jueves, 6 de enero de 2011

Los dos hombres de Unamuno y Hesse

Resumen

El mito de Abel y Caín ha servido de base para diversas obras e interpretaciones por parte de los autores. A comienzos del s. XX Hesse y Unamuno publican dos novelas en que reinterpretan las ambigüedades del texto bíblico y convierten a Caín en el héroe. No obstante, parten de concepciones diferentes. En Abel Sánchez de Unamuno se da una oposición entre dos tipos de personas. Los abelitas disfrutan de los dones de la vida en detrimento de los cainitas de un modo injusto. En cambio, en Demian de Hesse el protagonista va descubriendo su pertenencia a los cainitas, que son individuos que se distinguen del resto por tener voluntad propia. Se compararán las obras en la interpretación que hacen de la relación entre Abel y Caín, el destino de Caín y las imágenes más relevantes en las novelas comentadas: la mujer y el retrato.




¿Por qué en algunas comarcas hay una vegetación tan exuberante
y en éstas una aridez tan desconsoladora,
hallándose todas en la misma latitud y bajo los mismo rayos del sol?

Jules Gabriel Verne. Cinco semanas en globo




1. Las dos lecturas: las dos tribus de Unamuno y los dos hombres de Hesse

1.1. Planteamientos de partida de ambas novelas

La ambigüedad del Génesis respecto a la historia de Abel y Caín ha animado a muchos autores a crear obras que la interpretan. Unamuno y Hesse dan en la segunda década del siglo XX sus visiones acerca de la marca de Caín. Horowitz aclara que: «For Unamuno, the story foreshadows the entire history and development of civilization. The story of mankind, according to him, is a history of civil war to the heritage of Cain and Abel. He also viewed the biblical episode as a spiritual struggle, an effort by man to surmount his mortality». La obsesión de Joaquín es escribir una obra que le haga permanecer en la memoria de las personas. Mientras que en Demian: «The struggle for Hesse, however is one man trying to achieve his authentic self and the one who has the mark of Cain is the person who strives for self-realization, for it was a certain distinction in the first Cain’s manner and intellect which made people fear him and led them to claim that he was marked by God (En Horowitz, p. 42) ». La historia de Sinclair es un Bildungsroman o novela de formación. Estas novelas tratan la oposición entre cainitas y abelitas desde perspectivas diferentes: en Unamuno el conflicto reside en la discriminación intolerable e insuperable de Joaquín por Abel, mientras que en Hesse el tema es el desarrollo de la individualidad de Sinclair.

Joaquín y Sinclair son dos cainitas buscando su lugar en el mundo, pero están incompletos: en el caso de Joaquín, no puede tolerar la suerte de Abel; y respecto a Sinclair, tiene que aprender a pensar por sí mismo, tal como lo hace Demian. Por este motivo las obras se titulan con los nombres de los personajes que se oponen a los protagonistas. Joaquín convierte a Abel en su demonio, una obsesión que va más allá del Abel real. Daemon puede significar tanto espíritu bueno o malo como acotar su significado a un ángel malo, un demonio en su sentido cristiano (Vox diccionario). Thomas E. Colby aclara que Sinclair recibe la siguiente influencia de Demian: «is shaped finally, not by the pious upbringing of his home, but by his discipleship to the demonic Demian, his devotion to the god Abraxas, and the passionate relationship to the mother-beloved Frau Eva (En Horowitz, p. 71) ». Estos demonios son los que mueven a los protagonistas a actuar. Joaquín trata de obtener más fama que Abel e imponer su nombre al nieto que tiene en común con éste. En Hesse: «He (Demian) brings to the forefront the Cain part of the multiple being which make up each person’s character (p. 64) ». Sinclair descubre por Demian que el «mundo de la luz» de su niñez es mediocre y que en la vida se ha de aspirar a algo más que a cumplir preceptos.

