sábado, 4 de junio de 2011

El espacio de la degradación en La metamorfosis de Kafka

            En La metamorfosis (1915) de Kafka, Gregorio Samsa un día se levanta convetido en insecto. Este relato presenta a un hombre que ha perdido su apariencia humana y, a cambio, pasa a tener un aspecto animal. Gregorio Samsa entra en contacto con la alteridad por transformación. Él se convierte en algo no humano:

Cuando el hombre se ha enfrentado con la Naturaleza, y especialmente con los animales que la pueblan, se ha encontrado ante la poderosa presencia de lo otro […] el hombre ha experimentado también ante los animales una fascinación, de especial importancia cuando ha constatado que lo otro es semejante a él mismo, hecho que ha podido entonces llevarle a establecer con ellos un identificación (22).

            La transformación del protagonista da lugar a un cambio de su relación con el espacio. En los primeros momentos Gregorio tiene muchos problemas para moverse por su propia casa:

Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos (7).

            Al despertarse, descubre que su anatomía humana ha sido sustituida por otra anatomía muy extraña. Le lleva un tiempo dominar sus nuevas y numerosas patas. A su transformación física le sigue otra transformación psíquica. Incardona comenta lo siguiente:
…en La metamorfosis, el narrador que “viaja” junto al personaje cuenta desde la condición del insecto, se mete en sus necesidades, en sus gustos y dolores.
“Por la noche apenas conseguía soportar la inmovilidad, y la comida ya no le procuraba ningún placer. Y así, pues, para entretenerse, adoptó la costumbre de trepar por las paredes y el techo en todas direcciones. Sobre todo le gustaba quedarse arriba, en el cielo raso; era muy distinto que estar echado en el suelo; se respiraba con mayor libertad...” […][1]

De esta forma, la mirada cambia el sentido, o mejor dicho lo está haciendo, se pasea por la frontera del viaje, entre el hombre y el animal, entre el nombre y el sin nombre.

            La metamorfosis que sufre Gregorio hace que cambie su relación con el espacio. El nuevo aspecto de Gregorio provoca el rechazo por parte de sus familiares. Para evitar que le vean, Gregorio se encierra. Progresivamente, el espacio se va a volver cada vez más agobiante. Su madre no puede ni verle y, aunque al principio su hermana le cuida, poco a poco ambas le abandonan. Ellas se llevan las cosas de Gregorio y él intenta conservar algo aprovechando que ahora puede trepar por las paredes fácilmente:

Se arrastró apresuradamente hacia arriba y se apretó contra el cuadro, cuyo cristal lo sujetaba y le aliviaba el ardor de su vientre. Al menos este cuadro, que Gregorio tapaba ahora por completo, seguro que no se lo llevaba nadie (65).

            La transformación que sufre Gregorio repercute en cambios del personaje y su situación. En este sentido, los cambios que se producen respecto del espacio expresan la degradación del personaje. Gregorio pierde primero su condición de ser humano y, después, sus derechos como tal.
 

            Referencias

Del Canto Nieto, José Ramón. Las metamorfosis como género literario en la antigüedad clásica y en los relatos de Kafka. EPOS. XXIII. 2007. Pp. 21-38.

Incardona, Juan Diego. América y La metamorfosis: Dos viajes kafkianos a la frontera. Consultado en: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/viajesk.html

Kafka, Franz. La metamorfosis. Madrid: Alianza. 1980.



[1] Reproducimos el subrayado que emplea Incardona.