que tienen las obras de Orwell y Buero Vallejo acerca del ser humano y sus capacidades para enfrentarse a la realidad.

Dos tipos de prisiones

En La fundación los personajes están prisioneros en su celda y tan sólo se pueden evadir mediante la imaginación, en cambio en 1984 Winston al principio puede ir a donde quiera cuidándose, eso sí, de no ser visto para no ser detenido por Crimen de pensamiento. Mantiene una relación amorosa con Julia e incluso prueba los alimentos reservados para los miembros más destacados del Partido, pero acaba siendo detenido y, tras unas terribles torturas, es liberado. La principal diferencia está en que La fundación se refiere a una prisión física, mientras que en 1984 cuenta sobre todo el control mental. Si en La fundación se maltrata a los presos, en 1984 no se conforman con esto ni con que los ciudadanos sean obedientes. Además deben amar al Gran hermano.

Las obras de Buero Vallejo y Orwell destilan decepción por la caída del sueño de progreso de comienzos del s. XX en terribles regímenes. En La fundación se opone la fantasía de Tomás al realismo de los demás. Éstos tratan de mostrarle que delira al creer que está en una fundación próspera y hermosa. Pero, más tarde, los demás también sueñan despiertos y Tulio dice: «¡El se reunirá con su novia y yo con la mía! La vida no tendría sentido si eso no sucedería […] ¡Un día las abrazaremos! ¡Y no serán ilusiones, no serán hologramas! (p. 114)». Los personajes son presos condenados a muerte sin ninguna esperanza en la vida real y sólo pueden darse «desahoguillos» en su fantasía.

Por su parte, Winston se esfuerza por conocer cómo fue realmente el mundo antes del Gran hermano. Como trabaja corrigiendo los datos de los periódicos que no se adecuan a lo que ha dicho el Gran hermano, sabe que la realidad propugnada por éste es una impostura. No le sirve de nada acudir a ningún archivo para conocer el pasado, porque éste es constantemente reescrito. De esta manera el pasado es negado constantemente y, por lo tanto, los individuos viven un constante presente. El Partido ha convencido a la población que desde siempre Oceanía, el super-estado en que Winston vive, ha estado en guerra con Eurasia y aliada a Eastasia. No obstante, cuando pasa a ser el enemigo Eastasia y el aliado Eurasia defiende que esto ha sido así desde siempre y cuida de cambiar todos los archivos que digan lo contrario. De manera que, en plena manifestación contra Eurasia, se comunica que Oceanía está en guerra con Eastasia y los asistentes eliminan las pancartas contra Eurasia y continúan con la manifestación (p. 148 ss.). El futuro tampoco existe porque todos los esfuerzos de los ciudadanos se dirigen a la victoria sobre el enemigo pero, dada la magnitud de éste, no se dan victorias definitivas y, además, se pretende que la guerra sea perpetua. En resumidas cuentas el Partido controla el tiempo del siguiente modo: «Who controls the past controls the future: who controls the present controls the past» y consigue así que los ciudadanos estén sometidos a su poder. Por lo dicho, se entiende como la prisión de La fundación es desoladora, pero sólo afecta al cuerpo de sus reclusos y no les impide soñar. Sin embargo, ni esto está permitido en 1984 donde las vidas de los ciudadanos (incluso los que en principio son libres) es enteramente del Partido.

¿Jerarquía social o lucha social?

La novela de Orwell es publicada poco después del final de la Segunda guerra Mundial con un marcado carácter de denuncia. Winston, al leer The theory and practice of oligarchy collectivism, escrito supuestamente por un enemigo del Gran hermano, se reafirma en que a lo largo de la historia los diferentes revolucionarios han empleado el poder para imponerse al grupo que lo detentaba en cada momento. En 1984 Ingsoc (English Socialism) es la ideología que mantiene en el poder al Partido sobre los «proles»: «Wealth and privilege are most easily defended when they are possessed jointly. The so-called “abolition of private property” which took place in the middle years of the century meant, in effect, the concentration of property in far fewer hands than before (p. 166)». La fundación es más de veinte años posterior a la obra de Orwell y su denuncia está más distanciada del ejemplo concreto y es de carácter más reflexivo. Asel se refiere a la humanidad en su conjunto [«Vivimos en un mundo civilizado al que le sigue pareciendo el más embriagador deporte la viejísima práctica de las matanzas (p. 129)»] y lista a continuación ejemplos de barbarie provenientes de diferentes lugares.

En ambas obras la civilización no sólo no ha acabado con la violencia sino que parece que ésta ha aumentado. Se plantea una distopía acerca, no tanto la capacidad del ser humano para progresar en aspectos materiales, sino en llegar a una fraternidad. Tanto Orwell como Buero Vallejo describen sociedades en que inevitablemente la clase dominante es la vencedora de un conflicto y oprime a clase sometida, que es la perdedora.