El planteamiento diferente del conflicto establece las diferencias narrativas entre ambas obras. Unamuno hace una relectura del texto bíblico. El título completo de la obra de Unamuno es «Abel Sánchez. Una historia de pasión». Como ocurre en el Génesis, Joaquín y Abel parten siendo idénticos: «Aprendió cada uno de ellos a conocerse conociendo al otro (p. 67) ». Pero la vida será más favorable para Abel que para Joaquín. En cambio Hesse titula: Demian. Historia de la juventud de Emil Sinclair. El protagonista evoluciona de una moralidad estricta y heredada a darse cuenta de la complejidad de las acciones humanas y a tomar las riendas de su vida. Mientras que Joaquín representa a una clase de personas en desventaja respecto a la que pertenece Abel; Sinclair se va despojando de los valores impuestos hasta dar con los suyos propios. En Abel Sánchez los protagonistas pertenecen a dos tribus y, en cambio, en Demian el conflicto es más individual. Ambas tratan la interioridad del protagonista, si bien Joaquín está atrapado en su envidia y Sinclair va madurando. En este sentido, la novela de Unamuno es más estática que la de Hesse, que tiende a la progresión del personaje.


1.2 La envidia en Unamuno y el autoconocimiento de Hesse

Unamuno y Hesse dan respuestas diferentes a la desigualdad con que Dios trata a Abel y a Caín. «Unamuno develops the answer to the first question of the account in Genesis: “And the Lord said unto Cain, Why art thou wroth? And why is thy countenance fallen?” Joaquín’s Confesión states that without either one knowing the reason for it, Abel was a favourite with their boyhood friends while Joaquín was not considered congenial. The narrator mentions the poison of envy which attacked Joaquín at school... The crucial event of the early years, however, was Abel’s marriage to Helena, whom Joaquín had unsuccessfully courted (En Horowitz, p. 43) ». Joaquín le reprocha a Abel que no le tiene en cuenta porque, sabiendo que ama a Helena, Abel se casa con ella. «Unamuno contends that indifference and/or the desire of glory motivates the Abelites whereas Hesse points out that it was originally fear and awe which prompted them (p. 106) ». En Hesse, la mala fama de los cainitas responde al miedo que tiene la masa (los abelitas) a los que piensan por su propia cuenta.

Ambas novelas presentan a Caín como el héroe y los hechos suceden contemporáneamente a su publicación. Para Unamuno: «el soberano egoísmo que nunca le dejó sentir el sufrimiento ajeno. Ingenuamente, sencillamente no se daba cuenta de que existieran otros (p. 83) ». Tanto en el texto bíblico como en el de Unamuno, Abel recibe todos los dones en favor de Caín. En el Génesis no hay motivo para esta discriminación, pues ambos realizan ofrendas a Dios; y en Abel Sánchez incluso Joaquín tiene mayores méritos. Se produce una situación injusta, en la que un personaje es beneficiado sobre otro sin que haya una razón. La relectura que hace Unamuno del mito no censura la diferencia, sino in-diferencia de Abel con respecto a Joaquín. No se hace cargo del sufrimiento que suscita en Joaquín su mayor fortuna. Es especialmente clara la indiferencia de Abel hacia los desfavorecidos en: «…the chapter about the Aragonese beggar- both men give him Money, but Joaquín is interested in the beggar’s troubles while Abel is impatient with him (En Horowitz, pp. 58-59) ». Joaquín dice de los abelitas que «su goce está en ver, libres de padecimiento, padecer a los otros (p. 59) ». En este sentido Joaquín es moralmente superior porque es capaz de sufrir con los otros, mientras que a Abel no le importan los demás. Por su lado en Hesse, Caín representa «who has arrived at the goal- knowledge and mastery of himself and others. This is symbolized by the special brightness, the mark which distinguishes Demian from the beginning and which Sinclair eventually achieves (En Horowitz, p. 61) ». Sinclair es guiado por Demian para que se distinga del resto. Ha de encontrar su propio camino por encima de los prejuicios de las personas que se dejan llevar por los demás. Se da también en El juego de Abalorios que: « Dasa is first a herdman (Abel) and the a farmer (Cain). …Cain again represents the one who leaves the herd and struggles for self-knowledge (En Horowitz, pp.67-68) ».





