jueves, 6 de enero de 2011

Consejos del Más Allá. El paso de los héroes por el Hades en la Odisea y en la Eneida

Las puertas de los enanos no fueron hechas para ser vistas,
cuando están cerradas- dijo Gimli-. Son invisibles.

Tolkien. El Señor de los anillos.





El ser humano necesita representarse todos los aspectos de la realidad e incluso las experiencias que trascienden a la vida. En este sentido, la imagen que tenemos de la existencia después de la muerte es fruto de la tradición artística. En este trabajo se analiza la Odisea y la Eneida como representantes de la concepción acerca de la muerte en el mundo griego y el romano, respectivamente; y se establecen las similitudes y diferencias entre ambas a nivel textual.

Ulises y Eneas son viajeros que en un determinado momento de su periplo se ven urgidos a descender al Hades para recibir consejos que les permitan dar fin a sus respectivas aventuras. No obstante, las circunstancias que rodean a este hecho, el modo en el que acceden al Hades, cómo está descrito este lugar y qué clase de consejos reciben es diferente.



Ulises, tras varias aventuras, recala en la isla de Circe pero, pasado un tiempo, sus compañeros le instan a retomar el viaje. Ulises está de acuerdo y traslada este deseo a Circe, la que le comunica que para poder regresar a su casa es preciso ir a la mansión de Hades para pedir consejo a Tiresias. Ulises recibe la noticia con tristeza y el pesar de que no tienen quien les guíe hasta allí. Sin embargo, Circe le dice que el Bóreas los llevará. Como se ve Ulises va al Hades en contra de su voluntad, pero le es facilitado el acceso. En cambio, Eneas, cuando llega a Cumas, ya en tierras itálicas, se dirige a la acrópolis que preside Apolo y pide a la Sibila que le deje ir al reino de los muertos para hablar con su padre, quien compartió hasta su muerte con el héroe el periplo a la tierra prometida. La Sibila se lo desaconseja [«Con que si tan grande es tu amor, si tan grande el deseo de tu espíritu de navegar dos veces por la laguna estigia, de ver dos veces el negro Tártaro y es tu gusto meterte en un trabajo insensato… (p. 197)], pero accede a su ruego y le acompaña. Esto tiene lugar cuando Eneas ya ha llegado a Italia, pero le rebela el brillante futuro de su estirpe, que llegará a regir la poderosa Roma. Los héroes de las obras que estamos tratando afrontan la tarea con diferentes actitudes: mientras que Ulises sólo desea regresar a Ítaca, Eneas pretende cumplir su destino y para ello necesita conocer, ya sin errar en la interpretación de los vaticinios, qué es lo que le espera cumplir a él y a su descendencia. Aunque tiene un destino que cumplir no son los dioses quienes le piden que vaya a ver a su padre. De modo que si para Ulises el paso por el Hades es una imposición divina, en el caso de Eneas responde a su voluntad.

Señala Máximo Brioso que «…en el caso del acceso de Odiseo […] éste apenas puede decirse que penetre, y menos aun que descienda al Hades, ya que son los muertos los que acuden a él, a la llamada… (p. 17)». Ulises no se adentra y, por tanto, «el viaje al Hades […] no es estrictamente un descensus ad infero, sino una arribada a sus umbrales (p. 29)». Ulises va a un punto donde confluyen dos ríos y allí espera a que los muertos se presenten ante él. Lo único que tiene que hacer es dejar que Tiresias sea el primero en beber la sangre del sacrificio que acaba de realizar: «…en Grecia al menos tal consulta no suele estar acompañada de una real penetración en la morada de los muertos, sino que implica meramente el acceso a un lugar donde el difunto, surgido momentáneamente del Hades, responde a determinada cuestión (p. 30)». Si en la Odisea no hay propiamente movimiento subterráneo, en la Eneida sí que el héroe se adentra, aunque tampoco se pone de relieve el descenso a lo largo del camino. Pero Eneas, a diferencia de Ulises, dispone de la guía de la Sibila que le lleva por las distintas partes del inframundo.
En toda historia acerca del Más Allá es preciso que entre el mundo de los vivos y el de los muertos haya algún tipo de barrera: «El acceso mismo, rodeado de un aura siniestra, puede estar representado por la entrada de una caverna, una vía fluvial, etc., es decir una frontera (p. 24)». En la Odisea para llegar hasta el Hades los marineros tienen que cambiar el conocido mar por el ignoto Océano. Brioso (p. 26 ss.) explica el significado que tiene el Océano dentro de la visión del mundo griego. Una de las posibles interpretaciones se refiere a que para ellos constituía el final del mundo y, por tanto, un lugar propicio para que residiera el Más Allá. En la Eneida el acceso se produce a través de una gruta.

