viernes, 30 de noviembre de 2012

García, Martín ¿Qué ocurriría si…?



… well I don’t know if all that’s true ’cause you got me, and baby I got you… babe… I got you babe… Ulises apaga el despertador. Menos mal, tres segundos más y Gloria le hubiese gritado que está harta de despertarse todos los días con esa canción. Nadie quiere empezar el día con una discusión.
Por suerte no se ha despertado, y ahora sigue durmiendo. Al ponerse en pie evita pisar los platos que están tirados en el suelo de la habitación, al lado de su mesilla de noche. Son los restos de la cena de la noche anterior que le dio demasiada pereza recoger y que, sin ninguna duda, Gloria recogerá en cuanto se despierte. Todavía tatareando los compases de “I got you babe – Sonny & Cher” se mete en la ducha y empieza a enjabonarse. Ayer se le olvidó comprar champú… tendrá que utilizar el de Gloria. Lo gasta. Esto no le hará ninguna gracia a ella, y lo sabe. Hoy se pondrá la corbata roja que tanto gusta en su oficina. Y la americana azul. Parece que con tanto bailoteo se ha entretenido un poco y se va a retrasar. Si sigue así no podrá ir en metro a la oficina como le había prometido a Gloria. Ella lleva varios días repitiéndole que necesita el coche para llevar “no sé qué alumnos de su escuela que han cultivado las flores que el Jardín Botánico lleva en el maletero”. No le gusta tener que ir en metro a la oficina. Molesto con esta situación, Ulises no recuerda que Gloria odia no poder desayunar café y él se acaba de tomar la última taza que quedaba. Esta noche habrá bronca sin ninguna duda. Ulises coge las llaves de casa y camina hacia el metro.
Pero… ¿qué hubiera ocurrido si Ulises hubiese tardado tres segundos más en apagar el despertador? Lo más seguro es que Gloria hubiese despertado y así comenzado una discusión por la música del despertador. En realidad Gloria es una gran fan de Sonny & Cher, pero no aguanta que Ulises no pueda ceder nunca. Siempre tienen que hacer lo que él desee sin tener en cuenta sus intereses. Realmente la música del despertador es tan sólo una muestra más del declive en el que se encuentra su relación. Ella piensa que Ulises vive estancado en la niñez. Más que como a una novia la considera como una madre esclava que está a su servicio. Limpiar, hacer la compra, cocinar, los recados… últimamente parece que él siempre va por delante. Esta pequeña discusión probablemente haría que él, acalorado por el enfrentamiento, se levante de la cama sin darse cuenta de que en el suelo están los restos de la cena que le dio demasiada pereza recoger la noche anterior y que provocarán su caída al suelo golpeándose los riñones contra la mesita de noche. Tras minutos de quejas, lamentos y reproches, con toda seguridad iría retrasado. Rápidamente se pondría su camisa blanca, su americana azul y, sin haber desayunado ni una taza de café, iría en coche al trabajo. 
Lo que Ulises no sabría es que habría dejado en casa a una Gloria malhumorada y reflexiva. Ella lleva semanas mandándole señales, intentándole hacer ver que esta relación no es sólo cosa de él. Existen los dos, y ya es hora de que le dedique algo de importancia a ella también. Rumiando estas ideas y proponiéndose hablar con él esa misma noche, Gloria se prepararía para empezar el día. Ducha, ropa, café, llaves de casa, llaves del coch… no se lo podría creer. Después de días y días recordándoselo no se creería que Ulises haya cogido el coche para ir al trabajo. Ella lo necesitaba hoy porque en el maletero están los 24 ramilletes de flores, uno por cada alumno de su clase, que trasplantarían esta tarde en una excursión al Jardín Botánico. Sus alumnos las llevan cultivando semanas y esperaban ansiosos este día. Pero no habría flores para el Jardín Botánico. No habría flores porque una vez más Ulises habría decidido no escucharla y anularla totalmente pensando sólo en su propio interés. Triste, apenada, enfurecida y rota, Gloria iría en metro al colegio a decirle a sus alumnos que no podrían trasplantar sus flores en la excursión de esta tarde. Esta noche hablaría con él.