2. El destino de Caín

2.1 La señal de Caín

Sinclair queda desconcertado ante la extraña forma que tiene Demian de interpretar la historia de Abel y Caín: «ist nicht er selber, dieser Demian, so eine Art Kain? Warum verteidigt er ihn, wenn er sich nicht ihm ähnlich fühlt? … Warum spricht er so höhnisch von den “andern”, von den Furchtsamen, welche doch eigentlich die Frommen und Gott Wohlgefälligen sind? (Horowitz recoge en la p. 68 el pasaje de Hesse) ». Joaquín también ofrece su vision respecto a la relación entre abelitas y cainitas y se siente un elegido: «He is certain that when his Confesión is one day published, the World will be filled with awe at the Pictures of his sufferings. His torments are worse than those of other people because he has been marked by God from birth “con la señal de los grandes predestinados”. Here the “señal” is used in a manner very close to the “Zeichen” in Hesse’s work. (En Horowitz, pp. 70-71) ».

Ambas obras acusan a los descendientes de Abel de la mala fama que han adquirido los descendientes de Caín. En Unamuno, no es sólo que los abelitas sean indiferentes a los demás, sino que además los oprimen: «…los abelitas han inventado el infierno para los cainitas porque si no su gloria les resultaría insípida. Su goce está en ver, libres de padecimientos, padecer a los otros… (p. 102) ». La envidia que siente Joaquín por Abel tendría la contrapartida del goce que siente Abel por ver padecer a Joaquín. No obstante, la actuación de Abel deja espacio a la discusión. Muestra preocupación por Joaquín, pero no llega a ayudarle. En Hesse, los cainitas se distinguen por tener: «un poco más de inteligencia y audacia en la mirada. Aquel hombre tenía poder, aquel hombre inspiraba temor… La gente dijo que aquellos tipos con la “señal” eran siniestros; y la verdad, lo eran. Los hombres con valor y carácter siempre les han resultado siniestros a la gente (p. 36) ». Los cainitas son más capaces y decididos y, como le pasa a Sinclair, tienden a aislarse, pero están llamados a realizar grandes obras. Hesse asigna a los descendientes de Caín el papel de líderes en lugar de victimizarlos como Unamuno.

La señal de Joaquín consiste en una febril envidia: «En alguna de las interminables modorras de aquella noche me soñé poseyéndola y junto al cuerpo frío e inerte de Abel… comprendí que no tenía derecho alguno a Helena, pero empecé a odiar a Abel con toda mi alma y a proponerme a la vez ocultar ese odio, abonarlo, criarlo, cuidarlo en lo recóndito de las entrañas de mi alma. ¿Odio? Aún no quería darle su nombre, ni quería reconocer que nací, predestinado, con su masa y con su semilla. Aquella noche nací al infierno de mi vida (p. 80) ». Joaquín imagina la muerte de Abel y va alimentado el odio hacia éste. Los términos relativos al cultivo recuerdan a las metáforas que en los Evangelios ilustran los caminos que puede seguir el hombre a lo largo de su vida. Joaquín percibe como el suyo será la envidia. No obstante, él tiene una faceta heroica: «His struggles with his hatred and envy are what we see and thus he becomes an heroic character, a Cain who would have accepted any acknowledgment of his existence from Abel… (Horowitz, p. 61) ». Joaquín lucha contra su envidia. Según Round: «In the first part, Joaquín discovers his envy (I-V) and makes various attempts to sublimate it- to negate himself as he is, and rise to better things (VI-XV). In the second, aware of the full extent of his passion (XV-XVIII), he tries to find valid ways of living with it, of being the self he is (social life, family life, writing), but fails still because any relationship with Abel poses impossible demands (XIX-XXXVIII). Each of these antithetical courses ends in defeat. There is no solution (p. 81) ». Joaquín es un héroe trágico en cuanto que lucha contra un destino que viene perpetuándose desde tiempos bíblicos. Es uno más de los cainitas que ha sufrido por culpa de los abelitas y está destinado al fracaso.

