martes, 12 de abril de 2011

Borges y su relación con la literatura fantástica

En el Máster de Estudios literarios, tuvimos la ocasión de contar con el profesor Dieter Ingenschay, que presentó una ponencia llamada «Borges y su relación con la literatura fantástica». Ingenschay dio primero algunas notas sobre la obra de Borges. En los años 20 Borges publicó «Fervor de Buenos Aires», que sigue el paradigma del ultraista. En 1979 recibe el premio Cervantes. Algunas de sus obras son: «El Aleph» (1949), «El hacedor» (1960), «El informe Brodie» (1970) y «El libro de Arena» (1975). Carlos Argentino Daneri escribe un poema que se repite la palabra canto, que podría ser un guiño al «Canto general» de Neruda (158). Carlos Argentino dice poseer un Aleph: «el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares… (166)». El narrador tiene a Carlos Argentino por un loco, hasta que ocurre lo siguiente: Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph (168). En este momento se produce la ruptura fantástica. El narrador es, como Carlos Daneri, escritor y ambos necesitan del Aleph para escribir sobre el mundo. En muchas ocasiones la aparición del elemento fantástico representa una amenaza para el narrador, pero no en este caso, sino más bien una discusión filosófica (la incapacidad del poeta para captar la realidad en todos sus detalles y el inevitable olvido), intertextual (Beatriz podría ser Beatrice y Daneri podría ser Dante) y metaliterario.

Antonio Pineda Cachero en un artículo recoge que Lovecraft ya señaló que la literatura preternatural se alimenta de la creencia en mundos y dimensiones que violan el orden científico-natural. También se dio cuenta que «el género fantástico y el horror se alimentarían notablemente en el futuro gracias a los nuevos descubrimientos científicos de las primeras décadas del s. XX.». La literatura del s. XX abandona los axiomas inamovibles para abrirse a una realidad más compleja. Posseur se refiere a la literatura de Joyce como campo de posibilidad: «compleja interacción de fuerzas, unas constelación de acontecimientos, un dinamismo de estructura (Humberto Eco, citado en Alazraki: 1983: 30)))». Alazraki defiende que en el s. XX los autores se encuadran en la neofantasía, que supone una apertura de la lógica realista, y en Kafka, Cortázar y Borges encontramos relatos que quedan abiertos a múltiples lecturas.

María Luján en «El Aleph y la hiperrealidad mística» (revista Espéculo) señala que se el cuento muestra una situación de simulacrum. Los personajes no descubren la realidad, sino que se encuentran ante espejos. Según de Alfonso de Toro las obras de Borges son antifantásticas. Borges no tiene como referente una realidad, sino modelos autosuficientes, concepciones del mundo. Borges no concibe una realidad, sino teorías sobre la realidad. Lo fantástico produce una ruptura en la realidad. Pero en Borges no hay realidad que romper.

Referencia

Borges, Jorge Luis. El Aleph. Madrid: Alianza. 1987.