miércoles, 4 de mayo de 2011

Bermejo, Sara. El hospital que marcó mi vida.

Mi primer día de trabajo tenía toda la pinta de que iba a ser un rollo pero no fue así. Todo dio un cambio radical desde aquel día, fue como si de repente no pudiera dejar de ir al hospital.
Me estaba poniendo la bata de enfermera cuando mi jefa, una mujer cuarentona y con aspecto de amargada me gritó que tenía que ir a la habitación 332 para atender a Fran, un chico de 18 años que había salido de un coma por haber consumido una especie de drogas. Iba dos o tres veces al día para llevarle la comida o para ver si necesitaba algo.
Un día le iba a llevar la comida y por el pasillo me encontré a su madre.
-Buenos días Elena, ¿qué tiene mi hijo para comer hoy? –me preguntó.
-Pues… no lo he visto pero creo que tiene puré de verduras, un filete a la plancha y macedonia de frutas.
-Espero que sea todo de buena calidad porque llevo 18 años alimentando a mi hijo con lo mejor y no quiero que ahora que lleva dos semanas en el hospital adelgace o se ponga malo porque no se alimenta bien.
-Descuide señora, aquí intentamos siempre darle lo mejor a su hijo –contesté.
Cuando fui a recoger la bandeja de su habitación, Fran estaba viendo una película, “Recuérdame”, mi película favorita. Le pregunté si me podía quedar viéndola con él y me dijo que por supuesto. Al final de la película acabamos los dos llorando de tristeza y ese día me fui a casa feliz, recordando los comentarios que él iba haciendo durante la película.
Como todos los días, fui a la habitación de Fran a llevarle el desayuno, cuando abrí la puerta la cama estaba vacía y pensé que le habían dado el alta, pero no era así. Mi jefa no tardó en comunicarme que Fran había muerto. No me lo podía creer, no quería creérmelo. Fui corriendo a un quirófano vacío y allí me encerré. Lloré mientras recordaba todos los momentos buenos que pasé junto a él, aunque fueran mientras trabajaba.
Trascurrieron dos meses sin Fran y yo me quedé sin alegría, no sonreía, no hablaba, no comía, solo recordaba y lloraba. Un día, no pude más, me encerré en el baño… y me fui con Fran.
Definitivamente, antes de terminar desangrada en el cuarto de baño pensé que el hospital en el que trabajaba me cambió la vida.