Hesse narra las tentativas de Sinclair, al principio torpes y engañosas, por constituir su propia voluntad. Cuando sale a estudiar fuera de casa, se rebela contra la autoridad de sus profesores y pasa las tardes en las tabernas y, no obstante, en ese momento todavía está obedeciendo cierta autoridad: «Era todo como una obligación. Yo hacía lo que creía que debía hacer; de otra forma, no hubiera sabido qué hacer conmigo mismo. Tenía miedo de los arrebatos, terriblemente intensos, de ternura y timidez a que tendía constantemente. Tenía miedo de los suaves pensamientos amorosos que me asaltaban (p. 83) ». Sinclair se comporta de un modo provocativo e indómito del mismo modo que antes era educado y sumiso, de acuerdo a lo que cree que debe hacer un rebelde y como reacción frente a su docilidad anterior.

Demian denuncia el declive en los ideales de la sociedad de comienzos del siglo XX. El cristianismo se ha convertido en un modo de adormecer la iniciativa del individuo y, por eso, es necesaria una nueva religión que empodere al individuo y reinterprete el dogma cristiano. Pistorious, un clérigo, lo expone del siguiente modo: «que Cristo para mí no es un hombre, sino un héroe, un mito, una gigantesca sombra en la que la humanidad se ve proyectada a sí misma contra el muro de la eternidad (p. 119)». Cristo es percibido no como Dios ni como hombre, sino como un ejemplo para que los hombres actúen. Hesse emplea la imagen del pájaro saliendo del cascarón para sugerir que Sinclair, como miembro de la secta de Caín, está llamado a regenerar el mundo: «The bird breaking out of the egg in order to be born does not only symbolize the awakening of Emil Sinclair from innocent childhood. Since Sinclair represents all men, the bird and the egg show the struggle of mankind to shatter the chains of its tradition (En Horowitz, p. 104) ».

2.2 Caín errante

En el la obra de Unamuno, el carácter errante de Joaquín se explica por la envidia que tiene a Abel, que aparece desde el comienzo. En cambio la estructura de Demian se define por la expulsión de Sinclair del paraíso infantil y el vagar del personaje. Nos centraremos en este aspecto para poder apreciar la fuerza de las imágenes y contrastes que pone en juego Hesse. El mundo de la niñez de Sinclair es un ámbito cerrado y acogedor: «…callejas oscuras y claras, casas y torres, campanadas de reloj y rostros humanos, habitaciones llenas de acogedor y cálido bienestar, habitaciones llenas de misterio y profundo miedo a los fantasmas. Olores a cálida intimidad, a conejo y a criadas, a remedios caseros y a fruta seca (p. 13) ». Este idílico lugar, sin embargo, no puede satisfacer las inquietudes de la persona con el signo de Caín. «Era maravilloso que entre nosotros reinara la paz, el orden y la tranquilidad, el sentido del deber y la conciencia limpia, el perdón y el amor; y también era maravilloso que existiera todo lo demás, lo estridente y ruidoso, oscuro y brutal, de lo que se podía huir en un instante, buscando refugio en el regazo de la madre. Y lo más extraño era cómo lindaban estos dos mundos, y lo cerca que estaban el uno del otro (pp. 14-15) ». Desde el comienzo Sinclair, si bien está cómodo en el espacio cerrado de su casa, se siente atraído por el exterior y, a medida que se va adentrando en éste, se amplían el espacio por el que se mueve y su capacidad para comprender los distintos aspectos que conforman la vida. Demian le revela a Sinclair que: «La mayoría de las cosas que nos enseñan son seguramente verdaderas, pero se pueden ver desde otro punto de vista que el de los profesores y generalmente se entienden entonces mucho mejor (pp. 35-36) ». La doctrina cristiana no considera aquellos aspectos de la naturaleza humana que pueden resultar peligrosos, como la sexualidad, lo cual impide al hombre conocerse a sí mismo. La superioridad moral de los cainitas, representada en el brillo de la frente, se debe a que aceptan todas las facetas de la vida. Sinclair se va despojando del sentimentalismo infantil para ir ganando carácter.

