lunes, 2 de mayo de 2011

Presciado, Alba. El hombre de madera..

Juan era un hombre como otro cualquiera, o eso le gustaba pensar a él, aunque en realidad era un hombre extraordinario. Vivía en una pequeña aldea cercana a los Picos de Europa y era extraordinario porque era de madera, si como suena, de madera maciza, concretamente de madera de cerezo una madera muy bonita.
Juan recordaba desde siempre el haber sido de madera pero nadie sabe bien por qué, sus padres le llevaron a muchos médicos y sus amigos le fastidiaban siempre diciéndole que era rarito y le chinchaban llamándole “homo maderus”. Juan que era muy bueno no hacía caso de lo que decían los demás de él e ignoraba a los críos que a veces se acercaban a él con mecheros y le amenazaban con quemarle si no jugaba con ellos. La única pena que tenía Juan era que no había una mujer de madera para él y ninguna mujer de carne y hueso quería nada con él ya que era de madera y solo le utilizaban las lavanderas para que fuera a por la ropa cuando alguna prenda se les escapaba por el río ya que flotaba y le era muy fácil alcanzarlas.
Una hermosa mañana Juan salió de su casa y como siempre un pájaro carpintero intentó taladrarle la cabeza para hacer su nido, Juan le espantó moviéndose y se fue a lavarse al río allí encontró a una chica bastante guapa y la saludó está en vez de asustarse como hacían todas las desconocidas se acercó a él y se puso a charlar. Pronto Juan descubrió que ella también era de madera y se sintió muy alegre al descubrir que no estaba solo, que en el mundo había más gente como él. Su relación con ella fue mejorando hasta llegar al punto de que se casaron y tuvieron pequeños niños de madera, su mujer le pintaba de bonitos colores y le barnizaba al igual que a sus hijos.