martes, 25 de enero de 2011

El arte en la vida. Poéticas presentes en El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y Orlando de Virginia Woolf

Y mientras (me acuerdo de su cara al contármelo)
jadeaba de sorpresa y maravilla,
el director alzó la batuta y un estrépito inconmensurable
arrolló la platea so pretexto de una marcha militar.

Cortázar. La banda.



Las obras literarias que relacionan el arte y la vida son abundantes a lo largo del s. XIX (Dickson, p. 7) y también del s. XX. El arte forma parte de la vida del ser humano y la enriquece, por lo que las relaciones entre la creación artística y la vida no son exclusivas de una época, sino inherentes al ser humano. Tomamos El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde y Orlando de Virginia Woolf, para comparar las reflexiones que hacen sobre la creación artística. Estas obras están dentro de la literatura inglesa y son próximas respecto al momento artístico en que surgen. Veremos cómo se hacen eco de la complejidad de cada individuo, tan propia de la modernidad estética. Entre la publicación de El retrato de Dorian Gray (1890) y la de Orlando (1928) hay un lapso importante de años. Sin embargo, Gillespie señala que, en ciertos aspectos, El retrato de Dorian Gray anticipa el Modernismo (pp. 13-14), al que pertenece Virginia Woolf. No obstante, no vamos a centrarnos tanto en comparar los modelos de los que parten ambas obras, como la visión que dan del ser humano como creador y para qué le sirve el arte.

En El retrato de Dorian Gray y en Orlando corren paralelas las vidas de sus protagonistas con el arte. Éste refleja la condición humana: «As Wilde writes in “The Critic as Artist,” by looking within, the artist creates “a mirror that mirrors the soul” (Dickson, p. 6)». Wilde y Woolf caracterizan a sus protagonistas de acuerdo a una visión moderna acerca del ser humano: cada individuo es inmensamente complejo y su personalidad tiene múltiples facetas, algunas de ellas desconocidas para el mismo individuo. Dorian Gray y Orlando son particularmente complejos porque, además, viven entre la Realidad y el arte. Dorian Gray sirve de modelo para un cuadro. Su imagen queda atrapada en la obra de Basil. Orlando, en cambio, no es modelo, sino artista, y, según Smith, vive al mismo tiempo dos vidas, la real y la literaria: «The image of Vita/Orlando as a ship runs throughout Orlando and signals a fundamental aspect of the text — its doubleness, its self-conscious awareness of the play between fiction and the real (p. 58)».

Dorian es un joven muy hermoso, del que Basil pinta un retrato igualmente hermoso. Tanto la vida de este joven, y probablemente la de cualquier persona, como la obra de arte comienzan siendo potencias: pueden ser destinadas para el bien o para el mal (Dickson, p. 6). En el caso de la novela de Wilde, el retrato se convierte en algo monstruoso que, si bien es el elemento central de la intriga, no nos interesa en este momento. Trataremos de extraer, tanto de El retrato de Dorian Gray como de Orlando, un modelo de creación literaria, que concebimos como una guía para el crecimiento personal. El arte debe enriquecer la vida de las personas, como lo hace Sybil, que espiritualiza a sus espectadores (Dickson, p. 6).

La obra de arte descubre una nueva visión de la Realidad, tal como dice Wilde en el prólogo de El retrato de Dorian Gray: «La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, completa y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo (p. 52)». El artista, como cualquier ser humano, tiene que reflexionar sobre la Realidad y, una vez la ha comprendido, está en condiciones de reflejar su belleza, tal como señala Wilde:

Considere el tema desde el punto de vista científico o metafísico, y verá que tengo razón. Decadencia: ¿qué es la Naturaleza? No es la madre que nos dio la luz: es creación nuestra. Despierta ella a la vida en nuestro cerebro. Las cosas existen porque las vemos, y lo que vemos y como lo vemos depende de las artes que han influido sobre nosotros. Mirar una cosa y verla son actos muy distintos. No se ve una cosa hasta que se ha comprendido su belleza (p. 75) ».