Sinclair nace en un hogar que simboliza el Edén, perfectamente limpio, claro y casto. Percibe el exterior como todo lo opuesto: sucio, oscuro y pecaminoso. Sinclair ha asumido los valores paternos de la virtud cristiana al uso, pero se siente atraído por los aspectos de la vida que el cristianismo ha desterrado como detestables. Los familiares de Sinclair pertenecen al mundo claro, Demian corresponde al oscuro y hay personajes en ambos, como las criadas, según estén sirviendo en casa de Sinclair o en su tiempo libre. La separación entre el mundo de la luz y el de la oscuridad, como ocurre en el Génesis, se establece espacialmente. Así, mientras la casa paterna es el mundo de la luz, el exterior es la oscuridad. Cuando Sinclair se ve forzado a robar dinero en casa para pagar los chantajes de Kromer, un compañero de clase, siente que ha dejado de pertenecer al mundo de la claridad: «En el perchero, junto a la puerta de cristal, colgaban el sombrero de mi padre y la sombrilla de mi madre; el hogar y la ternura me salían al encuentro en aquellos objetos, y mi corazón les saludó agradecido y suplicante, como el hijo pródigo… Pero todo aquello ya no me pertenecía; era el mundo claro de los padres y yo me había hundido profunda y culpablemente en el torrente desconocido. Me había enredado en la aventura, me amenazaba el enemigo, y me esperaban peligros, miedo y vergüenza (p. 23) ». Sinclair se siente impuro no tanto por los hurtos que realiza, sino porque ha traicionado la confianza de su familia y no podrá volver a la protección del hogar. «Sabía que ahora guardaba un secreto, una culpa que tenía que llevar yo solo (p. 24) ».

2.3 La escisión de los protagonistas

En Abel Sanchez los personajes responden más a unos arquetipos que en Demian. Como dice Round, «Realities develop out of conflict; in turn, they imply their own antithesis (p. 33) ». En Unamuno Abel y Caín son personajes intercambiables: «a game children play wherein one asks the other who killed Cain thus confusing his friend who responds “su hermano Abel”, the fratricide surely have occurred in reverse (En Horowitz, p. 62)». Abel y Joaquín son representantes de los personajes bíblicos como la oposición entre personas agraciadas y perjudicadas. La existencia de uno precisa la del otro.

En cambio, en Demian la relación del protagonista con los otros personajes sirve para que éste se transforme: «In Hesse’s view, one advances when he progresses from the Abel to the Cain stage of development. After listening to Demian’s version of Cain-Abel, Sinclair reflects that he had been an Abel while he lived in the innocent world of his childhood. It is at the moment when he saw that world with contempt that Sinclair momently became a Cain for the first time and imagined that “dies Zeichen sei keine Schande, es sei eine Auszeichnung und ich stehe durch meine Bosheit und mein Unglück höher als mein Vater, höher als die Guten und Frommen” (En Horowitz) ». El proceso de madurez de Sinclair es gradual y tiene sus avances y retrocesos, hasta que: «at the end of the novel when Demian transfers his essence to Sinclair by means of a symbolic kiss that the reversal is complete (p. 63) ». Sinclair empieza siendo tierno pero sin carácter, lo que va reemplazando por un yo real con capacidad crítica y voluntad cainita.

