lunes, 27 de junio de 2011

Marcha fúnebre por una marioneta


Este mes hemos decidido en Adictos a la escritura escribir un relato inspirado en una canción. Para ello he escogido Marcha fúnebre por una marioneta. La manera ideal de leer este cuento es hacerlo al tiempo que se escucha la canción contenida en el anterior link. A continuación transcribo el cuento que he escrito:

        
Poco después de que el juguetero apagase la luz comenzó el movimiento. Los G. I. Joe se descolgaron hasta la mesa donde reposaban los restos de Macario. Ese día un cliente descuidado había tropezado contra el estante donde estaba Macario y éste cayó al suelo descabezado. Con mucho sigilo el duende y la pizarra mágica se acercaron hasta la puerta. El duende debía vigilar si venía alguien y la pizarra avisar al resto con un letrero. No, el juguetero y su esposa se habían ido a dormir. Entonces salieron de sus cajas todos los juguetes para acompañar a Macario hasta el jardín.

Todos trataban de que Daisy no llorase porque podía despertar al juguetero, pero la comprendían. Siempre hacía como que no, mas había querido mucho a Macario. «¿Por qué no dejamos que el juguetero le arregle?», seguía preguntando Daisy. Eso no podía ser. Macario estaba harto de pasar los días en el estante. Hacía mucho tiempo que había pasado de moda y los clientes sólo paraban mientes en él para reírse de su narizota. En el cielo estaría mucho mejor. Allí los juguetes eran libres, no pertenecían a adultos pesados y nadie podía comprarlos como si fueran meros objetos. Allí podían jugar todo el día. Sin embargo, para que Macario pudiera ir al cielo tenían que asegurarse de que lo enterraban bien enterrado, porque si alguien lo encontraba tal vez trataría de recomponerlo y Macario volvería a estar en un estante o en una caja muerto de aburrimiento.

Caminaron pasillo adelante. La mayoría iban alegres y nerviosos porque llevaban a Macario a un lugar donde sería más feliz y porque nunca habían ido tan lejos. Macario les había dicho que cuando él muriese no debían estar tristes sino alegres, porque él había sido muy feliz y llega un momento en que los juguetes deben dejar espacio a las nuevas generaciones, sino se moriría la ilusión de los niños y eso era lo más importante. El deber de todo juguete es hacer felices a los niños, que son unos seres extraordinarios capaces de imaginar las aventuras de las que viven los juguetes.

Los dueños dormían cerca de la puerta del local para cuidar de que no les robasen. Se les oía resoplar. Los G. I. Joe se encaramaron hasta el pomo, pero por casualidad el gato pasó por delante de ellos, se asustó al verlos y derribó a cuantos juguetes estaban a su alcance. El juguetero se revolvió inquieto en la cama. No obstante, el muelle con gran rapidez atrapó las zarpas del gato entre sus arandelas y entre todos le amordazaron y, después, le encerraron en el sótano.

Los juguetes salieron al exterior con cautela, escarbaron el hoyo más profundo que les fue posible y se despidieron solemnes de su amigo. No dijeron ni una palabra. En cambio, el cerdo puso en su lecho una moneda de plata y Daisy hizo que le cortaran una coleta para dársela. Por último, cada uno regresó a su caja.