«Dorian Gray se subyuga al pincel de Basil para poder ver su belleza y alcanzar la eterna juventud… (García)». La imagen que tenemos de Dorian Gray es creada a través del arte de Basil y del hedonismo que Lord Henry le enseña (Gillespie, p. 16). El arte invade la vida de Dorian y, también, la de Orlando, aunque de un modo diferente. Orlando ve representada Otelo, la cual le transmite una serie de emociones, cada vez más fuertes; que convierte en un poema:

At last the play was ended. All had grown dark. The tears streamed down his face. Looking up into the sky there was nothing but blackness there too. Ruin and death, he thought, cover all. The life of man ends in the grave. Worms devour us.

Methinks it should be now a huge eclipse
Of sun and moon, and that the affrighted globe
Should yawn— (Chapter 2).


En ambas novelas, se describen obras de arte y se establece lo que Kalafernos define como «doble code». Tanto en Wilde como en Woolf los personajes describen obras de arte y exigen del lector que complete la naturaleza de las mismas (Kalafernos, p. 23). En El retrato de Dorian Gray se insinúan los cambios que experimenta el cuadro, pero, incluso cuando, finalmente, lo ve Basil, quedan abiertos a la representación que haga el lector de los mismos:

An exclamation of horror broke from Hallward’s lips as he saw in the dim light the hideous thing on the canvas leering at him. There was something in its expression that filled him with disgust and loathing. Good heavens! it was Dorian Gray’s own face that he was looking at! The horror, whatever it was, had not yet entirely marred that marvellous beauty. There was still some gold in the thinning hair and some scarlet on the sensual lips. The sodden eyes had kept something of the loveliness of their blue, the noble curves had not yet passed entirely away from chiselled nostrils and from plastic throat (p. 82).

Orlando está escribiendo The Oak, A poem durante más de 300 años. Se nos cuenta cómo evoluciona el estilo artístico de Orlando, pero apenas aparecen fragmentos transcritos. The Oak, A poem caracteriza tanto a su autor como a las diversas épocas en las que vive. El siguiente fragmento compara el cambio estilístico del poema, entre su primera redacción a finales del s. XVI, con la que hace Orlando siendo embajador, en el reinado de Carlos I:

His floridity was chastened; his abundance curbed; the age of prose was congealing those warm fountains. The very landscape outside was less stuck about with garlands and the briars themselves were less thorned and intricate. Perhaps the senses were a little duller and honey and cream less seductive to the palate. Also that the streets were better drained and the houses better lit had its effect upon the style, it cannot be doubted (Chapter 2).


El arte, según Wilde, no debe limitarse a capturar la Realidad, sino que debe realzar el misterio que hay dentro de ella: «The best art is for Wilde not the gross realism mirrored in the fiction of Zola; art should be “a veil, rather than a mirror” (Dickson p. 11)». Según Dickson, Basil fracasa como artista porque deja de ejercer como médium artístico. En el retrato que hace de Dorian no aporta su visión artística de lo que pinta, sino que reproduce de un modo burdo la imagen de su adorado modelo. En cambio, Wilde sí tiene un objetivo artístico: representar la complejidad y las contradicciones de los seres humanos. Para ello desarrolla personajes ambiguos. Mantiene el misterio de su relato e invita a que cada lector haga su interpretación: «Multiplicity within the discourse invites a similar pluralism in reactions to the work: readings that simultaneously present a variety of meanings and do not simply resolve reactions into a single response (Gillespie, p. 15) ». Virginia Woolf también aprovecha la ambiguedad de Orlando para reflexionar sobre la escritura y las diferencias entre géneros: «As a bisexual, ambiguously sexed being, Orlando allows Woolf to work through her feelings of ambivalence about creativity and the female body (Lokke, p. 240)».

En ambas novelas sus protagonistas hacen de sus vidas obras de arte. Lord Henry le enseña a Dorian a gozar de los placeres de la vida y a ser elegante. «Lukács asserts that “the specialised ‘virtuoso,’ the vendor of his objectified and reified faculties does not just become the [passive] observer of society; he also lapses into a contemplative attitude vis-à-vis the workings of his own objectified and reified faculties” (Glick, p. 149)». El mismo Wilde en Pluma, lápiz y veneno dice: «A menudo decía que vivir es un arte y que tiene sus diferentes estilos, como las artes que intentan expresar la vida (p. 76)». En la obra de Virginia Woolf, su protagonista y sus escritos evolucionan con el cambio histórico. Orlando empieza escribiendo prolijos versos cargados con personajes alegóricos, en la época isabelina; después, como se ha mencionado, su estilo se vuelve más mesurado en el reinado de Carlos I; y, con el romanticismo, vuelve a ser apasionado:

She had been a gloomy boy, in love with death, as boys are; and then she had been amorous and florid; and then she had been sprightly and satirical; and sometimes she had tried prose and sometimes she had tried drama. Yet through all these changes she had remained, she reflected, fundamentally the same. She had the same brooding meditative temper, the same love of animals and nature, the same passion for the country and the seasons (Chapter 5).

