martes, 29 de marzo de 2011

López, Guillermo. El Koala justiciero

Erase una vez, en un día como este un koala que luchaba en la ciudad de Stamford por el bien y la tranquilidad en la ciudad. Para lograrlo se ayudaba de un arma muy normal y común en las cocinas: una sartén.

Un día apareció en la ciudad un malvado ladrón que en apenas una semana robó todas las sartenes que había en la ciudad, debido a que de pequeño su madre le pegaba con la sartén cuando hacía algo mal. El ladrón se dio cuenta de que había robado todas excepto una, la más especial de todas, la del koala que había limpiado la ciudad de malhechores. Los demás ladrones le habían hablado de que el koala era un animal invencible, pero al ladrón le dio igual.

-Robaré la gran sartén sea como sea.- dijo el ladrón.

Tras decir eso se fue directamente al árbol de la plaza del ayuntamiento donde vivía el koala. El alcalde de Stamford había decidido que para avisar al koala en cada caso cuanto antes, había que ponerle la casa lo más cerca posible del ayuntamiento, por lo que le dio el árbol principal de la plaza.

-¡Sal de ahí koala!

-¿Qué quieres chaval?- dijo el koala.

-¡La sartén o la vida!- contestó el ladrón.

El koala se dio cuenta de que el ladrón era un flacucho y como única arma llevaba una navaja. También tenía a favor que el ladrón solía actuar de noche y no de día como lo estaba haciendo ya que el ladrón había subestimado al koala. De repente con un movimiento rápido y eficaz, el koala golpeó con un sartenazo en la cabeza al ladrón.

-¡Así aprenderá a meterse en sus asuntos! El koala tras haber conmocionado al ladrón lo cogió en brazos y lo llevó a las afueras de la ciudad. Lo empaquetó antes de que se despertase y lo metió en un barco con destino a Hawái para que el ladrón recapacitase cuando se despertara en Hawái.

FIN votar