miércoles, 20 de abril de 2011

19/4/2011 Heidelberg



Hoy estuvimos en Heidelberg, tal vez la única ciudad alemana que no fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial. Estuvimos en el castillo Heidelberger Schloss, una impresionante fortaleza, donde Coralina Soto, la heroína de La saga/fuga de J. B. fue retenida por el Príncipe Elector y sus ulanos. Esta ciudad tiene numerosos edificios nobiliarios y una importante universidad. Los edificios y las iglesias, entre ellas la de los Jesuitas, destacan por el contraste entre sus paredes impolutas y los adornos en oro. Igual que Frankfurt, tiene una hermosa rivera con abundancia de vegetación y casas pintorescas.

Podéis leer el itinerario que seguimos en el archivo elaborado por mi tía y mi prima: Martes 19. Heidelberg

Uno de los escritores más celebres de Heidelberg es Ernst Jünger, el cual escribió Eumeswil, una novela que reflexiona sobre la naturaleza del ser humano y del poder. Venator trabaja como camarero para el Condor, el poderoso tirano. Venator se define a sí mismo como anarca. Tanto el Condor como Venator cumplen las funciones que les corresponden. Son necesarios dentro de un orden social, pero el mismo sistema no les permite ser seres humanos auténticos: «Yo sirvo al Condor, que es un tirano- ésta es su función, como la mía es la de camarero. Los dos podemos replegarnos hasta las esencia misma: hasta lo humano, en su fondo todavía sin nombre (50)». Venator aprende historia de Vigo. Éste le explica que esta es fruto de la imaginación de los hombres: «… lo real sería sólo lo que no se puede inventar (23)». También aprende de Bruno el poder de la palabra escrita: «… para él la escritura es un espejo que capta el instante y lo vuelve a reproducir cuando se lo contempla de nuevo ¿Por qué, durante la marcha por el desierto, llevaban consigo los hebreo las tablas de la ley? (73)». Venator es un individuo individualista, que vive en un mundo donde a una dictadura le sigue otra y donde ya no hay valores, sino mitos alimentados por el gobierno: «La capacidad de configurar mitos es, en cambio, ahistórica, no está sometida a un origen y una evolución; repercute de una manera incalculable e imprevisible sobre la historia. No pertenece al tiempo, sino que lo crea (219)».


Citas tomadas de: Jünger, Ernst. Eumeswil. Barcelona: Seix Barral. 1981.

Imagen tomada de: www.gornahoor.net