Dorian y Orlando se enfrentan a la complejidad de sus personalidades. Dorian es un personaje escindido: él se conserva joven, porque su aspecto representa la parte superficial de su personalidad; y proyecta su corrupción en el cuadro. Gillespie, en el artículo What’s in a name? , señala cómo cada personaje ve el cuadro de una manera diferente (p. 47). Dorian desconoce mucho de sí mismo y, además, es difícil determinar cómo es él realmente. El caso de Orlando es aún más complejo. No sólo cambia de sexo, sino que, como vive a lo largo de más de 300 años, su personalidad y su estilo al escribir se van transformando: «As a model of the human self, its sexuality and creativity, Orlando the modern has a very complex and self-contradictory subjectivity because s/he has memory traces of all her/his previous existences (Lokke, p. 236)».

La obra de arte es fruto de la persona que la realiza. Pone todo su ser en ella, tal como recoge Monsman, en un estudio comparativo entre Wilde y Pater, en que afirma lo siguiente: «the innate inclinations of the beholder, not art's intrinsic morality as such. But notwithstanding that Pater and Wilde both agree that art is the Platonic mirror of the beholder and that the transcendental vision of the mind (or lack thereof) determines art's influence (p. 26)». Basil, al pintar a Dorian, descubre un ideal transcendental en éste: «According to Socrates's explanation of the “divine madness” or “heroic frenzy”, Basil would exhibit his painting as an image of a god to be worshipped were he not afraid of being thought mad (p. 30)». Dorian representa la belleza platónica:

From the beautiful one, the lover's soul catches and reflects back a glimpse of primordial beauty, to which the beloved conforms himself. Because the proper object of love is always the primordial beauty within and behind earthly beauty, the true lover becomes a mirror in which the merely physical is reflected as spiritual, inspiring the beautiful one's idealizing “counterlove”. (p. 33).

De un modo simbólico, Wilde nos dice que el ser humano es lo que inspira el arte, porque hay algo especial dentro de él. Pero el autor debe olvidarse de sí mismo, tal como afirma Martínez:

Lord Henry se opone a la convencional identificación del discurso con el yo personal del autor y con la vocación de sinceridad de éste. Todo discurso interesante proporciona a la sociedad un elemento nuevo de debate, a partir del cual puede progresar No sólo no resulta imprescindible la identificación del autor con su discurso, sino que con frecuencia puede no ser deseable, pues el olvido del yo personal ensancha la creatividad (p. 167).

El autor necesita expresar algo acerca del ser humano. Esta es su misión y él, como individuo, no es demasiado importante. Woolf crea a su protagonista de acuerdo con esta idea. Orlando es artista y tiene su propia obra, pero representa a cualquier ser humano. Sus orígenes se remontan a cuando sus ancestros llegaron de Roma a las Islas Británicas; empieza siendo hombre y acaba como mujer; y ha vivido a lo largo de toda la historia moderna, desde el Renacimiento hasta el momento en que fue publicada la novela de Woolf, en el s. XX. Su vida es «representación de la condición humana (Vargas Llosa, p. 25)». Aunque no puede experimentar todas las épocas y situaciones (p. 136); vive las suficientes para que podamos considerar que representa al ser humano o, al menos, a buena parte de él. En cualquier caso, el autor como individuo queda en segundo lugar, en favor de The Oak tree, a poem: «It was composed with a regard to truth, to nature, to the dictates of the human heart (Chapter 6)». Se aproxima a lo que Borges descubre sobre los autores de Tlön: «No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo». La obra literaria no pertenece al individuo, sino a la humanidad.