El entorno que describe Virgilio con respecto a Homero es más rico en detalles y complejo. La Odisea destina más espacio a situar el lugar en una geografía mítica. La ciudad de los cimerios por la que pasan se caracteriza por estar en una noche perpetua y, en este caso sí, se da un descensus o ubicación subterránea (p. 29)». En el trabajo de Brioso se recoge la polémica acerca de si los cimerios se localizan efectivamente en alguna profundidad o si la oscuridad se debe a que están en el extremo del mundo. En la Eneida mientras su protagonista se acerca a reunirse con la Sibila contempla una serie de imágenes relacionadas don Minos. Este personaje que fue rey de Troya más adelante aparece como juez en el Hades. Se puede considerar que tanto en vida como en muerte simboliza la ley, que, como veremos, es de gran importancia en la Eneida. El tránsito por el inframundo, a diferencia del homérico, ofrece visiones terribles. Empieza por las imágenes mencionadas que, en muchos casos, se refieren a historias de gran brutalidad y continua con distintos lugares del inframundo que inspiran temor. En el vestíbulo se encuentran deificaciones de los males humanos; Caronte tiene un aspecto tétrico; y se incide en el sufrimiento de aquellos que han sido destinados a lugares ingratos, especialmente el de los que están en el Tártaro custodiado por una de las Furias. Éste y otros personajes como Minos están puestos para someter a los muertos. Esto contrasta con la idílica vida en los Bosques Afortunados. En la Odisea en cambio hay pocos seres malignos y además no están destinados a hacer daño a los muertos, sino a perseguir a los vivos en el caso de las Erinias y a guardar a los muertos en el del Cerbero. Brioso argumenta que por estos motivos la muerte no se muestra tan oprimente en el texto homérico. Por otro lado, en Homero apenas si se diferencian distintos lugares dentro del Hades y, a cambio, está más desarrollado el diálogo.

Las obras que estamos tratando responden a mundos ideológicos diferentes. Brioso establece un proceso de desarrollo desde los albores griegos, a los que pertenece en gran mediada la Odisea, y el posterior desarrollo helénico y romano. En este marco, la obra de Homero representa un tiempo en que la aún en la representación del Hades no hay elementos éticos: «…no existe en el destino en el Más Allá una distinción entre justos e injustos, entre malvados y virtuosos […] Allí la excelente madre de Odiseo y la odiosa Erifile… (p. 41)». En esto se diferencia de la Eneida, en la que el que el inframundo está parcelado y los individuos son asignados a un determinado lugar en función de la vida y manera de morir que hayan tenido. Del mismo modo observemos cómo se describe a Minos en ambas obras:

En la Odisea: «Empuñando el áureo cetro, ocupaba su trono para administrar justicia a los difuntos (p. 240)».

En la Eneida: «Minos, el juez, mueve la urna, él convoca al asamblea de los silenciosos y entiende en lo que atañe a sus vidas y a sus cargos (p. 208)».

En el primer caso Minos simplemente hace justicia en las querellas que surjan entre los muertos, mientras que en la Eneida tiene más poder y competencias: mueve la urna sugiere que es quién decide los destinos de los seres humanos, convoca y dispone acerca de estos.

Sin embargo, el héroe en ambas obras experimenta una serie de eventos comunes. Tanto Ulises como Eneas, al disponerse a comenzar su camino, reciben la noticia de que un compañero yace sin sepultura y deben dársela antes de nada. En el caso de la Odisea es Elpénor y en el de la Eneida es Miseno y, aunque en este caso no es enterrado por el héroe, también Palinuro. Por otro lado salen al paso del héroe diversos personajes y entre todos ellos aquél apela a uno a que le escuche, pero éste le guarda rencor y no le hace caso. En la Odisea ese personaje es Ayax que continúa odiando a Ulises porque le arrebató las armas de Aquiles, y en la Eneida es Didó, que fue abandonada y ahora se haya reunida con su marido Siqueo. Por último, el héroe experimenta angustia cuando trata y no puede abrazar a su progenitor (Anticlea en el caso de Ulises y Anquises en el de Eneas) porque como muertos que son han perdido su condición física: «Pero son […] como sombras de lo que fueron, y se les describe con términos como “imágenes”, o con símiles como “humo” o “sueño” (p. 39)». Estos ejemplos muestran la influencia de Homero sobre Virgilio.

Para terminar, respecto del tipo de consejos que reciben los héroes diremos que Tiresias proporciona avisos a Ulises de cómo debe comportarse si quiere regresar a Ítaca y qué castigos recibirá en caso de ir en contra de lo dicho; mientras que a Eneas primero la Sibila, en nombre de los dioses, le insta a seguir adelante en su destino; y después Anquises le rebela la magnificencia del futuro de los troyanos.

En este trabajo se ha pretendido extraer algunos aspectos de la caracterización que hacen Homero y Virgilio en sus obras épicas respecto del Hades. Los pasos que el héroe debe seguir son parecidos aunque se han señalado tanto diferencias ideológicas como narrativas que distinguen ambos textos.


Referencias

Brioso Sánchez, Máximo. El concepto del más allá entre los griegos. En Pedro m. Piñero Ramírez (ed.). Descensus ad inferos. La aventura de ultratumba de los héroes (de Homero a Goethe). Sevilla: Universidad de Sevilla. 1995.

Homero. La Odisea. Madrid: Biblioteca Edaf. 2001.

Virgilio. La Eneida. Barcelona: Círculo de lectores. 1981.