sábado, 2 de abril de 2011

García, Roberto. Su primera vez.

No me costó mucho convencerla, mejor así, ya que mis dotes Don Juanescas son realmente patéticas.


Me sentía triunfante, no era tarea fácil y yo lo había conseguido sin apenas decirle nada, o casi nada; creo que era la señal de que le gustaba. Las cosas se habían complicado un poco debido a su inexperiencia, pero la vi dispuesta y decidida a hacerlo conmigo.


Dicen que son ellas quienes eligen, yo, he de rendirme ante tal evidencia.


- ¿Estás bien? – pregunté.


- Un poco nerviosa – respondió – supongo que es lo normal la primera vez, ¿no?


- Si, es normal que lo estés, pero si no estás segura de querer hacerlo; lo dejamos para más adelante.


Hubo una pausa y aunque la quería con locura, el miedo a posponerlo me amargó el paladar. Decidido, me acerqué y la besé. Correspondió al beso y me sentí el más afortunado de los seres que habitan el universo.


- Vaya chasco te habrás llevado – dijo mirando al suelo


-. Tenias que haber elegido a otra con más; experiencia.


- De eso nada – respondí -, quería hacerlo contigo y es lo que haré, y si hace falta esperar; pues esperaré, eso se hacerlo muy bien.


- Quiero hacerlo y me apetece mucho, pero… me da miedo.


- ¿Confías en mí? – pregunté.


- Sí, confió en ti – respondió sin titubear. La cogí de la mano y la besé nuevamente. La miré a los ojos, asintió con un leve movimiento de cabeza y esa fue la señal para seguir adelante. Ya no había vuelta atrás.


La agarré fuerte, para que se sintiera segura mientras se calzaba los skis. Una vez listos nos deslizamos despacio por la pista. Fue su primer descenso. Fue una experiencia inolvidable.