El ser humano y la libertad

Ambos protagonistas tratan de alcanzar la libertad: Winston quiere socavar el poder del Gran hermano; y Tomás, una vez se recupera de su locura, intentará escapar de la cárcel aunque sea dudoso que lo vaya a conseguir. El camino que realizan exige sacrificios. En la obra de Orwell, el control del Gran hermano ha doblegado y convencido aparentemente a todos sus ciudadanos. La única esperanza reside en Winston, que no en la Hermandad, pues no es seguro que ésta exista. Cuando Winston trata de ponerse en contacto con ella es detenido, torturado y forzado a confesar, delatar e incluso traicionar a Julia. Al final, la victoria del Gran hermano es total. En cambio, en La fundación hay quienes, entre ellos la novia de Asel, han escapado a la opresión y los encarcelados tienen la esperanza de que sus tiranos caigan. Los que dirigen la fundación tienen menos control sobre sus prisioneros y pese a que pueden torturarles y matarles no pueden, como en el caso de 1984, controlar sus mentes y ni siquiera saben por qué quieren ser trasladados a las celdas de castigo.

Tomás al comienzo cree que está en una idílica cooperativa, pero va descubriendo que, en realidad, es una terrible cárcel y que lo que veía era fruto de un brote esquizofrénico, para no aceptar que los demás están condenados a muerte por su culpa. En ambas obras los hombres cuando son torturados delatan pero es diferente la respuesta ante este hecho. En 1984 las torturas que le inflingen a Winston le va deshumanizando. Así, tras un largo proceso, cuando le ponen ante lo que más teme responde del siguiente modo: «But he had suddenly understood that in the whole world there was just one person to whom the could transfer his punishment […] “Do it to Julia! Do it to Julia! Not to me!... (p. 230)». Este es el momento en que los métodos del Gran hermano le roban su último resquicio de humanidad y él desea que sea su amada quien sufra la tortura. O’Brien le dice que este cambio interior es para siempre y, efectivamente, a partir de entonces Winston queda desprovisto de todo sentimiento que no sea el odio a los enemigos del Gran hermano y el amor a éste. En cambio, en La fundación hay espacio para la reconciliación y, dirigidos por Asel, los hombres que fueron delatados por Tomás le perdonan. Incluso los hombres más valientes, como es Asel, también tienen momentos de cobardía: «A mí me han torturado […] Mi deber, lo sabía igual que vosotros: callar. (Breve pausa.) Pero hablé y mi delación costó, al menos, una vida […] ¡Qué sorpresa! ¿Eh? Un compañero [tan respetado y] tan firme como Asel, [¿delataría bajo el dolor físico] […] Su carne delató, después de chillar y chillar como la de un ratoncito martirizado. Y ahora decidme vosotros qué es Asel: ¿un león o un ratoncito? (pp. 139-140)». El resultado de las torturas en el individuo es diferente porque mientras que en Winston le dejan insensible ante el sufrimiento ajeno, Tomás es ayudado por Asel a asumir que bajo la tortura el ser humano deja de ser dueño de sí mismo pero no por ello deja es menos humano.

Tanto Winston como Tomás tienen que pagar el precio de la libertad. En el primer caso y, frente a un enemigo tan poderoso como El gran hermano, sólo es posible ser libre durante un tiempo, hasta ser detenido. Pero, con todo, Winston llega a experimentar amor por Julia y es capaz de mantener su independencia intelectual hasta entonces. En lo que se refiere a Tomás, ha de sacrificar sus fantasías de un mundo idílico, también porque no le queda otro remedio, pero sobre todo porque hacerlo y salir de la cárcel son imprescindibles para optar a una verdadera vida. En la obra no se dice si logra salir o no, pero lo que sufre Tomás se compensa con la sensación de esperanza.



La comparación de ambas obras da lugar a una aparente paradoja: Tomás dentro de la cárcel tiene mayor libertad que Winston, que comienza y termina siendo libre de ir a donde quiera. Los ciudadanos, teóricamente libres, de 1984 están mucho más sometidos, por el control y exigencias del Gran hermano, que los presos de La fundación. En conclusión, las obras estudiadas tratan acerca de sociedades en que los que gobiernan lo hacen de un modo excesivo, pero se ha visto que en una y otra tienen un carácter diferente y sus protagonistas se enfrentan a prisiones distintas. En La fundación se cuenta el despertar de Tomás desde sus sueños de un mundo idílico a una cruda cárcel en la que está condenado a muerte. Por su parte, Winston es, en principio, libre, pero está tan vigilado en sus acciones y pensamientos que, en realidad, no dispone ni del albedrío interior, que sí tiene Tomás. Esto da lugar a que, mientras que el ambiente de Tomás le permite una posibilidad de escapada, Winston está destinado a ser doblegado por el Gran hermano.


Ediciones consultadas

Buero Vallejo, Antonio. La fundación. Madrid: Espasa Calpe. 1988.

Orwell, George. 1984. Gran Bretaña: Penguin Books. 1981.