2.4 Las revelaciones de los personajes

Joaquín está más centrado sobre su propia psicología que Sinclair. Queda fijado en la humillación del momento en que Abel y Helena se casan: «Y ello me llenó del infernal terror a mí mismo. Me sentí peor que un monstruo, me sentí como si no existiera, como si no fuese nada más que un pedazo de hielo, y esto para siempre. Llegué a palparme la carne, a pellizcármela, a tomarme el pulso. “¿Pero estoy vivo? ¿Yo soy yo?”- me dije (p. 84) ». La boda es la gota que colma el vaso de la frustración de Joaquín. Su deseo no se materializa en ningún resultado y, por tanto, no es capaz de encontrar aquello que le pertenece como individuo: « “Y Jehová dijo a Caín: ¿dónde está Abel tu hermano?” Cerró lentamente el libro, murmurando: “¿Y dónde estoy yo?” (p. 129) ». En cambio, pone su esperanza de ser feliz en el casamiento de su hija con Abel, hijo del Abel al que envidia: «Mas todo eso ha pasado y ahora comienza vida nueva… Y viviremos todos juntos, y será otra vida… otra vida… Empezaré a vivir; seré otro…otro… (p. 154) ». Joaquín trata de empezar a vivir, parece que va a hacer cosas por sí mismo y va a salir de su envidia.

En Demian el fuego es uno de los elementos que, igual que sucede en el texto bíblico, tiene una función reveladora: «de repente brotó una pequeña y delgada llama, en la que vi el pájaro con la cabeza amarilla de gavilán. En las brasas agonizantes refulgían hilos dorados y ardientes formando redes, aparecían letras y dibujos, recuerdos de rostros, animales, plantas, gusanos y culebras (p. 111)». Ante los ojos de Sinclair se van generando una serie de imágenes vinculadas al texto cristiano. Aparecen las redes, que podrían ser alusiones a los apóstoles como «pescadores de hombres»; un mensaje con letras, que sugiere la misión que tiene que cumplir Sinclair; los rostros del pasado de Sinclair; y una serie de animales, como los que desfilan ante Adán. Hesse integra lo que Sinclair ha vivido previamente generando un cambio en éste que le hace progresar. Cuando ve el pájaro en la casa de Demian recuerda: «la casa paterna con el viejo escudo de piedra sobre el portal; Demian, aún un chiquillo, dibujando el escudo, yo mismo, también un niño, bajo la nefasta influencia de mi enemigo Kromer; yo de joven, en mi cuarto de colegial, dibujando en mi mesa el pájaro de mis sueños con el alma enredada en la red de sus propios hilos (pp. 148-149) ». En este momento Sinclair está a punto de completar su búsqueda identitaria.


3. Las mujeres

Las mujeres más importantes dentro de los relatos son Helena en el caso de Unamuno, y Beatrice y Frau Eva en Hesse, que cumplen una misma función narrativa en momentos diferentes. Nos centraremos en estas últimas por la interesante técnica que emplea Hesse para identificar a estas dos mujeres con Demian.

Helena

El matrimonio de Abel con Helena es lo que remata la mala suerte del Joaquín frente a Abel, que se casa con ella tras retratarla. En el siguiente apartado se tratará cómo la expresión artística es una herramienta de poder. Con un retrato Abel conquista a Helena y con otro gana la fama que no tiene Joaquín.

Beatrice y Frau Eva

Sinclair deja de comportarse con rebeldía al conocer a una chica que él llama Beatrice: «Esta súbita conversión me hizo blanco de todas las burlas. Pero ahora tenía algo que querer y venerar; tenía otra vez un ideal, la vida volvía a rebosar de intuiciones y misteriosos presagios (p. 87) ». La belleza de la dama idealizada le otorga un nuevo horizonte. Eduard Vilella observa «el papel que juega en el renacimiento del sujeto desde la oscuridad (p. 234) ».