Pero, todo esto es hipotético. No olvidemos que Ulises sí ha apagado el despertador antes de que Gloria despertara, no ha pisado los platos con los restos de la cena de la noche anterior que le dio demasiada pereza recoger y que probablemente ya no estén en el suelo porque Gloria los haya limpiado, sí ha acabado el bote de champú, sí se ha puesto la corbata roja que tanto gusta en su oficina, sí se ha tomado la última taza de café y no ha ido en coche al trabajo.
Después de este inicio de día, Ulises disfruta de una maravillosa jornada laboral de 9 horas en la que, tras una excelente presentación en la que comparaba  “El creciente número de bazares regentados por vendedores asiáticos frente al de latinoamericanos en la Europa actual y el impacto que tiene en sus comercios”, goza de un apasionado revolcón con Emilia, su atractiva secretaria que no ha podido resistirse a sus encantos y a su preciosa corbata roja que tanto gusta en su oficina. Ulises se golpea la espalda cuando Emilia, en un arrebato de pasión, le empuja hasta el lavabo del cuarto de baño de la oficina propinándole un golpe en los riñones. En este momento, Emilia se da cuenta de la carrera que tiene en las medias, y las guarda en el bolsillo derecho de la americana azul de Ulises, sin saber que 4 horas más tarde Gloria las encontrará. De camino a casa, Ulises compra un ramillete de flores en un bazar latinoamericano que está a la salida del metro. Cree que calmará los humos a Gloria. No sabe la que le viene encima. Gloria le espera sentada en el salón.
Por otro lado, Gloria no tiene un día tan exitoso como el de su novio dado que Ulises dejó ayer puesta la calefacción del coche y los 24 ramilletes de flores que están en el maletero se han secado y han muerto. No hay flores para el Jardín Botánico. Así que ya en el colegio les dice a sus alumnos que no podrán trasplantar sus flores en la excursión de esta tarde. Por otro lado, sigue enfadada con Ulises. En tan sólo una mañana, y sin haberle visto si quiera, ya la había fastidiado, demostrando lo poco que le importa ella. Para empezar, había tenido que recoger los platos que estaban tirados en el suelo de la habitación con los restos de la cena de la noche anterior que a Ulises le había dado demasiada pereza recoger, luego había descubierto que Ulises había decidido gastar todo su champú y, no contento, también se había terminado todo el café.  Por no hablar del “descuido” que había tenido dejando la calefacción del coche puesta, aun “sabiendo” lo que estaba en el maletero. ¿Quién deja la calefacción del coche puesta una noche entera? Parece que lo había hecho a posta. Esta noche hablaría con él.

Pero… ¿qué hubiera ocurrido si Ulises no hubiese apagado el despertador hasta tres segundos más tarde, si hubiese discutido con Gloria, si se hubiese golpeado en los riñones con la mesilla de noche al pisar los restos de la cena que le dio demasiada pereza recoger la noche anterior y que están en el suelo, si se hubiese retrasado, si no se hubiese puesto la corbata roja que tanto gusta en la oficina, si no hubiese desayunado ni una taza de café y si hubiese cogido el coche para ir al trabajo con los 24 ramilletes de flores en el maletero?

En ese caso lo más probable es que Ulises, todavía enfadado con Gloria por su discusión matutina y dirigiéndose al trabajo, habría visto a Emilia, su atractiva secretaria, caminando por la calle camino a la oficina. Sería en el momento en que él la invitase a llevarla en coche cuando ambos se darían cuenta de la carrera que tendría Emilia en sus medias. Esta agradable e inocente charla les llevaría, sin ninguna duda, a un divertido revolcón (con mucho cuidado por el dolor de riñones que todavía tendría Ulises por entonces) que daría por finalizado cuando Emilia guardase sus medias en el bolsillo derecho de la americana azul de Ulises. Sin saber que Gloria las encontraría unas horas más tarde. El resto del día sería todo un éxito para Ulises en su presentación “El creciente número de bazares regentados por vendedores asiáticos frente al de latinoamericanos en la Europa actual y el impacto que tiene en sus comercios”. De camino a casa, Ulises compraría un ramillete de flores en un bazar asiático que está al lado de su aparcamiento. Creería que calmaría los humos a Gloria. No sabría la que le vendría encima. Gloria le esperaría sentada en el salón.

El resto nos lo imaginamos. Gloria tiene intención de hablar con Ulises, pero al verle con un ramillete de flores lo interpreta como una burla dado que él ha sido el culpable de que los ramilletes de sus alumnos se hayan estropeado. Él, por supuesto, no sabe de lo que habla porque no recuerda nada sobre unos ramilletes en el maletero de su coche. Gloria, enfurecida por su falta de atención, va a buscar las llaves del coche pero en su lugar encuentra las medias rotas de la atractiva secretaria de Ulises. Esto supone el culmen en su discusión y acaba rompiendo con él. 

La única diferencia entre el desenlace de una historia u otra es el impacto que pueda tener en los comercios el hecho de que Ulises haya comprado un ramillete de flores en un bazar asiático o en uno latinoamericano. Pero no lo consideramos tan relevante. 


Imagen tomada de:awesomemyspacecomments.com