El arte les sirve a Wilde y a Woolf para mejorar la Realidad. «In “The Soul of Man under Socialism,” Wilde suggests that in the future utopian society “personality” will be as much a work of art as any painting or statue: “A work of art is the unique result of a unique temperament. Its beauty comes from the fact that the author is what he is” (Gomel, p. 76)». Vivir y escribir son dos experiencias paralelas. El autor traslada sus experiencias a su escritura. Crece y ayuda a crecer a los demás, a través de sus obras (Sampedro, p. 17). Wilde y Woolf hicieron reflexionar a sus contemporáneos sobre las restricciones que la sociedad ponía a la libertad humana. Riquelme estudia la influencia de Pater en la obra de Wilde. Éste, tanto en el modo con que escribe El retrato de Dorian Gray como en la acción que tiene lugar dentro de la obra, invita a reflexionar:

Wilde simultaneously aestheticizes the Gothic and gothicizesthe aesthetic. The merger is possible, and inevitable, because of the tendency of Gothic writing to present a fantastic world of indulgence and boundary-crossing and the tendency of the aesthetic, in Pater, to press beyond conventional boundaries and to recognize terror within beauty. As an avatar of Narcissus, Dorian Gray embodies both tendencies in a poisonous, self-negating confluence signifying madness (p. 610).

Wilde declara en el prólogo de El retrato de Dorian Gray, que el éxito o fracaso de una obra de arte no depende de principios morales, sino de la habilidad artística con que esté escrita. Wilde se propone superar esta barrera social con su obra y, para ello, narra una historia con personajes que nos instan a pensar de un modo diferente y cuyas acciones pueden resultarnos censurables, pero son profundamente humanas. Dorian Gray se contempla a sí mismo por primera vez, verdaderamente, al ver su retrato. Teme envejecer y daría lo que fuese por no hacerlo:

“How sad it is!” murmured Dorian Gray, with his eyes still fixed upon his own portrait. “How sad it is! I shall grow old, and horrid, and dreadful. But this picture will remain always young. It will never be older than this particular day of June.... If it was only the other way! If it was I who were to be always young, and the picture that were to grow old! For this-for this-I would give everything! Yes, there is nothing in the whole world I would not give! (p. 19)

El deseo de Dorian se cumple, pero llega a tales extremos que, efectivamente, Dorian pierde todo, menos la juventud, y se envilece terriblemente. Pero, la grandeza de El retrato de Dorian Gray no reside en las consideraciones morales, sino en cuanto que consigue emocionarnos el drama de su protagonista.

Por otra parte, la Literatura sirve para denunciar injusticias sociales: «Virginia Woolf's Orlando (1928) stages the mobility of fantasy and desire; it is a narrative of boundary crossings—of time, space, gender, sex (Lawrence, p. 253)». La autora traslada a lenguaje literario sus reflexiones. Orlando, como representante del ser humano, está en disposición de reflexionar sobre la sociedad de un modo amplio: «…brings us to the crux of the relationship between gender, ethics, and aesthetics, asking us again to link our notions of ontology and ethics to reflective judgments of our specific experiences of the world (Berman p. 168)». Cuando regresa a Inglaterra, donde hay muchas que como mujer no puede hacer, gracias a que lee y escribe es capaz de juzgar la Realidad por sí misma y actuar con libertad, al menos hasta cierto punto (Froula, p. 398).

En conclusión, las obras artísticas cumplen muy diversas funciones en nuestras vidas. En El retrato de Dorian Gray y en Orlando tenemos dos ejemplos que reflejan la complejidad del ser humano y su estrecha relación con el arte. A medida que Dorian Gray se degrada como ser humano, se refleja esto en el cuadro y Orlando se va transformando según el Espíritu de la época, tanto en su manera de ser como en el modo que tiene de escribir. El retrato de Dorian Gray y Orlando enriquecen nuestra visión de la Realidad: realzan su misterio, reflexionan sobre ella y defienden el valor intrínseco del arte.








Referencias

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Froula, Christine. Virginia Woolf and War: Fiction, Reality, and Myth, and: Writing and Gender: Virginia Woolf's Writing practice. MFS Modern Fiction Studies, Volume 39, Number 2, 1993, pp. 397-399.

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Monsman, Gerald. The Platonic Eros of Walter Pater and Oscar Wilde: "Love's Reflected Image" in the 1890s. English Literature in Transition, 1880-1920, Volume 45, Number 1, 2002, pp. 26-45.

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