En Hesse los personajes que más influyen en Sinclair (Demian, Pistorious , Beatrice y Frau Eva) tienen funciones diferentes en base al sexo. Mientras que los varones le descubren un culto alternativo al predominante, Sinclair se enamora de las mujeres como de un ideal. En este sentido Vilella afirma: «Y de significado aún mayor es la cadena de semejanzas que lleva de la muchacha del parque a Frau Eva, puesto que si Beatrice, a través del sueño y la creación artística traza una línea que enlaza con Demian y el protagonista (p. 236) ». Dahrendorf señala que, desde el comienzo, las imágenes de Sinclair y Demian están unidas: «Demian selbst ist Bild. Er ist auch innere Stimme Sinclairs – es ist dasselbe. Er ist bildegewordene innere Stimme (En Horowitz, p. 64) ». Sinclair se enamora de Beatrice, la pinta y después se da cuenta que el retrato se parece a Demian. De este modo la belleza de la mujer se une a las enseñanzas de Demian. El parecido de Demian, a quien Sinclair admira enormemente, con Frau Eva, su madre, hace que Sinclair se enamora de ella. Hesse utiliza un proceso asociacionista en el que las caracterizaciones de Demian, Beatrice y Frau Eva al principio son diferentes, pero después convergen. «Emil Sinclair encuentra, en la primera (Beatrice), una proyección clave para su itinerario; en la segunda (Frau Eva), la figura que representa la meta final del camino, el ser femenino que le permite el acceso a la sabiduría del sí mismo (p. 237) ». Hesse se apoya en toda la tradición renacentista: «La mujer como camino de conocimiento, la mujer como imagen espiritualizada que trasciende la corporalidad femenina para, adquiriendo colores místicos, ser objeto de culto laico, la mujer, en definitiva, como desencadenante de radicales introspecciones (p. 239) ». La mujer del parque, de la que Sinclair no sabe ni siquiera el nombre, refleja el estado interior del joven. Y en el amor de Sinclair por Frau Eva se produce la síntesis de las fuerzas que componen a Sinclair: «Y lentamente fueron superponiéndose el amor sensual y el amor espiritual, la realidad y el símbolo (p. 160)». El beso de Frau Eva a Sinclair produce lo siguiente: «At the end of the novel, then Sinclair is actually from Frau Eva which means that it is she who bestows the final direction to his life thus making Sinclair his own master (En Horowitz, p. 77)».






4. Los retratos

La imagen del retrato sirve a diferentes fines en cada obra. En Demian se ha comentado cómo vincula a los personajes que más influyen sobre Sinclair. En Abel Sánchez los retratos y, por extensión otras expresiones creativas como las memorias de Joaquín, hacen a su autor perdurable. Joaquín se abruma ante su paciente, que ha sido «inmortalizada» por Abel, a la que deja morir por torpeza: «Mira, él me ha dado vida para siempre; a ver si tú me alargas esta otra de aquí abajo…Yo (ahora habla Joaquín) la dejé morir y él la resucita (pp. 92-93) ». Sin embargo, conforme avanza la novela se demuestra que Joaquín tiene mayor sensibilidad vital y artística que Abel. Entiende mejor que el propio Abel su cuadro. Abel es indiferente a sus obras y a lo que en ellas aparece: «No nos metamos al fondo. Soy pintor y no pinto los fondos de las personas. Es más, estoy convencido de que todo hombre lleva fuera todo lo que tiene dentro (p. 134) ». La heroicidad de Joaquín reside en que plantea su existencia en profundidad, mientras que Abel es superficial y psicológicamente más sencillo.

Joaquín pone sus esperanzas de fama en sus memorias, en las que pretende recoger su vida y la de sus conocidos: «Y las gentes, al verse así, al desnudo, admirarían primero y quedarían agradecidas después al que las desnudó. Y allí, cambiando los nombres a guisa de ficción, haría el retrato que para siempre habría de quedar de Abel y Helena… (p. 159) ». La obra artística, ya sea en forma de memorias o de cuadro, otorga poder al autor sobre los que le rodean. Esto aparece desde al comienzo de la novela de un modo implícito. En el primer diálogo en que se habla del cuadro, se anticipa el conflicto entre Abel y Caín (p. 73):

-Nada, chico, que espero hacerte un retrato estupendo.

-¿A mí? ¡Será a ella!

-No, el retrato será para ti, aunque de ella.

-Bien, será para los dos. Quién sabe… Acaso él os una.


Helena es objeto de deseo de ambos y aunque Abel pretende que su cuadro una a Joaquín con Helena es él quien se casa con ella. La autoría del cuadro es lo que le vale la conquista amorosa.

El otro modo con el que Joaquín trata de imponerse es dar a su nieto su nombre y borrar el apellido de Abel: «Joaquín- se decía éste, Joaquín, sí como yo, y luego será Joaquín S. Monegro y hasta borrará la ese, la ese a que se te reducirá ese odioso Sánchez, y desaparecerá su nombre, el de su hijo, el de su linaje quedará anegado en el mío… (p. 167) ». Tanto en el caso de las memorias como en la elección del nombre del nieto, igual que ocurre en La Biblia, la palabra tiene un gran poder, o dicho por Meiser Eckhart en el Comentario al Prólogo de San Juan: «y glosando el primer verso: “In principio erat Verbum”, proclama cómo el acto generador de Dios a partir de su propia Razón, o Logos, pro-yecta el alma de la divinidad en lenguaje creador a todas las obras del tiempo, incluida el alma del hombre (En García Galiano)». Joaquín fantasea que sus memorias le otorgarán una capacidad creadora. Pretende que se perpetúe en las mentes de sus lectores la pasión que la injusticia de la vida le ha provocado.


5. Conclusión

Las novelas de Unamuno y Hesse son dos tratamientos del mito de Abel y Caín que coinciden en el ensalzamiento heroico de Caín frente a Abel. Pero el conflicto en Unamuno consiste en una injusticia que se viene repitiendo en lo que el autor denominaría la intrahistoria, y, en cambio, Hesse aprovecha el motivo para escribir un Bildungsroman en que un individuo se encuentra a sí mismo y se libera de los prejuicios que atenazan a la sociedad. Ante una situación injusta, Joaquín será incapaz de superarla, mientras que Sinclair se abrirá al mundo como el pájaro saliendo del cascarón. La historia de Joaquín es el relato de una agonía, mientras que la de Sinclair se trata de su autosuperación. Y sin embargo, tanto Joaquín como Sinclair son héroes porque se enfrentan a la realidad en toda su complejidad. Simplemente queremos señalar cómo la diferente interpretación que hacen los autores respecto al poder que tiene el protagonista para salir de una situación injusta condiciona la estructura de toda la novela.


6. Bibliografía

De Unamuno, Miguel. Abel Sánchez. Madrid: Alianza. 2001.

García Galiano, Ángel. La sabiduría de dios escondida: el “otro renacimiento”. En Sergio Callau Gonzalvo (Coord). Culturas mágicas: magia y simbolismo en la literatura y la cultura hispánicas. Zaragoza: Prames. 2007. Pp. 164-181.

Hesse, Herman. Demian. Madrid: Alianza. 2003.

Horowitz, Renee Barbara. Biblical archetypes in the novels of Unamuno and Hesse. Dissertation Information Service, Ann Arbor, Michigan: UMI. 1974.

Round, Nicholas G. Unamuno “Abel Sanchez”. Londres: Grant and Cutler Ltd. 1974.

Vilella, Eduard. Beatrice de Hermann Hesse. Cuadernos de Filología Italiana. 2007. Vol. 14, 231-242.

VV. AA. Vox diccionario latino español- español latino. Barcelona: Bibliograf.
S. A. 1987.
He colgado un resumen en Powerpoint en el siguiente enlace: Los dos hombres